![]() |
| SI A LA PAZ |
Amar a Estados Unidos y marchar por la paz
Umberto Eco
El mal hace daño. No digo nada nuevo si recuerdo que
la finalidad principal de cualquier acción y movimiento terrorista es desestabilizar el
campo de aquellos a quienes ataca. Desestabilizar quiere decir poner nerviosos a los
demás, hacer que sean incapaces de reaccionar con calma, que sospechen unos de oros. Ni
el terrorismo de derechas ni el de izquierdas han conseguido, a fin de cuentas,
desestabilizar, por ejemplo, a Italia. Por eso han sido derrotados, por lo menos en su
primera y más temible ofensiva. Pero en el fondo, se trataba de fenómenos provincianos.
El terrorismo de Bin Laden (y en cualquier caso, de la
amplia franja fundamentalista que representa) es evidentemente mucho más hábil,
difuso y eficiente. Ha conseguido desestabilizar al mundo occidental, después del 11 de
septiembre, evocando antiguos fantasmas de lucha entre civilizaciones, guerras de
religión y choques entre continentes. Pero ahora está consiguiendo un resultado mucho
más satisfactorio: después de haber hecho más profunda la fractura entre el mundo
occidental y el tercer mundo, ahora está fomentando profundas fracturas en el interior
del propio mundo occidental.
Es inútil hacerse ilusiones: se están perfilando
conflictos (no bélicos, pero, desde luego, morales y psicológicos) entre Estados Unidos
y Europa, y una serie de fracturas en el interior de la propia Europa, cierto
antiamericanismo francés latente empieza a dejarse oír en voz más alta y (¿lo
habríamos imaginado alguna vez?) En Estados Unidos vuelve a esta de moda el apodo
comedores de ranas con el que antaño se designaba a los franceses.
Para mantener los nervios a raya habrá que recordar
ante todo que estas fracturas no enfrentan a los estadounidenses con los alemanes, a los
ingleses con los franceses. Al asistir a las protestas contra la guerra que están
surgiendo en ambas orillas del Atlántico, intentamos recordar que no es cierto que
todos los estadounidenses quieren la guerra y tampoco que todos los
italianos quieren la paz. La lógica formal nos enseña que basta con que un solo
habitante del globo odie a su madre para no poder decir todo los hombres quieren a
su madre. Sólo se puede decir algunos hombres quieren a su madre, y
algunos no quiere decir necesariamente pocos, también puede
querer decir el 99%.
Pero tampoco el 99% se traduce como todos,
sino como algunos, que precisamente quiere decir no todos. Hay pocos
casos en los que se puede usar el llamado cuantificador universal todos: con
seguridad, sólo para la afirmación todos los hombres son mortales, porque
hasta hoy, incluso los dos de los que se piensa que resucitaron, Jesús y Lázaro, en un
determinado momento dejaron de vivir y pasaron por el miedo de la muerte. Por lo tanto,
las fracturas no son entre los todos de una parte y los todos de la otra:: son siempre
entre algunas de las dos (o tres, o cuatro) partes. Parece una minucia, pero sin este tipo
de premisas se cae en el racismo.
En lo más vivo, y sangriento aunque todavía no
sangrante, de estas fracturas, se oyen cada día afirmaciones que se vuelven fatalmente
racistas, del tipo todos los que temen la guerra son aliados de Sadam, pero
también todos los que consideran indispensable el uso de la fuerza son nazis.
¿Intentamos razonar?
Hace unas semanas un crítico inglés hablaba, por
otra parte en un tono general favorable, de mi librito Cinco escritos morales, traducido
hace poco en su país. Pero cuando llegó a la página en que escribo que la guerra
debería convertirse en tabú universal, comentaba sarcásticamente: Que vaya a
decírselo a los supervivientes de Auschwitz. Quería decir que si todos hubieran
sentido horror por la guerra no se habría producidos ni siquiera la derrota de Hitler y
la salvación (desgraciadamente, sólo de algunos) de los judíos encerrados
en los campos de exterminio.
