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PANG PANG BUM BUM
Leales, valientes, estoicos, moralmente superiores, bien entrenados y bonitos por un lado; traidores, cobardes, abusadores, despreciables, torpes, desprolijos y fumadores por el otro. Ese es el mundo de las películas, no importa qué películas. El terrorista mata niños y mujeres; el héroe mata solo terroristas y mejor si lo hace a puñetazo limpio colgado de la cornisa de un rascacielos. El héroe se gana a la muchacha, el bandido está siempre solo; el héroe sonríe, el bandido tiene mirada de psicópata.
Les propongo un argumento: fanáticos religiosos secuestran un avión, eligen de entre los pasajeros a los judíos y amenazan con matarlos hasta que un escuadrón especial de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en combinación con el Mossad y bajo el mando de Lee Marvin matan a todos los bandidos barbados y transforman media Beirut en pedregullo. Es la película The Delta Force, estrenada hace unos 20 años y que aparece cada tanto en la pantalla chica. Una basura.
Les propongo otro argumento: una fuerza militar de los Estados Unidos invade Irak y mata a sus habitantes bajo el mando de un oficial elegante y profundamente cristiano que odia a los musulmanes. Hace puntería sobre niños y mujeres, conspira para que los grupos étnicos se enfrenten unos con otros y lo único que le importa es el petróleo. Además, controla que los órganos extraídos por la fuerza a los iraquíes vuelen rápidamente a su destino en Nueva York, Tel Aviv y Londres. La película existe y se llama Irak, el valle de los lobos, una película turca que se está mostrando en Europa. Ah, claro está que el cínico y despreciable yanqui es vencido por un valiente agente turco.
El film debe ser igual de malo, racista, patriotero y clase B que The Delta Force, y por lo que vemos ambos juegan con prejuicios y clisés equivalentes. Sin embargo hay una diferencia interesante en cómo son considerados por la intelligentsia europea. El ministro presidente de Baviera, Edmund Stolber, opinó recientemente que Irak, el valle de los lobos debería sacarse de las salas de exhibición, ya que los inmigrantes turcos en Alemania –muchos millones– no podrían separar el antisemitismo, antiamericanismo y racismo explícito de la imagen ficcional de lo que muestra la realidad concreta. De ese modo, el film podría fomentar la violencia y por lo tanto debería prohibirse.
La fuente de la noticia no indica si Stolber opina de igual modo cada vez que se muestra The Delta Force, probablemente no. Tal vez los neonazis sí sepan separar realidad y ficción, pues después de todo son europeos, categoría que los turcos luchan infructuosamente por conquistar agarrados con uñas y dientes al cachito de costa que dominan en la margen occidental del Bósforo. Una cosa es la normalidad y otra la excepción; la normalidad está “bien”, la excepción está “mal”; la basura de Hollywood es cultura, la otra incita al crimen.
Con el famoso asunto de las caricaturas de Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands Posten, surgió a la luz que el mismo diario se había negado a publicar dibujos satíricos sobre Jesucristo para no herir la sensibilidad de muchos de sus lectores. Probablemente el redactor responsable haya razonado como Herr Stolber y dado por hecho que los musulmanes ni siquiera leen el diario, o por lo menos que su sensibilidad es mucho menor que la de los lectores cristianos. El coro que se alzó para defender la sacrosanta libertad de expresión de la prensa de propiedad privada cuando lo de las caricaturas, ¿habrá sonado para defender el derecho de ver la película turca?
Aclaro que no estoy atacando la libertad
de expresión, que ojalá exista siempre y para todos, pero como dice George
Orwell, somos iguales pero hay algunos más iguales que otros. Un saludo fraterno
a ETC Magazine por las jugosas noticias que me permite utilizar.
José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).
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