ORDEN MUNDIAL

 

  

EL ALERTA BRASILEÑO

Eleonora Gosman
    

  

Entre Brasil y EE.UU. no hay relaciones de amor sumiso ni desplantes rebeldes. El gobierno de Cardoso buscó colocar su país en un papel: socio o adversario respetable, en la compleja partida de ajedrez internacional. Su estilo nunca fue el de la "carnalidad". Sí el de la negociación permanente. Desde esa posición, Brasil se hizo oír en las cuestiones continentales. Fue el caso del Plan Colombia, en 2000, donde arrancó a los países sudamericanos un compromiso de mantener la "autodeter minación" y la "no intervención" militar. El "miedo" brasileño tenía —y tiene— un nombre: Amazonas. La selva fue siempre "codiciada" en el exterior. Nadie se olvida aquí de la apetencia norteamericana por el caucho de la región. Temen que mañana sean petróleo y minerales. O vaya a saber qué.

La diplomacia y el gobierno brasileños no vacilaron al criticar acciones norteamericanas. En noviembre, Cardoso llamó bárbaros a quiénes quieren imponer sus políticas en el mundo por la fuerza. Fue durante el conflicto de Afganistán. El destinatario del mensaje: el gobierno norteamericano. Pero Cardoso también condenó el terrorismo y tomó la iniciativa de reactivar el Tratado de Asistencia Recíproca de América, en septiembre de 2001. El vetusto acuerdo sirvió para demostrar a EE.UU. de qué lado estaba el continente y, especialmente, Brasil. Fue un gesto que siempre agradeció la Casa Blanca. El partido de Cardoso, una socialdemocracia al uso latinoamericano, no tiene puntos de contacto ideológicos con los republicanos. Y el estilo de Bush no coincide con el intelectual presidente brasileño. A Cardoso le encantaba Clinton y la inteligencia de Hillary. Pero eso tiene un peso relativo.

Cuando los presidentes se sucedieron en la Argentina, a fines de año, Bush y Cardoso se consultaron mutuamente en dos oportunidades. Unificaron posiciones sobre una cuestión imperiosa: ¿debían felicitar o ignorar cada nuevo gobierno? La cancillería brasileña no disimula su orgullo: El progreso experimentado por las relaciones Brasil/EE.UU. se debe a la percepción norteamericana de la importancia creciente de nuestro país, sobre todo desde el punto de vista económico, dice. Pero Brasil prefiere un mundo multipolar y no monocromo. Por eso, afina sus lazos con Europa, una de las bases del equilibrio que sostiene nuestra presencia en el mundo. Fue el canciller Lafer quien pronunció esa frase transparente después de reunirse con Pascal Lamy, comisario de Comercio Exterior de la Unión Europea. Nos interesa reforzar esa relación, sobre todo frente a la iniciativa del ALCA, el otro plan que deja insomnes a los brasileños.

 

La autora es periodista corresponsal en Brasil. Clarín, Buenos Aires, 3 marzo 2002.

 

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