SI A LA PAZ

  

LA GUERRA QUE VIENE: EL REGRESO DEL MOVIMIENTO PACIFISTA


Un golpe al belicismo de los Estados Unidos y Gran Bretaña

   
Oscar Raúl Cardoso 


Más de 100 mil manifestantes reunidos en el corazón neoyorquino de Manhattan y decenas de miles en Miami, Filadelfia y Chicago resultaron números suficientes para que los cronistas hayan creído ver el regreso a la vida del movimiento pacifista que, hace tres décadas, condenó al fracaso a la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam.

Pero la geografía urbana de la república imperial no fue el único escenario: entre 500.000 y 750.000 marcharon en Londres y también cientos de miles en Berlín, París, Amsterdam, Bruselas, Barcelona y Ciudad del Cabo. Con estos cálculos de las más diversas fuentes ¿quién no estaría tentado a afirmar que la teoría de la "guerra preventiva" que George W. Bush predica para Irak no sufrió ayer un mentís?

En consonancia con esta visión, varios medios británicos —entre ellos el diario The Independent— anunciaron en sus ediciones en Internet, anteriores a las de papel, que el primer ministro Tony Blair había anticipado que el Consejo de Seguridad de la ONU podría conceder más tiempo a los inspectores que hurgan en Irak en busca de las tan mentadas armas de destrucción masiva. El matutino acompañó este titular con una nota en la que sugirió que el moderado informe presentado por el embajador suizo Hans Blix, jefe de la misión de los inspectores, podría haber "torcido" un empuje que parece llevar inevitablemente a la guerra.

Estos datos no son menores. El cuasi anuncio de Blair podría estar señalando un renuente cambio en la posición británica, pero lo que es más importante, en la del principal instigador del paso bélico, Estados Unidos, que hasta el viernes pasado parecía estar presionando a la comunidad para que les concediera una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU limitada a establecer que Irak estaba en "violación material grave" de las normas jurídicas internacionales que lo obligan a desarmarse y a fijar un plazo perentorio para iniciar operaciones militares de castigo. Esto es, en buen romance, una resolución que "legalice" (y también "legitime") la campaña militar contra Saddam Hussein que Washington, dice, pondrá en marcha de cualquier modo, pero que con respaldo internacional sería menos problemática y, quizá, menos costosa.

La posibilidad de un plazo extendido a los inspectores podría marcar, si se concreta, una diferencia importante. Esto es si Blair fue esta vez, como otras, el megáfono anticipado y veraz de la voz del amo político. La situación de Blair es complicada porque su complicidad política con Washington se da de bruces con el rechazo que en la opinión pública de su país tiene la idea de la guerra. Enfrentado a las marchas de ayer, Blair casi se sinceró cuando dijo: "Les pido a los que marchan que comprendan que no busco la impopularidad como una medalla de honor; pero algunas veces ésta es el precio del liderazgo y el costo de la convicción".

Hasta aquí una de las caras de las imágenes de ayer. Conviene ser cuidadoso en la evaluación última, sin embargo. En el mismo día de la explosión opositora a la guerra, los grandes medios de comunicación estadounidenses parecían haber entrado en "cadena editorial" preventiva para atenuar el impacto de la protesta.

La cadena CNN matizó las imágenes de la protesta con referencias a la amenaza iraquí y con el recuerdo de la última exposición del secretario de Estado, Colin Powell, ante el Consejo de Seguridad, la misma que convenció a pocos. Diarios con cierta reputación crítica, como The New York Times y The Washington Post incluyeron en sus ediciones de ayer sendos editoriales llamando al Consejo de Seguridad a conceder la autorización que Washington demanda. Ambos respaldaron la posición de que el gobierno de George Bush ya probó que Irak es un peligro claro y presente. El Times hizo una ingenua alusión a la necesidad de llamar a "la caballería" norteamericano-británica para responder al desafío presunto de Bagdad. Pero, parece, la realidad no calza fácilmente en las metáforas de Hollywood.

O.R. Cardoso es periodista del diario Clarín (Buenos Aires); artículo de la edición del 16 de febrero 2003.

 

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