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| ORDEN MUNDIAL |
LA GEOPOLÍTICA DE LA GLOBALIZACIÓN
José
Gerardo Guarisma Álvarez
Los cambios que se han generado en el mundo en los últimos veinte años, dentro
de los cuales tiene un gran peso la expansión universal del espacio cibernético,
han traído como consecuencia notables cambios en la geografía humana en el
planeta. Cambios que se traducen en una reinterpretación histórica de la
geopolítica y en el cuestionamiento de muchos de sus supuestos, los cuales eran
conceptuados de forma determinística por el discurso clásico de las ciencias
políticas.
Por geopolítica denominamos a la ciencia que pretende fundar la política
nacional o internacional en el estudio sistemático de los factores geográficos,
económicos, raciales, culturales y religiosos. Desde la creación del término por
el geógrafo de origen sueco Rudolf Kjellen en 1916 con su libro El Estado
como organismo viviente (Der Staat als Lebensform), la geopolítica ha
desarrollado su concepto básico según el cual, los Estados tienen muchas de las
características de los organismos vivientes. Al propio tiempo, se enuncia la
idea de que un Estado tenía que crecer, extender o morirse dentro de "fronteras
vivientes"; es por ello que tales fronteras tienen una naturaleza dinámica y son
susceptibles al cambio. La geopolítica es una ciencia que a través de la
geografía política, la geografía descriptiva y la historia, estudia la
causalidad espacial de los sucesos políticos y sus futuros efectos.
La geopolítica tuvo gran promoción en la Alemania de principios del siglo XX y
alcanzó una gran difusión durante el nazismo. El general alemán Karl Haushofer
modernizó la geografía política, utilizándola como instrumento que justificaba
la expansión territorial de Alemania durante el Tercer Reich y desarrollando las
teorías de Ratzel del espacio vital (Lebensraum). Países como Rusia,
China y Japón dieron también gran importancia a esta ciencia durante los años 30
y 40 como ruta para alcanzar el poder global. La utilización propagandística de
la geopolítica acarreó, tras la derrota alemana, su descrédito y olvido, sobre
todo en el ámbito académico. No obstante, otras personas, como militares o
diplomáticos, siguieron interesándose por esta rama de la geografía, la cual
podía leerse en los convenimientos no escritos de la Conferencia de Yalta, en
los cuales se dictaban las premisas ordenadoras del mundo de postguerra y sin
duda, las claves de la Guerra Fría.
Sin embargo, las condiciones que enmarcaban el conflicto Este-Oeste y los
ideales democráticos del mundo occidental le hicieron modificar substancialmente
sus fundamentos y objetivos. Se originan nuevas teorías emanadas por potencias
como Inglaterra, Francia y Estados Unidos, que se orientan básicamente a ejercer
el control en determinados espacios terrestres y marítimos considerados claves,
lo que se materializa a través de una gravitación estratégica y económica, sin
necesidad de materializar una anexión territorial de tipo formal. La expresión
práctica de esta visión la constituye el Tratado de Defensa del Atlántico Norte
(OTAN) y la Crisis de los Misiles en 1962. Está claro que sin los patrones
ordenadores de la geopolítica, ya el mundo sería tierra arrasada por una
hecatombe nuclear.
Luego de la caída del muro de Berlín que puso fin a la Guerra Fría, la
geopolítica ha retomado el interés perdido y ha vuelto a crecer actualmente al
amparo de las tensiones internacionales surgidas con el desmembramiento de la
Unión Soviética. Es entonces que emerge Estados Unidos como la superpotencia
única, cohesionada y sin contrapesos inmediatos. Esta situación lo incentiva a
iniciar el desarrollo de una política de poder tendiente al control del mundo,
la que intenta legitimar sobre las bases de ser el vencedor de la Guerra Fría y
de su superior capacidad económica, cultural y militar. Se disipa así el
tradicional conflicto Este-Oeste y comienzan a ser más notorias las diferencias
en cuanto a niveles culturales y de desarrollo en el eje Norte-Sur.
El Estado-Nación continúa siendo el elemento básico del sistema internacional
que aglutina la identidad nacional, la cohesión de un pueblo y mantiene la
soberanía. Sin embargo, ya no es el único actor relevante y la soberanía muchas
veces debe subordinarse a la conveniencia de acatar las reglas impuestas por la
globalización. En el escenario actual aparecen nuevos actores. Estos son los
bloques o reagrupaciones de Estados con vocación económica, las grandes empresas
y las organizaciones no gubernamentales. La geopolítica sigue vigente, con
nuevos actores y escenarios, pero en pleno desarrollo.
J. G. Guarisma A. es rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua (Venezuela). Publicado originalmente en el periódico El Universal (Venezuela), el 26 enero 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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