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| ORDEN MUNDIAL |
EL FIN DE LA ERA MULTIPOLAR
Héctor Pavón
La amenaza latente es el pretexto para que los Estados Unidos impongan sobre el resto del mundo un planteo de hiperunilateralismo con fuerte presencia militar en todo el mundo. Como nunca ocurrió en la historia moderna, EE.UU. posee el máximo poder militar, económico y tecnológico.
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La era del unilateralismo ya llegó. Un expansionismo viejo con ropas
nuevas recorre el mundo. Despejado el polvo de las destruidas Torres Gemelas, se avizoró
un "Nuevo Orden Mundial" bajo la hegemonía estadounidense y el consenso del
mundo desarrollado. Sin embargo, la hiperpotencia mundial ideó a continuación el
"hiperunilateralismo" con primacía militar. Es decir, un poder basado en la
ausencia de voces disonantes. Como nunca antes ocurrió en la historia moderna, Estados
Unidos reunió para sí los mayores poderes militares, económicos y tecnológicos. Rusia
es todavía una potencia militar, China es una potencia económica importante, Japón
todavía se encuentra al frente en muchos rubros del desarrollo tecnológico y la Unión
Europea, a pesar de su poderío, no logra equilibrar la complicada balanza de poder.
Ningún país conjuga los tres poderes simultáneamente. El mundo debate su futuro en un
contexto unipolar.
La doctora en relaciones internacionales del Pacific Council on International Policy de
Los Angeles, Carina Miller, niega la existencia de un expansionismo estadounidense pero
sostiene que hay una inclinación hacia el unilateralismo: En parte porque si bien la
administración Bush puede encontrar beneficiosa una alianza particular, o un foro
multilateral específico, no encuentra ningún valor inherente al mero hecho de actuar con
otros y da prioridad a mantener la mayor libertad de acción posible. Miller remarca la
coexistencia de dos tendencias contradictorias: por un lado, el poder abrumador de EE.UU.
le permite y quizás hasta promueva, políticas unilaterales. Pero otro lado, hay una
valorización del multilateralismo como instrumento para resolver un espectro muy amplio
de problemas globales que no pueden atacarse si los estados sólo actúan en forma
individual. George W. Bush optó por la primera opción.
El equilibrio internacional fue siempre delicado y temporal. Lo fue desde los albores de
la modernidad cuando las potencias marítimas de Portugal y Holanda dominaban los mares
del mundo. En 1815 se estableció la Santa Alianza entre Rusia, Prusia, Gran Bretaña y
Austria que duraría hasta fines de siglo bajo el nombre de Restauración de los valores
monárquicos con el imperio británico a la cabeza. Terminada la Primera Guerra el
gobierno estadounidense de Woodrow Wilson empezaba a delinear un nuevo consenso universal,
basado en el constitucionalismo democrático, la autodeterminación nacional, el
capitalismo "puertas abiertas", la diplomacia multilateral y la
institucionalización de la seguridad colectiva. Hasta entonces la búsqueda de los
acuerdos consensuados era posible. Después de la Segunda Guerra, el mundo vivió con
temor cada jugada ajedrecística de la Guerra Fría entre EE.UU., Europa Occidental y los
países del Pacto de Varsovia.
En su libro El sistema político global, el politólogo italiano Fulvio Attinà, dice que
cada potencia "ha dominado el sistema global en beneficio propio, pero desarrollaron
a su vez bienes colectivos esenciales (preservación del pluralismo estatal y del
pluralismo cultural, la libre circulación y la apertura de los mercados económicos) a
través de la difusión del libre comercio, la disponibilidad de capitales para inversión
internacional y la garantía de una moneda de cambio". Siempre hay una amenaza
interna o externa, que sirve de disparador para el expansionismo político o económico.
El temor a nuevos atentados llevó a EE.UU. a tener una presencia militar en el planeta
cada vez menos solapada. Según el politólogo indio Fareed Zakaria, en su libro De la
riqueza al poder, "el concepto de amenaza es demasiado maleable; los hombres de
Estado, antes que reconocer sus deseos de ejercer influencia y hasta hegemonía, con
frecuencia fabrican ''amenazas'' y ''peligros para la seguridad'' a fin de justificar la
expansión".
