MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 3 de Diciembre 2004

 

 ¡OH, SORPRESA!

 

El Sr. Presidente de Chile, don Ricardo Lagos, tuvo que leer 28 000, sí, veintiocho mil, declaraciones de torturados para enterarse de que habían habido torturas durante la dictadura de Pinochet. Al mismo tiempo, las gloriosas Fuerzas Armadas de Chile reconocieron que habían torturado sistemáticamente, habían violado, degradado y vilipendiado a veintiocho mil personas, personas que fueron a declarar. Otras no fueron, por ejemplo los tres mil muertos y desaparecidos.

El Sr. Presidente de Chile quedó sorprendido con la lectura. No entiendo dónde estuvo don Ricardo Lagos estos últimos treinta años, qué prensa consultó, con quienes mantuvo conversaciones. Nótese que aún no está convencido de la veracidad de lo que leyó, pues dijo que “no lo podía creer” (sic). ¿Será que ignora que la tortura siempre ha sido un ingrediente fundamental e indispensable, público y notorio, del terrorismo de Estado?

Ya en 1974, el Sr. Presidente podía haber leído las actas del tribunal Russell, que el venerable don Bertrand presidió en París, podía haber leído revistas, boletines o tantísimas otras publicaciones del exilio; podía haber escuchado radio Moscú, que en aquel tiempo transmitía incluso en quechua, podía haber recibido alguna carta de algún integrante del millón de exiliados, repartidos en dos continentes y organizados en centenares de comités. Si no le gustasen estas fuentes, Amnistía, la Cruz Roja y decenas de otras organizaciones aportaron también lo suyo.

No le hubiera sido imposible hablar con alguno de los miles de presos en el Estadio Nacional o el Estadio Chile, en Pisagua, isla Rawson o Tejas Verdes. Es un poco ridículo que yo, un extranjero, venga a recomendarle al Sr. Presidente de Chile, don Ricardo Lagos, dónde podía haberse enterado de eso que hoy lo asombra y que sucedió en su patria. Cualquier chileno, salvo quienes siempre fueron cómplices de la dictadura, podía habérselo informado con mucho mejor suerte que yo.

Supongo que tal ignorancia sea parte de un pacto político con finalidades que ignoro; no puedo creer otra cosa. No olvidemos que se viven tiempos de asombros y arrepentimientos. Esto se está transformando en una constante. Mc Namara se arrepintió y Kissinger también. el Papa pidió perdón por el genocidio americano, los gorilas argentinos y ahora los chilenos reconocen los crímenes cometidos. Los periodistas ocultadores y tránsfugas también aprovechan la bolada y se arrepienten. Así sucede en Chile, pero el New York Times también se arrepintió y se reconoció culpable, en julio de este año 2004, de “haber mantenido una cobertura distanciada de la realidad con respecto a la existencia de armas biológicas y de destrucción masiva en Irak”, como dijo un despacho de prensa.

A mí me tienen harto, estos arrepentidos. Ustedes dirán “¿y este tonto no cree que es mejor que se arrepientan?” . Sí, es mejor, pero yo quisiera que no se hubieran dejado engañar tan fácilmente, que no hubieran sido oportunistas, cómplices o desinformados con mala intención. Me parece que está costando demasiado barato comprar tranquilidad de conciencia. O capacidad de asombro.

  José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a MIRADA IMPERTINENTE