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| GLOBALIZACION |
Breve visita a la globalizacion
Erick Román Sánchez
Resumen.
En presente artículo pretende resumir en cinco ideas y cuatro conclusiones, los
elementos esenciales para entender el fenómeno de la globalización, sobre todo
en su vertiente económica. Parte de la definición del concepto de globalización
para hacer, posteriormente, un recorrido histórico sobre su evolución y un breve
balance de su incidencia actual. También se plantean algunas recomendaciones que
se consideran apropiadas para iniciar el necesario camino hacia su regulación
democrática.
I. Cinco ideas sobre la globalización
1. Primera idea: Concepto de globalización
Una definición aceptada de forma común indica que la globalización es un proceso
de integración de las distintas actividades humanas (sobre todo las que tienen
que ver con la producción, el comercio, los flujos financieros, las redes de
información y las corrientes culturales), lo que está permitiendo que el mundo
se perciba cada vez más pequeño (FMI, 1997).
Son muchos los ejemplos que nos muestran este fenómeno. En 1930, una llamada
telefónica promedio entre Nueva York y Londres costaba cerca de 245 dólares;
para 1960, su precio se redujo a 50 dólares; en 1990 éste era de 3 dólares; en
1996 era de sólo 35 centavos de dólar (PNUD, 1999). Hoy en día, gracias a
Internet, esta llamada puede costar lo mismo que una local. También los precios
relativos a los fletes de mercancías han sufrido una reducción similar, lo que
sin duda ha facilitado la conexión entre las distintas zonas geográficas del
mundo.
Otro ejemplo que ilustra el fenómeno de la globalización es el siguiente: un
turista español que viaja a Venezuela puede comprar allí unas zapatillas
deportivas de la marca Adidas (casa comercial alemana), que han sido fabricadas
en Indonesia, y las paga con su tarjeta de crédito American Express (empresa
norteamericana) otorgada por un banco español, que es donde él tiene su cuenta
de ahorros. Este complejo proceso de imbricación que implica aspectos
productivos (fabricación de las zapatillas), comerciales (venta de las
zapatillas), financieras y tecnológicas (forma de pago de las zapatillas), nos
acerca a la idea de un mundo globalizado.
2. Segunda idea: La globalización no es un proceso nuevo; por el contrario,
tiene un largo y profundo recorrido histórico
El concepto de globalización ha sido acuñado recientemente (en los últimos
lustros del siglo XX) y su utilización se ha extendido de forma acelerada. Sin
embargo, ni lo novedoso del término ni su masificado uso, nos deben hacer pensar
que la globalización es un acontecimiento nuevo. Por el contrario, tiene un
amplio recorrido histórico cuyo último estadio estamos viviendo ahora.
Como hemos señalado, la globalización es un proceso continuo y acelerado de
integración de las distintas actividades humanas, razón por la cual algunas
personas han llegado a indicar que la globalización nace con el deseo de las
primeras civilizaciones humanas por relacionarse entre ellas para satisfacer
-sobre todo en un primer momento- sus necesidades alimenticias.
Sin intentar construir un análisis histórico exhaustivo, sí debemos apuntar que
han existido dos grandes olas globalizadoras en la historia reciente de la
humanidad, que a continuación relatamos.
a) Primera gran ola globalizadora. Su principal desencadenante es el
descubrimiento de América (1492), acontecimiento que permite tener, por primera
vez, una imagen global del planeta al tiempo que incluye a un nuevo continente
en la dinámica comercial, económica y política de aquel entonces.