La presencia estadounidense es evidente en todas sus formas. No sólo con marines. Las
agencias de inteligencia, poseen cada vez más sedes oficiales y cuarteles secretos en
sitios conflictivos y otros no tanto. Al mismo tiempo las batallas económicas hicieron
más evidentes la presencia de multinacionales. El capital no tiene bandera, pero la
procedencia de Nike, Mc Donald''s o IBM no se discute.
Durante su reciente gira por Sudáfrica, el representante de Comercio Exterior de EE.UU.,
Robert Zoellick realizó contactos para establecer una alianza con países africanos en la
guerra comercial con Europa por los cultivos genéticamente modificados. EE.UU. piensa
presentar una demanda ante la OMC contra la Unión Europea por bloquear la importación de
semillas de EE.UU. Los europeos dicen que no se van a dejar presionar para importar
"comida Frankestein". Sólo Sudáfrica aprobó el uso de los transgénicos, pero
EE. UU. va por la conquista del resto del continente. EE.UU. busca más que aliados,
nuevos mercados.
En Europa, la discusión existe. Luego de la apreciación de "simplista" del
canciller francés por el planteo de Bush de dividir al mundo en "buenos y
malos", el gobierno estadounidense llamó al embajador francés para pedirle
explicaciones. Por su parte, Berlusconi no volvió a repetir su eslógan pos 11 de
setiembre: siamo tutti americani. Sólo el ex canciller Helmut Kohl elevó su cuestionada
voz para decir que la crítica a la postura del presidente estadounidense es "una
gran hipocresía".
En este nuevo escenario, la relación con Latinoamérica no aparece entre las prioridades.
América latina debe reconocer su lugar marginal en relación a Rusia, China, Japón, no
es zona prioritaria, sólo genera un interés secundario, dice Tokatlian. Desde Miami, el
politólogo Khatchik Der Ghougassian, coincide en la apreciación sobre el lugar de la
región en el debate. América latina no está en la agenda de Washington. En el caso de
Colombia se está demostrando cómo tratará la administración Bush los casos de
preocupación extrema. La guerra en Colombia ya dejó de ser contra las drogas para
transformarse en la guerra contra la insurgencia. Ante un fuerte deterioro de la
situación, la opción militar tendrá luz verde. La Argentina convulsionada no tiene
lugar en el mapa de Bush, A nadie le puede interesar un socio débil, dice Miller; La
unidad de la región necesitaría de un concierto de actores con intereses semejantes que
puedan tener políticas convergentes, señala Tokatlian.
En Asia pareciera vivirse todavía un clima de Guerra Fría. La tensa frontera de las dos
Coreas, las complicadas relaciones de China y Taiwán reflejan una tensión permanente.
Filipinas es una gran excusa para que EE.UU. experimente esta nueva matriz de seguridad
internacional y el desarrollo de alianzas en este sentido para la protección de sus
intereses. El interés renovado por Filipinas es establecer una base de operaciones para
poder operar, controlar y monitorear lo que sucede en Indonesia y Malasia, explica Sergio
Cesarín, especialista en Asia e investigador del CONICET.
EE.UU. debe optar entre el unilateralismo y el mundialismo, es decir, otorgar la prioridad
a la búsqueda de equilibrios mundiales, y la disminución de las desigualdades y la
miseria, opinó en El País el politólogo francés Alain Touraine. Europa aparece como el
único bloque capaz de poner freno a las aspiraciones ilimitadas de Bush, pero hasta el
momento no han tomado una actitud oficial sobre las problemáticas de Oriente medio, por
ejemplo. Touraine advierte que EE.UU. no debe ser el único que decida el futuro del
planeta en función de sus intereses y de su voluntad de dominación.
H. Pavón es periodista; artículo elaborado con la colaboración de E. Siddig. Clarín, B. Aires, 3 marzo 2002.
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