Ahora bien, esto me parece un razonamiento como
mínimo injusto. Yo puedo sostener (y de hecho sostengo) que el homicidio es un crimen
inadmisible y no me gustaría matar a nadie en mi vida, pero si un tipo armado con un
cuchillo entrara a mi casa y quisiera matarnos a mí o alguno de mis seres queridos,
haría lo posible por detenerlo rompiéndole una silla en la cabeza, y si quedara en el
sitio no sentiría el más mínimo remordimiento. De igual forma, la guerra es un crimen y
el culpable que desencadenó la guerra mundial se llamaba Hitler: si luego, una vez que la
desencadenó, los aliados se movilizaron y opusieron violencia a violencia, hicieron
naturalmente bien, por que se trataba de salvar al mundo de la barbarie. Eso no quita que
la Segunda Guerra Mundial haya sido algo atroz, que haya costado 55 millones de víctimas
y que habría sido mejor que Hitler no la hubiera desencadenado.
Una forma menos paradójica de objeción es ésta:
¿Por lo tanto, admites que estuvo bien que Estados Unidos interviniera militarmente
para salva a Europa e impedir que el nazismo erigiera campos de exterminio también en
Liverpool o Marsella?. Desde luego, respondo, hicieron bien, y para mí permanece
como un recuerdo imborrable la emoción con la que a los trece años fui al encuentro del
primer regimiento de liberadores estadounidenses (entre otras cosas, un regimiento de
negros) que llegaba a la pequeña ciudad adonde me habían evacuado. El cabo Joseph, que
me dio los primeros tebeos de Dick Tracy, se hizo pronto amigo mío. Pero a esta
objeción, después de mi respuesta, sigue otra: ¡Por lo tanto, los estadounidenses
hicieron bien en arrancar de raíz la naciente dictadura nazifacista!.
La verdad es que no sólo los estadounidenses, sino
tampoco los ingleses y los franceses, acabaron con las dos dictaduras cuando estaban
naciendo. Al fascismo intentaron contenerlo, amansarlo e incluso aceptarlo como
intermediario hasta principios de 1940 (con algún acto demostrativo, como las
sanciones, pero poco más), y al nazismo le dejaron expandirse durante algunos años.
Estados Unidos intervino después de que los japoneses atacaran Pearl Harbor y, entre
otras cosas, corremos el riesgo de olvidar que fueron Alemania e Italia, después de
Japón, quienes declararon la guerra a Estados Unidos, y no al contrario (sé que a los
más jóvenes esto les puede parecer una historia grotesca, pero ocurrió así.
Estados Unidos esperó para entrar en el conflicto, a
pesar de la tensión moral que le empujaba a hacerlo, por razones de prudencia, porque no
se sentía bastante preparado, e incluso que en su seno había simpatizantes (famosos)n
del nazismo, y Roosvelt tuvo que hilar muy fino para arrastrar a su pueblo a ese
acontecimiento.
¿Hicieron mal Francia e Inglaterra en guardar
esperando frenar el expansionismo alemám- a que Hitler invadiera Checoslovaquia?
Quizá, y se ha ironizado mucho sobre las maniobras desesperadas de Chamberlain para
salvar la paz. Eso nos dice que a veces se puede pecar de prudencia, pero que se intenta
todo lo posible con tal de salvar la paz, y por lo menos al final quedó clara que fue
Hitler quien empezó la guerra y que, en consecuencia, tenía toda la responsabilidad.
Por lo tanto, me parece injusta la primera página de
ese diario estadounidense que publicó una foto del cementerio de los valientes yanquis
muertos por salvar a Francia (y es verdad) advirtiendo que ahora Francia está olvidando
esa deuda. Francia, Alemania y todos aquellos que encuentra prematura una guerra
preventiva hecha ahora y sólo en Irak no están negando solidaridad a Estados Unidos en
un momento en el que está, por así decirlo, rodeado por el terrorismo internacional.