Este énfasis integrador se afirma con el auge del mercantilismo (1500-1800), y
se acelera posteriormente con la irrupción de la revolución industrial en
Inglaterra (1783-1800), acontecimiento que facilita la adopción del sistema
capitalista como forma de organización social, política y económica. La
incipiente industria demanda la incorporación de territorios de ultramar con el
propósito de obtener de ellos, primero, materias primas elementales para el
funcionamiento de la industria (por ejemplo, el algodón), y más adelante,
convertirlos en mercados emergentes para vender en ellos los excedentes de
producción inherentes a esta transformación productiva (la revolución industrial
va a permitir un aumento espectacular de la producción de bienes, hasta el punto
de que éstos no pueden ser absorbidos por el mercado local, al contrario de lo
que sucedía con el anterior sistema de producción artesanal).
A partir de este momento, el mundo vive un febril proceso de interconexión
económica que se va a extender –pasando por sucesivas fases de auge y caída,
debido al carácter cíclico del capitalismo– durante el siglo XIX y los primeros
años del XX. Para darnos una idea de la importancia de este fenómeno, citaremos
que el volumen del comercio internacional en 1870, como proporción del Producto
Interno Bruto (PIB) mundial, era bastante similar al actual (Toribio, 2001: 6).
La primera ola globalizadora llega a su fin unos años antes del estallido de la
Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando las distintas naciones del orbe
empiezan a percatarse del auge de tensiones en el escenario internacional (que
desembocarían en la conflagración), y deciden protegerse aislándose del resto
del mundo, por medio del uso generalizado de altos aranceles y otros
instrumentos que limitan las relaciones comerciales. Este hecho se conoce, en
los estudios sobre relaciones internacionales, como la política de la tortuga,
porque los países buscan seguridad retrayéndose dentro de sus caparazones. Se
trata de una política que va a ser aplicada durante el período de entreguerras
(1914-1945).
b) Segunda gran ola globalizadora. Unos pocos meses antes de finalizar la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las potencias vencedoras de occidente
(principalmente los Estados Unidos e Inglaterra), se muestran interesadas en
tratar de relanzar el proceso de globalización que el mundo había experimentado
antes de la primera gran guerra. La Conferencia de Bretton Woods fue convocada
en junio de 1944 para crear un nuevo orden económico internacional que fuera
idóneo para asumir esta tarea.
Frutos de este encuentro internacional, son el Fondo Monetario Internacional
(FMI), que nace con la tarea de regular y supervisar el sistema monetario
mundial, y el Banco Mundial (BM) al que se atribuye la función de fomentar la
reconstrucción de las zonas devastadas por la guerra y el desarrollo
internacional. En 1945 se añade a estas instituciones el Acuerdo General sobre
Aranceles y Comercio (GATT), conocido desde 1995 como Organización Mundial del
Comercio (OMC), para establecer reglas que favorezcan las relaciones comerciales
y las inversiones en el mundo.
Este nuevo entramado orgánico a escala global logra recuperar el empuje
globalizador, sobre todo en el terreno comercial, que el mundo había
experimentado con anterioridad. Un indicador de este éxito es el hecho que desde
1950 hasta 1999, el comercio mundial creció muy por encima de la producción en
el planeta, lo que significa que muchos de los bienes y servicios que consumimos
en nuestros países son producidos en otros (www.omc.org).
A partir de la década de los años 70 del pasado siglo, la globalización empieza
a tomar un matiz particular, centrándose de forma paulatina en el campo
financiero. Un elemento que motiva este cambio es el desarrollo acelerado de las
tecnologías de la información y la comunicación. Se empieza a masificar (sobre
todo en los años 80 y 90) el uso del satélite, el fax, el móvil e Internet (por
poner sólo algunos ejemplos), instrumentos que permiten con enorme facilidad
mover el dinero por el mundo.
Las tecnologías han facilitado que el capital se desplace libremente por la
geografía del planeta los 365 días del año y las 24 horas del día, en busca de
beneficios económicos inmediatos obtenidos u obtenibles por medio de la
especulación. Por ello, se ha llegado incluso a comparar al mundo como un gran
casino, donde el dinero juega en busca de más dinero.
