![]() |
||||
|
salvar el cuerpo
Se emplean frecuentemente metáforas
naturalistas para explicar acontecimientos sociales. La sociedad suele ser
comparada con un cuerpo y como tal “se desarrolla”, “crece”, se
“enferma”. Esto no es nuevo. Los avances científicos del siglo XIX tiñeron
todo el debate público. La medicina y la higiene sirvieron como paradigma para
las flamantes ciencias sociales, que se revestían con el prestigio médico para
“tratar los males” del industrialismo. Lo notable es que estas metáforas
“gocen de buena salud” y se mantengan hasta hoy en plena vigencia.
Sobre la crisis económica se habla de
“extirpar las causas del mal”, de “síntomas” y de “deformaciones”.
La crisis de Argentina nos contagió: ¿fue un virus económico o se contagió
por el aire, como la malaria?
Quedó registrada en el debate doméstico
la comparación del –médico-- Tabaré Vázquez sobre el sistema financiero:
“Es el sistema circulatorio de la sociedad”. Implícitamente, el dinero es
la sangre social y suponemos que el valor del dólar es una especie de
electocardiograma que mide los glóbulos rojos o la anemia del peso. Ya en tren
de suposiciones, el estómago sería una especie de supermercado y las piernas
el Ministerio de Transportes.
No importa tu anatomía social: debes
tener un lugar para que no “te agarre la anomia”. ¿No era Durkheim, el
fundador de la sociología, quien hablaba del “cuerpo social”? No te
rebeles: poco puede el dedo meñique ante la majestuosidad de un lóbulo
cerebral, ya que en la sociedad también hay una cabeza. ¿Adivinen a quién
pertenece?
Hay un estado ideal: la salud. Cualquier
desviación de ese estado es un paso hacia la frontera aterradora, difusa e
inasible de la enfermedad. Ahora bien, las fronteras las establecen los expertos
en fronteras y en este caso la decisión es de los médicos. ¿Y si el enfermo
es el país quién es el médico? Ah, será un especialista extranjero, pues
ellos tienen la última receta, el último medicamento, los tratamientos
completos, las clínicas más caras y exclusivas. Lo peor es que los
tratamientos, como los pantalones, están afectados por cambios de la moda y
como ésta tienden a la uniformidad.
Ahora bien: ¿por qué no funcionan
infaliblemente las recetas de los expertos y cada vez estamos más enfermos? ¿Por
qué los países, pese a los ministros de economía, el FMI, el BID, el BM y
toda la sabiduría de Bretton Woods, el Consenso de Washington, la Biblia de
Santa Fe, el Acuerdo de Marrakesh, el Grupo de los 77 y las protestas de Kofi
Annan, se someten a “intervenciones quirúrgicas”, a “tratamientos de
shock”, aplican todas las recetas y siguen igual?
¿Será necesario internar a los países
en un hospital privado, no público por supuesto? ¿Será que “hay que sufrir
más”, como dicen algunos expertos en economía? ¿Será que cuando hablamos
de internar un país en la clínica, hablamos, como propusieron otros expertos
sobre la Argentina, de transformarlo en un protectorado de algún equipo eficaz
y eficiente de expertos del Primer mundo?
A lo mejor hay que pensar en “curarse en salud” y “cortar por lo sano”. Salud…
José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).
REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a MIRADA IMPERTINENTE