MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 16 de Diciembre 2001

 

 MOMIAS VIVIENTES

 

Incidente banal: se cortó la electricidad y el tren se detuvo. Un inspector recorrió los vagones y nos informó que demorarían lo menos posible en resolver el asunto. Era una declaración inútil, más que nada una reafirmación de buena voluntad. Miré a mi vecino de asiento con gesto resignado, ésto provocó un comentario, el comentario la conversación, la conversación la confidencia. El tipo resultó ser médico forense. Trabajaba conectado al ministerio de Relaciones Exteriores. Algo no cuadraba: ¿para qué quería ese ministerio médicos forenses?

—Bueno —explicó—, si usted se muere en otro país pero va a ser enterrado aquí, el ministerio me manda para asegurarse de que todo se haga de acuerdo con nuestras normas.

—¿Usted es una especie de procurador de los derechos del cadáver?

Se rió.

—Más bien de que todo se haga según correctos principios sanitarios. Son los derechos de los vivos.

—¿Viaja mucho?

—Estos últimos años, sí. Mucha gente vieja se va a hacer turismo y no aguanta calores de cuarenta y cinco grados, por ejemplo. Anteayer llegué de Uzbekistán.

—¿De Uzbekistán? ¿Algún turista?

—Difícil, allí. Fue ese industrial, que se comentó en los diarios.

Yo no había leído la noticia. Informó:

—El hombre fue a invertir y ¡paf!, le tocó el infarto.

Tenía facilidad para reirse y lo hacía como un chico avergonzado. Andaría por los cuarenta años. Su abundante bigote y su traje descuidado le daban aire de poeta. Juntacadáveres era un oficio exclusivo. Supuse que no tendría muchos colegas. Supuse también que no sería una ocupación agradable.

—Uno se acostumbra. Además, cada vez es más fácil. Los métodos de embalsamar han mejorado, y hemos cambiado nosotros.

—Morimos más viejos.

—No, no es eso. La dieta, ¿me entiende?

—Comemos cada vez peor.

—Cierto, pero con más conservantes.

—Eso nos hace mal.

—Sí, sí, pero favorece mi trabajo. Por año comemos quilos de conservantes. Buena parte queda en nuestros tejidos.

—No me atrevo a sacar conclusiones.

—Sáquelas. El cadáver se pudre con mucha mayor lentitud. Bueno para los forenses.

Rió nuevamente. Cerraba los húmedos ojos castaños y fruncía el bigote.

—Nos estamos mineralizando, mire usted qué cosa. Hubiera sido el sueño de los faraones.

El tren continuó. Nos bajamos en estaciones diferentes y quedé rumiando el asunto. Lo he comentado después con amigos médicos. Algunos opinaron que eso no era posible; otros que sí. Trato de convencerme de que el hombre era carpintero o economista y se divirtió a mi costa para llenar el tiempo. La duda persiste, sin embargo.

  José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

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