GLOBALIZACION

 

EL CANDIDATO DE BUSH PARA EL BANCO MUNDIAL  

"Los latinoamericanos no creerán en las recetas de Wolfowitz "

 

Paul Krugman
 


En cuanto a las calificaciones de Paul Wolfowitz para trabajar en el Banco Mundial, puede decirse esto: que estuvo estrechamente asociado con el mayor proyecto de ayuda exterior y desarrollo económico de los Estados Unidos desde el Plan Marshall. Hablo, por cierto, de la reconstrucción de Irak. Lamentablemente, lo ocurrido allí probablemente moverá a los países a desconfiar de cualquier consejo económico que Wolfowitz pueda darles.

No hablemos de la mala administración; hablemos de ideología. Antes de la guerra de Irak, los halcones del Pentágono cerraron las áreas de planeamiento del Departamento de Estado, con lo cual no quedó nadie que tuviera experiencia en desarrollo. Y así, el gobierno fue a Irak decidido a demostrar las virtudes del fundamentalismo de mercado, sin que nadie advirtiera sobre los probables problemas.

Los periodistas que hablaron con Paul Bremer cuando él estaba al mando de Irak destacaron la pasión que ponía cuando hablaba de la privatización de las empresas del estado. No notaron una pasión comparable respecto de la democratización.

De hecho, la ideología económica puede explicar por qué los funcionarios estadounidenses no procedieron inmediatamente después de la caída de Bagdad a celebrar elecciones, aun cuando asegurarles a los iraquíes que nos proponíamos instalar un gobierno títere habría podido quitar sustento a la insurgencia. Jay Garner, el primer administrador de Irak, quería elecciones lo más rápido posible, pero la Casa Blanca quería privatizar el petróleo y otras industrias antes de entregar el control.

Los yacimientos petroleros nunca fueron privatizados. No obstante, el intento de convertir a Irak en una vidriera del laissez-faire fue tan un desaire a la opinión mundial como la decisión de ir a la guerra. Las opiniones dogmáticas acerca de la superioridad universal del libre mercado vienen perdiendo terreno en todo el mundo.


Gobiernos reactivos

Los latinoamericanos son los más desilusionados. A lo largo de gran parte de la década de 1990, ellos "compraron" el Consenso de Washington —proveniente, cabe destacar, de los funcionarios del gobierno de Clinton tanto como de los economistas de Wall Street y think tanks conservadores— según el cual la privatización, la desregulación y el libre comercio llevarían al despegue de las economías. Pero, por el contrario, el crecimiento siguió flojo, la desigualdad creció y la región fue golpeada por una serie de crisis económicas.

El resultado fue el ascenso de gobiernos que, en diversos grados, rechazan las políticas que se perciben como "made in USA". El presidente de Venezuela es el más desafiante. Pero el ejemplo más dramático de contraoleada es la Argentina, en otro tiempo la mimada de Wall Street y de los think tanks. Hoy, tras una devastadora recesión, el país es gobernado por un populista que suele culpar a los extranjeros de los problemas económicos del país y que ha obligado a los acreedores externos a aceptar un acuerdo que les da sólo 32 centavos por dólar.

Y el contragolpe ha llegado incluso a nuestro vecino más próximo. El presidente de México, Vicente Fox, un ex ejecutivo de la Coca-Cola, es un firme creyente en los mercados libres. Pero su gobierno es virtualmente considerado un fracaso. Entre tanto, el alcalde izquierdista del Distrito Federal mexicano, Manuel López Obrador, se ha vuelto enormemente popular. Y su retórica populista suscita temores de que si llega a la presidencia dé marcha atrás con las políticas de libre mercado y libre comercio de las últimas dos décadas.

Fox está tratando de usar una infracción legal menor para tratar de mantener a López Obrador afuera de las elecciones presidenciales. Si lo logra, muchos mexicanos creerán que la democracia fue sacrificada en el altar del capital extranjero.

No hace mucho tiempo, la creciente alienación de América Latina respecto de los Estados Unidos habría sido considerada un gran revés político. Tantas cosas han salido mal últimamente que el umbral de lo que se considera un desastre se ha redefinido hacia abajo, pero esto no es algo que pueda alegrarnos.

¿Donde encaja Wolfowitz en todo esto? El asesoramiento que el Banco Mundial da es tan importante como el dinero que presta, pero sólo si los gobiernos adoptan esos consejos. Y dada la rigidez ideológica que el Pentágono mostró en Irak, ellos probablemente no van a hacerlo. Si Wolfowitz dice que un poco de libre mercado va a ayudar a las economías a crecer, será recibido con el mismo escepticismo que si declarara que algún país tiene armas de destrucción masiva.

Moisés Naím, editor de la revista Foreign Policy, dice que la nominación de Wolfowitz convierte al Banco Mundial en el Banco Americano. Digamos, en el Banco Americano Horrible (para parafrasear a la conocida novela y película): con razón o no, los países en desarrollo verán en la elección de Wolfowitz un signo de que todavía estamos imponiendo políticas que, para ellos, han fracasado.


P. Krugman es un destacado economista de Estados Unidos. Publicado en Clarín, Ecomomía, 20 marzo 2005, Buenos Aires. El artículo se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos.

 

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