![]() |
||||
|
MALESTARES
¿Qué sabías hacer cuando
naciste? Nada, dirás tal vez. Matemáticas, gracias a dios, no sabías; tampoco
jugabas ajedrez; ignorabas la poliorcética; desconocías la metafísica; no te
importaba la geografía. Hasta el idioma era solo un ruido. Sin embargo sabías
mucho. Sabías, por ejemplo, buscar alimento en el pecho materno, sabías
respirar, sabías eliminar lo que le sobraba a tu cuerpo, dormías “como un
bebé” poco a poco aprendiste a querer y expresarlo con una sonrisa para
fotografías. Más tarde te empeñaste a socializar, aprendiste a caminar, a
hablar, a hacer chantajes sentimentales, a quejarte de presuntas injusticias, a
preguntar cómo y por qué habías llegado a este mundo, por qué esto y lo
otro.
Así creciste, y aprendiste
gramática, taquimecanografía, te enamoraste, escribiste poemas un poquito
vergonzantes, bailaste tangos o cumbias, trabajaste y te pagaron mal, viajaste y
viste que la realidad también era otra cosa. En resumen, te hiciste un lugar en
la sociedad, conquistaste la adultez. De aquel presente eterno que dominaba la
infancia, donde no había balances ni plazos de entrega, ni calificaciones, ni
premios y castigos, pasaste a la realidad, también llamada, con optimismo,
normalidad.
Entonces se impone otra
pregunta: ¿cuánto recuerdas, hoy, adulto, de los conocimientos originales?
Comes mal, amagan la obesidad o la anorexia, el colesterol sube, te mueves poco,
tienes problemas cardíacos, de articulaciones, de la espalda, te despiertas a
media noche y escuchas en la radio a los predicadores y los tarotistas, respiras
mal, el sicólogo y el siquiatra se frotan las manos, el farmacéutico te vende
purgantes, antibióticos, analgésicos, antidepresivos, eméticos, colagogos,
antipiréticos.
En resumen: a medida que te
apropiaste de la cultura y entraste a la civilización, a medida que aprendiste
inglés, manejaste un auto y la computadora, fuiste destruyendo el conocimiento
primario. Parece que todo el aparato está contra ti, contra lo que tenías
ganado por el simple hecho de pertenecer a la especie humana.
Pero hay algo peor: tú, víctima,
apoyas alegremente este genocidio contra aquel que eras o fuiste o habías sido
alguna vez. Y peor aún: lo repites en tus sucesores: ¡estudia!, ¡disciplínate!,
¡sacrifícate hoy y serás feliz mañana! Aplicas los mismos argumentos del
ministro de Hacienda o el Fondo Monetario Internacional. Como ya no crees en
esos entes, tampoco deberías creer en sus argumentos.
Si seguiste este razonamiento hasta aquí, constatarás que no hemos hablado de lo que pasa alrededor, de toda la miseria, pobreza, tristeza y crisis de todo calibre que nos ahogan y entristecen. Entonces, sumando tu malestar y el malestar general, podemos sacar una conclusión: ¿no será que hay algo radicalmente equivocado en nuestra sociedad? ¿Hay algún partido político que sostenga este punto de vista o habrá que luchar en soledad por transformaciones? ¿No será que tiene razón Hans Magnus Enzsensberger cuando indica que los héroes de nuestro tiempo son los héroes de la retirada? En algunas guerras, los desertores son los verdaderos valientes.
José da Cruz
Geógrafo
José da Cruz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).
REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a MIRADA IMPERTINENTE