No existen barreras ni leyes (y parece que tampoco voluntad política) para
evitar que esto suceda. Los nuevos capitalistas prefieren recurrir a este camino
para la obtención de beneficios a corto plazo, antes que invertir en proyectos
productivos, lo que limita la generación de riqueza social (pues, si hay menos
inversión productiva, habrá menos empleo, menos impuestos para pagar obras
sociales, etc.). En resumen, en abril de 1998, los mercados de divisas movían
diariamente 1,5 billones de dólares en el mundo, es decir, cien veces más
recursos que el comercio mundial (Atienza y Gómez, 2000: 9). Además, el dinero
en constante movimiento es un elemento que genera inestabilidad y crisis
financieras recurrentes con elevados costes sociales y políticos para el mundo
pobre. A este tema nos referiremos más adelante.
3. Tercera idea: Diferencia fundamental entre las dos olas globalizadoras
detalladas con anterioridad
Hay una diferencia esencial entre estas dos grandes experiencias globalizadoras
mundiales, la cual se explica a continuación.
· La primera gran ola globalizadora se centró -básicamente- en el campo productivo y comercial, y los Estados de entonces jugaron un papel fundamental en el proceso: eran ellos los que gobernaban y dirigían la integración de sus naciones con el resto del planeta, ya sea por medio de acuerdos políticos, comerciales o avances militares.
· La segunda gran ola globalizadora se viene centrando cada vez con mayor intensidad en el campo financiero y especulativo, gracias al uso masivo de las tecnologías de la comunicación, pasando por encima de los poderes públicos. Es decir, la segunda ola está socavando el poder de los Estados para controlar las consecuencias de este fenómeno.
4. Cuarta idea: La globalización es un fenómeno complejo de analizar, por lo que
hay que huir de las interpretaciones simplistas
La globalización es un proceso complejo y denso en el que intervienen múltiples
factores y actores, por lo que no es fácil llegar a comprender el alcance de
todas sus implicaciones. Por esta razón, es conveniente huir de las
interpretaciones simplistas, tanto de las que afirman que la globalización
traerá el mayor bienestar que jamás ha conocido la humanidad, como de las que
anuncian que el avance de la globalización será como abrir una caja de Pandora
que generará y extenderá múltiples calamidades por el orbe.
Lo que sí podemos indicar es que el camino escogido para materializar esta
globalización, es el resultado de una opción política y social (en gran medida
fruto de la apatía que impide participar en su construcción), que nos plantea
diversas oportunidades y desafíos en el futuro inmediato.
a) Algunas oportunidades que acarrea la globalización. El desarrollo de
las tecnologías de la información brinda a la especie humana, la posibilidad de
tener una concepción integral de los problemas que azotan al mundo. Sabemos que,
por ejemplo, el deterioro medioambiental, la pandemia del SIDA, las migraciones,
el narcotráfico, el terrorismo, etc., ya no son sólo calamidades que afectan al
país que las padece, sino que son problemas comunes que ponen en peligro la
seguridad global. Estos problemas son vistos, hoy, como una verdadera espada de
Damocles que pende sobre la cabeza de todos.
Esta concepción global de los problemas es la que ha provocado que la comunidad
internacional convocara, en los recientes lustros, una serie de conferencias
internacionales que han permitido establecer objetivos de trabajo con plazos
fijos, para tratar de paliar los efectos de estos males (por ejemplo, el
Protocolo de Kioto y los objetivos de desarrollo social establecidos en el
programa “Un mundo mejor para todos”).
Esta nueva conciencia también se refleja en el fortalecimiento de la visión
universalista de los Derechos Humanos (véase el caso Pinochet, la ratificación
del Tribunal Penal Internacional, o la historia de Safiya Hussaini, la mujer
nigeriana condenada en marzo de 2002 a morir lapidada, quien fue rescatada de
esa atroz muerte, gracias a la presión ejercida por miles de ciudadanos de todo
el mundo, campaña coordinada por Amnistía internacional).
