ORDEN MUNDIAL

 

   

EL MUNDO SEGUN KISSINGER

 

Mariano Grondona

 

Si alguien quiere abrir la puerta del mundo, que busque la llave en el último libro de Henry Kissinger titulado "¿Necesitan los Estados Unidos una política exterior?" (Does America Need a Foreign Policy?, Simon & Schuster, 2001). ¿Trata solamente el libro de la política exterior norteamericana? Sí, pero ocurre que la política exterior norteamericana se extiende hasta el último rincón del planeta. Para definirla, Kissinger necesita por ello dar cuenta de la situación del mundo en estos albores del siglo XXI.

Está bien dotado para esta gigantesca tarea porque une al conocimiento del profesor universitario, sobre todo en Historia, la experiencia de haber dirigido la política exterior norteamericana de dos presidentes, Nixon y Ford, entre 1968 y 1976, y de haber asesorado desde entonces a innumerables gobiernos y empresas. La teoría y la práctica se mezclan, en su caso, en una síntesis infrecuente.

Si de muestra valen dos botones, vamos a extraer del libro de Kissinger su tesis general, que nos interesa como ciudadanos del mundo, y un análisis específico sobre el comportamiento del Fondo Monetario Internacional frente a los países emergentes, que nos interesa como argentinos.

Edades y sistemas

La tesis general de Kissinger es que en el mundo actual coexisten diversas "edades" de la historia.

Pensemos por ejemplo en el explosivo Medio Oriente. Es erróneo acercarse a él suponiendo que vive según las pautas del Occidente democrático, porque no está alojado en el siglo XXI sino en el siglo XVII. En este siglo arreciaron en Europa las feroces guerra de religión entre católicos y protestantes.

Hoy nos horroriza lo que pasa en el Medio Oriente, pero la violencia fundamentalista es en realidad menor a las matanzas del siglo XVII, cuya expresión final fue la Guerra de los Treinta Años iniciada en 1618, durante la cual Europa central perdió el 30 por ciento de su población. ¿En qué culminó esta terrible guerra? En la Paz de Westfalia de 1648, que inauguró la tolerancia religiosa sobre el cual Occidente edificaría la democracia.

El mundo islámico atraviesa una nueva Guerra de Treinta Años. Sólo cuando ella culmine, podrá sumarse a las reglas de la convivencia occidental en una nueva Paz de Westfalia. Como la paz surge del aprendizaje de la guerra, lo más que puede hacer Occidente mientras tanto es respaldar desde afuera a los moderados árabes, iraníes y paquistaníes, que son la vanguardia del aprendizaje musulmán.

¿En qué edad vive, por su parte, Asia? En el siglo XIX, en el cual lo que caracterizó a Europa hasta el fatal tropiezo de la Primera Guerra Mundial de 1914 fue un delicado equilibrio entre sus potencias principales -Francia, Austria, Alemania, Rusia- de la mano de la nodriza inglesa que impedía que alguna de ellas dominara a las demás. Hoy, un comparable equilibrio se está diseñando en Asia entre China, Japón, Rusia e India, pero el papel de la nodriza ya no le corresponde al Reino Unido sino a los Estados Unidos.

La comunidad occidental, que comprende dos miembros ricos -América del Norte y Europa- y uno pobre -América latina- vive por su parte en el siglo XXI, cuyo rasgo central es, según Kissinger, la superación gradual del Estado-nación en dirección de integraciones regionales como la Unión Europea, Nafta y el Mercosur.

La conclusión práctica de esta visión "plurihistórica" es que el peor error del analista sería aplicar las reglas de la edad en que él vive a situaciones que atraviesan otra edad.

El FMI y nosotros

Kissinger emite un juicio ambivalente sobre el Fondo Monetario Internacional, cuyos consejos económicos son acertados porque el país que los siga alcanzará el desarrollo económico. Pero, experto en economía, el Fondo es inexperto en política. Sus consejos económicos resultan políticamente inviables porque el desarrollo económico tarda en llegar y, mientras tanto, los gobernantes de los países emergentes no pueden soportar la presión política que los acosa mientras procuran aplicarlos.

El gran esfuerzo de pasar del subdesarrollo al desarrollo económico debiera integrar por ello a gobernantes económicamente lúcidos en los países emergentes con funcionarios políticamente realistas en el Fondo. Sin esta conjunción, lo que ocurre es la Argentina.

 

Mariano Grondona es abogado y analista argentino. La Nación, Buenos Aires, 27 febrero 2002.

 

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