MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 3 de Junio 2005

 

salvar el cuerpo

 

Se emplean frecuentemente metáforas naturalistas para explicar acontecimientos sociales. La sociedad suele ser comparada con un cuerpo y como tal “se desarrolla”, “crece”, se “enferma”. Esto no es nuevo. Los avances científicos del siglo XIX tiñeron todo el debate público. La medicina y la higiene sirvieron como paradigma para las flamantes ciencias sociales, que se revestían con el prestigio médico para “tratar los males” del industrialismo. Lo notable es que estas metáforas “gocen de buena salud” y se mantengan  hasta hoy en plena vigencia.

Sobre la crisis económica se habla de “extirpar las causas del mal”, de “síntomas” y de “deformaciones”. La crisis de Argentina nos contagió: ¿fue un virus económico o se contagió por el aire, como la malaria?

Quedó registrada en el debate doméstico la comparación del –médico-- Tabaré Vázquez sobre el sistema financiero: “Es el sistema circulatorio de la sociedad”. Implícitamente, el dinero es la sangre social y suponemos que el valor del dólar es una especie de electocardiograma que mide los glóbulos rojos o la anemia del peso. Ya en tren de suposiciones, el estómago sería una especie de supermercado y las piernas el Ministerio de Transportes.

No importa tu anatomía social: debes tener un lugar para que no “te agarre la anomia”. ¿No era Durkheim, el fundador de la sociología, quien hablaba del “cuerpo social”? No te rebeles: poco puede el dedo meñique ante la majestuosidad de un lóbulo cerebral, ya que en la sociedad también hay una cabeza. ¿Adivinen a quién pertenece?

Hay un estado ideal: la salud. Cualquier desviación de ese estado es un paso hacia la frontera aterradora, difusa e inasible de la enfermedad. Ahora bien, las fronteras las establecen los expertos en fronteras y en este caso la decisión es de los médicos. ¿Y si el enfermo es el país quién es el médico? Ah, será un especialista extranjero, pues ellos tienen la última receta, el último medicamento, los tratamientos completos, las clínicas más caras y exclusivas. Lo peor es que los tratamientos, como los pantalones, están afectados por cambios de la moda y como ésta tienden a la uniformidad.

Ahora bien: ¿por qué no funcionan infaliblemente las recetas de los expertos y cada vez estamos más enfermos? ¿Por qué los países, pese a los ministros de economía, el FMI, el BID, el BM y toda la sabiduría de Bretton Woods, el Consenso de Washington, la Biblia de Santa Fe, el Acuerdo de Marrakesh, el Grupo de los 77 y las protestas de Kofi Annan, se someten a “intervenciones quirúrgicas”, a “tratamientos de shock”, aplican todas las recetas y siguen igual?

¿Será necesario internar a los países en un hospital privado, no público por supuesto? ¿Será que “hay que sufrir más”, como dicen algunos expertos en economía? ¿Será que cuando hablamos de internar un país en la clínica, hablamos, como propusieron otros expertos sobre la Argentina, de transformarlo en un protectorado de algún equipo eficaz y eficiente de expertos del Primer mundo?

A lo mejor hay que pensar en “curarse en salud” y “cortar por lo sano”. Salud…

 

  José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

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