Debemos recordar también que las nuevas oportunidades para acceder a más
información a un precio razonable (por ejemplo, mediante Internet), pueden
llegar a mejorar la calidad de las inversiones productivas en el mundo,
facilitando datos precisos sobre suministros, mercados, leyes laborales, etc.
b) Algunos desafíos que depara la globalización. El principal desafío que
plantea este tipo de globalización se deriva de la consideración de que es un
proceso desigual y descompensado, que impide que las oportunidades económicas
lleguen a todos los pueblos y rincones del planeta.
Decimos que es desigual y descompensado porque se centra en los aspectos
financieros, desmantelando toda barrera que impide que el dinero se mueva
libremente por el mundo, en busca de beneficios inmediatos frutos de la
especulación. Se calcula que en la actualidad circula diariamente por el mundo
más de dos billones de dólares, y el 80% de esta cantidad no permanece ni una
semana en el lugar de “inversión”( ). Es imposible que en menos de ocho días,
este dinero pueda incidir en la producción y en el bienestar social.
Un repaso rápido al comportamiento de la Inversión Extranjera Directa (IED) y de
los flujos comerciales, contribuye a demostrar el carácter desigual de esta
globalización. En el año 2000, el 68% de la IED tuvo como origen o destino un
país rico miembro de la OCDE (un claro signo endogámico), mientras que sólo el
0,5% se dirigió a los 49 países más pobres del planeta.
En cuanto al comercio, ésta es una actividad controlada mayoritariamente por las
grandes empresas transnacionales nativas de los países del Norte. Estas
compañías generan las dos terceras partes del comercio mundial (incluso, un
tercio se realiza entre distintas divisiones de una misma empresa). Por ende, el
80% del comercio del planeta se desarrolla entre las zonas más ricas del mundo (EE.UU.,
Canadá, la Unión Europea y el Sureste Asiático).
Además, las naciones ricas gastaron en el año 2000 más de 360 mil millones de
dólares para proteger sus mercados y para subvencionar su producción agrícola,
lo que limita las ventas de los productos agrícolas del Sur en el Norte y, por
tanto, las posibilidades de incrementar su bienestar (Toribio, 2001: 27). Esta
cifra se agiganta cuando constatamos que estas naciones destinaron a programas
de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), ese mismo año, sólo 50 mil millones de
dólares (Intermón-Oxfam, 2001). Es decir, por cada dólar de AOD para los países
del Sur, se gastaron más de seis en impedir la comercialización de sus productos
agrícolas. Sobre este último punto, habría también que llamar la atención sobre
la calidad de la ayuda. Se calcula que el 40% de la población más rica que
habita en el Sur recibe el doble de AOD per cápita que el 40% más pobre (Alonso,
1999: 33).
Según Mike Moore, director general de la OMC, si se abrieran las fronteras de
los países ricos a los productos del Sur, la renta mundial aumentaría en 2,8
billones de dólares y 320 millones de personas saldrían de la pobreza para el
año 2015.
En mayo de 2002, el gobierno de los EE.UU. firmó una ley que incrementa de forma
unilateral y alarmante las subvenciones que destina a su sector agrícola. Se
calcula que en diez años, los EE.UU. van a gastar unos 190 mil millones de
dólares en esta política. Según algunos expertos internacionales, estas
subvenciones permiten que los productores puedan vender sus artículos a un
precio entre un 10 y un 15% más barato( ), volviéndolos más competitivos en
perjuicio de los productos de países como por ejemplo Guatemala, donde la
agricultura representa el 75% del PIB, con la consecuente pérdida de calidad de
vida para la población que vive de esta actividad.
La marginación comercial de las zonas más atrasadas del mundo es alarmante; por
ejemplo, África cuyas exportaciones representaron, en 1948, el 7% del todas las
exportaciones globales, descendió a sólo el 2% en el año 2000 (www.omc.org). Si
este continente llegara a desaparecer, no le pasaría absolutamente nada al
mundo, en términos comerciales.
