ORDEN MUNDIAL

 

  
EL VASO TAMBIEN ESTA MEDIO LLENO

Kofi Annan

    

Se acusa de decepcionante y descafeinado al documento final de la reciente reunión de las Naciones Unidas. Sin embargo, muestra avances importantes en desarme nuclear y política de derechos humanos.

El "documento final" aprobado el viernes 16 de setiembre al término de la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas ha sido calificado de "decepcionante" o "descafeinado".

Es una afirmación cierta, al menos en parte. Pero, el documento no deja de ser una significativa manifestación de unidad a escala mundial sobre un gran número de cuestiones.

En marzo, cuando propuse una agenda de trabajo para la Cumbre, coloqué el listón a un nivel deliberadamente alto, pues en las negociaciones internacionales nunca se obtiene todo lo que se pide.

Asimismo, presenté las reformas como un conjunto, no porque confiara en que fueran a aprobarse sin cambios, sino porque estimaba más probable que se lograran avances si no se procedía por separado.

El documento aprobado contiene compromisos firmes e inequívocos, tanto de los países donantes como de los países en desarrollo, sobre los pasos concretos que hay que dar para que en 2015 se consigan los objetivos de desarrollo acordados hace cinco años en la Cumbre del Milenio. Ahora que el presidente Bush los ha respaldado en su discurso de la semana pasada durante la Cumbre, puede decirse innegablemente que existe un consenso mundial que los apoya.

El documento contiene decisiones destinadas a fortalecer la capacidad de las Naciones Unidas en el mantenimiento, el establecimiento y la consolidación de la paz, incluido un esbozo detallado de una nueva comisión de consolidación de la paz, lo que permitirá garantizar acciones internacionales más coherentes y sistemáticas para fraguar una paz duradera en los países asolados por la guerra.

Contrariamente a lo que había recomendado, en el documento no figura la definición clara de terrorismo. Sin embargo, sí contiene, por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, una condena inequívoca, por todos los Estados miembros, del terrorismo "en todas sus formas y manifestaciones, independientemente de quién lo cometa y de dónde y con qué propósitos", así como un enérgico llamamiento para que en un plazo de 12 meses se ultime una convención amplia contra el terrorismo y un acuerdo para forjar una estrategia mundial de lucha contra él, que debilitará a los terroristas y reforzará nuestra comunidad internacional.
Tal vez lo más valioso sea la aceptación clara por todos los miembros de las Naciones Unidas de que hay una responsabilidad colectiva de proteger a las poblaciones civiles del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad cuando las autoridades locales no estén manifiestamente a la altura de sus responsabilidades, con el compromiso de hacerlo por conducto del Consejo de Seguridad.

Fue en 1998 cuando defendí por primera vez esta postura, como lección ineludible de nuestros fracasos en Bosnia y Ruanda. Me complace observar que por fin ha recibido la aceptación general.

También se acepta mi propuesta de un nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, aunque no sin los detalles que harían de él un órgano claramente mejor que la actual Comisión. A la Asamblea General se atribuye el cometido de ultimar dichos detalles durante el próximo año. Los Estados que creen en los derechos humanos deben trabajar para que el nuevo órgano represente un verdadero cambio.

Sin embargo, los Estados miembros se han abstenido de asumir el compromiso claro de dotar el Secretario General de la firme autoridad ejecutiva que tanto yo como mis sucesores necesitaremos para desempeñar el creciente número de funciones que se encomiendan a las Naciones Unidas.

También había propuesto una reforma del Consejo de Seguridad, para que fuera más ampliamente representativo de las realidades de hoy.

Aquí también existe un acuerdo de principios, pero el problema está en los detalles. El documento recoge el compromiso de los Estados de seguir buscando un acuerdo e insta a que se examinen los avances al respecto a finales de 2005.

Con todo, el principal fallo del documento es no haber abordado la cuestión de la proliferación de las armas nucleares, sin duda la amenaza más alarmante a que habremos de hacer frente en un futuro inmediato, dado el peligro de que los terroristas adquieran este tipo de armas. Algunos Estados quisieron que se diera prioridad absoluta a la no proliferación, mientras que otros insistieron en que las acciones para reforzar el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP) debían incluir nuevos pasos hacia el desarme. De este modo, se repitió el fracaso de la conferencia de examen del TNP celebrada en mayo.

Se trata de un asunto demasiado importante como para que la indecisión lo lleve al fracaso. Hago un llamamiento a los dirigentes en ambos frentes para que den mayores muestras de capacidad política y tomen medidas urgentes para encontrar una posición común. De lo contrario, esta Cumbre podría llegar a recordarse sólo por su incapacidad para impedir el desmantelamiento del régimen de no proliferación y todo lo que en realidad se ha conseguido podría quedar en el olvido.

K. Annan es el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El presente artículo fue publicado originalmente en inglés en el Wall Street Journal (19 setiembre 2005), y en castellano en Clarín de Buenos Aires (22 setiembre). Presenta las opiniones del Secretario General inmediatamente después de la Cumbre Mundial 2005. Se publica en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos (5 de octubre de 2005).

 

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