MIRADA IMPERTINENTE

 Columna de José da Cruz

 2 de Noviembre 2004

 

 MALESTARES

 

¿Qué sabías hacer cuando naciste? Nada, dirás tal vez. Matemáticas, gracias a dios, no sabías; tampoco jugabas ajedrez; ignorabas la poliorcética; desconocías la metafísica; no te importaba la geografía. Hasta el idioma era solo un ruido. Sin embargo sabías mucho. Sabías, por ejemplo, buscar alimento en el pecho materno, sabías respirar, sabías eliminar lo que le sobraba a tu cuerpo, dormías “como un bebé”  poco a poco aprendiste a querer y expresarlo con una sonrisa para fotografías. Más tarde te empeñaste a socializar, aprendiste a caminar, a hablar, a hacer chantajes sentimentales, a quejarte de presuntas injusticias, a preguntar cómo y por qué habías llegado a este mundo, por qué esto y lo otro.

Así creciste, y aprendiste gramática, taquimecanografía, te enamoraste, escribiste poemas un poquito vergonzantes, bailaste tangos o cumbias, trabajaste y te pagaron mal, viajaste y viste que la realidad también era otra cosa. En resumen, te hiciste un lugar en la sociedad, conquistaste la adultez. De aquel presente eterno que dominaba la infancia, donde no había balances ni plazos de entrega, ni calificaciones, ni premios y castigos, pasaste a la realidad, también llamada, con optimismo, normalidad. 

Entonces se impone otra pregunta: ¿cuánto recuerdas, hoy, adulto, de los conocimientos originales? Comes mal, amagan la obesidad o la anorexia, el colesterol sube, te mueves poco, tienes problemas cardíacos, de articulaciones, de la espalda, te despiertas a media noche y escuchas en la radio a los predicadores y los tarotistas, respiras mal, el sicólogo y el siquiatra se frotan las manos, el farmacéutico te vende purgantes, antibióticos, analgésicos, antidepresivos, eméticos, colagogos, antipiréticos.

En resumen: a medida que te apropiaste de la cultura y entraste a la civilización, a medida que aprendiste inglés, manejaste un auto y la computadora, fuiste destruyendo el conocimiento primario. Parece que todo el aparato está contra ti, contra lo que tenías ganado por el simple hecho de pertenecer a la especie humana.

Pero hay algo peor: tú, víctima, apoyas alegremente este genocidio contra aquel que eras o fuiste o habías sido alguna vez. Y peor aún: lo repites en tus sucesores: ¡estudia!, ¡disciplínate!, ¡sacrifícate hoy y serás feliz mañana! Aplicas los mismos argumentos del ministro de Hacienda o el Fondo Monetario Internacional. Como ya no crees en esos entes, tampoco deberías creer en sus argumentos.

Si seguiste este razonamiento hasta aquí, constatarás que no hemos hablado de lo que pasa alrededor, de toda la miseria, pobreza, tristeza y crisis de todo calibre que nos ahogan y entristecen. Entonces, sumando tu malestar y el malestar general, podemos sacar una conclusión: ¿no será que hay algo radicalmente equivocado en nuestra sociedad? ¿Hay algún partido político que sostenga este punto de vista  o habrá que luchar en soledad por transformaciones? ¿No será que tiene razón Hans Magnus Enzsensberger cuando indica que los héroes de nuestro tiempo son los héroes de la retirada? En algunas guerras, los desertores son los verdaderos valientes.

José da Cruz
Geógrafo

  José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a MIRADA IMPERTINENTE