El desequilibrio también se refleja en el celo con el que se regula e impide el
movimiento de las personas por el planeta. Resulta cuanto menos curioso ofrecer
al capital libertad irrestricta para que busque mejores oportunidades en
cualquier parte, mientras se les cierran las puertas a los seres humanos, cuyo
bienestar debería ser la razón suprema del desarrollo y de la economía como
disciplina y actividad social.
El sesgo financiero y especulativo de este tipo de globalización está
cuestionando la legitimidad de la democracia como sistema de convivencia. Los
ciudadanos de los países del Sur están constatando que sus autoridades políticas
son incapaces de contener los efectos perniciosos que las crisis financieras
(promovidas por la libertad irrestricta de los movimientos especulativos),
producen en sus vidas. El poder se está concentrando en los mercados financieros
globales (donde no llega el control democrático de las personas), desdeñando el
espacio local, que es el que ocupa la gente de carne y hueso. Las encuestas de
las Naciones Unidas dicen que un 66% de los ciudadanos del mundo no se siente
representado por unos gobiernos que han abdicado de su función de controlar los
fenómenos globales. La legitimidad democrática se erosiona y esto supone un
grave riesgo para el futuro de todos.
5. Quinta idea: La regulación democrática de la globalización permitiría
aprovechar sus oportunidades y minimizar sus riesgos
La regulación del proceso de globalización, por medio sobre todo de la
construcción de una democracia global, es el instrumento idóneo para conseguir
extender las oportunidades y, a la vez, reducir los riesgos que conlleva.
Hay un principio que señala que cuando no hay igualdad, la libertad oprime
mientras que la ley libera. Esta idea ejemplifica muy bien lo que sucede hoy en
día: ni todas las personas ni todos los pueblos del mundo están en igualdad de
condiciones frente a los efectos de la globalización indiscriminada.
La regulación democrática debe construirse, por lo menos, desde dos flancos, uno
macro y otro micro, cuyos elementos esenciales resumimos a continuación:
· El nivel macro tiene que ver con la apertura de las principales instituciones internacionales (FMI, BM, OMC, Consejo de Seguridad de la ONU), para que todos los países del mundo tengan el mismo poder de decisión (de tal manera que cada país sea igual a un voto). En una democracia local, por ejemplo, nadie toleraría hoy en día que el voto de un multimillonario valiera más que el de otro ciudadano. Este principio de igualdad debe guiar la reforma de los organismos internacionales y la construcción de la necesaria democracia global. También se debe trabajar para que estas instancias tomen sus acuerdos con la mayor trasparencia posible; ya se sabe que es más difícil que surjan dudas cuando la toma de decisiones es transparente. Además, se debe valorar la posibilidad de que las principales organizaciones civiles que han venido trabajando pacíficamente por definir alternativas al camino por el que discurre esta globalización, puedan tener una participación activa (como observadores, por ejemplo), en estas organizaciones. Por último, la tarea prioritaria que ha de acometer este entramado institucional es la lucha contra la pobreza y la discusión de varias iniciativas como la Tasa Tobin, la Propuesta 20/20, la renta básica de ciudadanía y los códigos éticos para empresas transnacionales, entre otras.
· El nivel micro es el que conlleva la asunción de responsabilidades individuales en la construcción de esta democracia global. Está en nuestras manos, como ciudadanos, sensibilizar y presionar a los agentes políticos y empresariales, para que regulen los efectos inmediatos que está provocando este tipo de globalización. Hay muchas puertas abiertas para ser cruzadas, por ejemplo el ejercicio del consumo responsable, el fomento del comercio justo y la demanda de fondos de inversión ética. En síntesis, significa volver a encontrarnos en el escenario común de la política, pues los asuntos públicos son como nuestra casa, a la que debemos ciertas atenciones. Si no cuidamos el tejado, la calefacción, las cañerías, los suelos, nuestra casa común (los asuntos públicos) podría derrumbarse y dejarnos a la intemperie.