Sólo sostenemos, como piensan muchas personas con
sentido común, que un ataque a Irak no derrotaría al terrorismo, sino que probablemente
(y en mi opinión seguramente) lo potenciaría, y llevaría a las filas terroristas a
muchos que ahora se encuentran en condiciones de perplejidad y prudencia, piensan que el
terrorismo capta adeptos que viven en Estados Unidos y en Europa, y su dinero no está
depositado en bancos de Bagdad, pero pueden recibir armas, químicas o no, también de
otros países.
Intentemos imaginar que, antes del desembarco de
Normandía, De Gaulle se hubiese empeñado, en vista de que tenía sus tropas en los
territorios de ultramar, en exigir un desembarco en la Costa Azul. Los estadounidenses y
los ingleses probablemente se habrían opuesto, alegando numerosos razones: que en el
Tirreno no había todavía, al este tropas alemanas que controlaban las costas italianas
al menos en el golfo de Génova, o que desembarcando al norte tenían a sus espaldas a
Inglaterra y era más seguro hacer que las tropas de desembarco transitara por la Mancha
en vez de navegar por todo el Mediterráneo. ¿Habríamos dicho que Estados Unidos
apuñalaba a Francia por la espalda? No, habrían expresado in desacuerdo estratégico y,
en efecto, considero que era más razonable desembarcar en Normandía. Habrían usado todo
su peso para inducir a DE Gaulle a no realizar una operación estéril y peligrosa. Nada
más.
Otra objeción que circula es ésta, y me la plateó
hace poco un señor muy importante y digno de alabanza por los esfuerzos realizados desde
hace años en misiones de paz: Pero Sadam es un dictador feroz, y su pueblo sufre
bajo un sangriento dominio. ¿Es que no vamos a pensar en los pobre iraquíes?".
Pensamos en ellos, desde luego, pero ¿estamos pensando en los pobres coreanos del norte,
en quienes viven bajo el yugo de tantos dictadores africanos y asiáticos, en quienes se
han visto dominados por dictadorzuelos de derechas apoyados y alimentados para impedir
revoluciones de izquierdas en América del Sur?
¿Se ha pensado alguna vez en liberar con una guerra
preventiva a los pobre ciudadanos rusos, ucranios, estonios y uzbecos que Stalin mandaba a
los gulag? No, porque si hubiera que declara la guerra a todos los dictadores, el precio,
en términos de sangre y de riesgo atómico, sería enorme. Y por lo tanto, como se hace
siempre en política, que es realista incluso cuando se inspira en calores ideales, se han
dado largas, intentando obtener el máximo con medio no cruentos: la opción ganadora,
entre otras cosas, en vista de que las democracias occidentales al final han conseguido
eliminar la dictadura soviética sin lanzar bombas atómicas. Se ha necesitado alfo de
tiempo; alguno, mientras tanto se ha dejado la piel, y lo sentimos, pero nos hemos
ahorrado algunos cientos de millones de muertos.
Son pocas observaciones, pero suficientes, espero,
para da a entender la situación en la que nos encontramos no consiente, y precisamente
debido a su gravedad, estos cortes tajantes, divisiones de campo, condenas del tipo
"si piensas así eres nuestro enemigo". También esto sería fundamentalismo. Se
puede amar a Estados Unidos, como tradición, como pueblo, como cultura y con el respeto
que se debe a quien ha ganado a pulso los galones de país poderoso del mundo, se puede
haber estado golpeado en la más de un año, sin por ello eximirnos de advertirle que su
Gobierno está tomando una decisión equivocada y debe sentir no nuestra traición, sino
que nuestro franco desacuerdo. De otro modo, lo que se habría conculcado sería el
derecho al desacuerdo. Y eso sería precisamente lo contrario de lo que nos enseñaron a
nosotros, jóvenes de entonces, después de años de dictadura, los libertadores de 1945.
REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a SI A LA PAZ