II. Cuatro breves conclusiones sobre la globalización
Una vez que hemos consignado cinco grandes ideas en torno a la globalización,
pasamos a resumir cuatro conclusiones que consideramos oportunas.
1. La forma en que se está construyendo
esta globalización, paradójicamente, no permite concluir que se trate de un
fenómeno global. Al contrario, el proceso es bastante selectivo, ya que prima lo
financiero y especulativo y, en los aspectos comerciales y de inversiones
productivas, se limita sólo a conectar entre sí a las zonas geográficas más
dinámicas del mundo, lo cual provoca una mayor y más profunda marginación de los
países y pueblos pobres.
2. Este tipo de globalización, que sobredimensiona el factor financiero y
especulativo, está transformando cualitativamente la esencia del capitalismo,
sistema que nació con la idea de centrarse en la producción de bienes y
servicios como medio para generar riqueza individual y social. Hoy, constatamos
que predomina la especulación sobre la producción para crear beneficios
inmediatos (más propio de los sistemas pre-capitalistas), lo cual cuestiona la
raíz y el motor del capitalismo como sistema económico.
3. Esta globalización no está ayudando a fomentar el desarrollo del Sur. Se ha
publicitado de forma reiterada que las oportunidades comerciales, financieras y
tecnológicas que acarrea la globalización conducirán al desarrollo de los
pueblos pobres. Pero esto, más que una idea contrastada, es un acto de fe. Debe
quedar claro que una globalización equilibrada y democrática es un requisito
necesario pero no suficiente para alcanzar el desarrollo. El desarrollo es ante
todo, un proceso de asunción de responsabilidades internas que implica, entre
otras cosas, la conclusión del proceso de construcción de ciudadanía, el
mantenimiento de la paz interna, la reducción de gastos militares, el
fortalecimiento del estado de derecho, la lucha contra la corrupción, la lucha
por la cohesión social y por el mantenimiento de las condiciones macroeconómicas
y un mayor esfuerzo productivo en el campo de las inversiones y las
infraestructuras. En esta dinámica todavía tienen mucho que decir los pueblos y
los dirigentes del Sur. Por ejemplo, una nación como Brasil poco podrá avanzar
en el camino del desarrollo y el bienestar para la mayoría de su población, si
el 4% de sus ciudadanos sigue disfrutando del 50% de la riqueza del país. En
este caso es necesario la adopción de políticas internas que permitan
redistribuir equitativamente estos ingresos.
4. La forma en que se está llevando a la práctica esta globalización es el
resultado de una opción política y social; es decir, es un proceso de
construcción humana (no es un mandato divino, de origen sobrenatural, que se nos
ha impuesto), de modo que podemos influir en él. La globalización puede y debe
ser regulada por medio de una nueva democracia global, que coloque al ser humano
en el centro del proceso. Aunque se haya extendido la falsa idea de que las
acciones individuales no influyen en los fenómenos que nos rodean, idea que nos
lleva a la apatía y aumenta nuestro individualismo, y aunque muchas personas
digan que la política de nada sirve, vale la pena subrayar que muchas de las
decisiones que nos afectan día tras día se toman bajo el amparo o imperio de la
política. Pero, también debemos darnos cuenta de que, en las márgenes de la
política, hay muchos ejemplos que nos muestran que la suma de pequeñas acciones
individuales se convierte en grandes transformaciones. Ya lo dice un viejo
proverbio africano: mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo pequeñas
cosas, pueden cambiar el mundo.
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Erick Román Sánchez es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Costa Rica y Máster en Cooperación al Desarrollo Sostenible por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.
Desarrollo Humano e Institucional en América Latina, No 36, 26 noviembre 2002, IIG Barcelona.