![]() |
| FORO SOCIAL MUNDIAL - PORTO ALEGRE 2005 |
LAS OTRAS DOMINACIONEs
Raúl H. Lugo Rodríguez
Los talleres y discusiones del Foro Social Mundial se
realizan en tres sesiones, cada una de ellas de tres horas de duración y
separadas por una escasa media hora que apenas alcanza para que las
organizaciones dejen el salón limpio y vacío para los siguientes ocupantes. Las
distancias que hay que caminar para trasladarse de un lugar a otro (y la
necesidad, claro, de hacer otras cosas en el día aparte de discutir) hacen casi
imposible que uno pueda participar, al menos en su totalidad, de tres sesiones
completas cada día. De suerte que no queda más remedio que, entre las múltiples
posibilidades que ofrecen los once espacios temáticos, escoger los talleres que
sean más afines a los propios intereses.
En el primer día de trabajos del foro, después de dedicar la mañana a
reflexionar y discutir sobre los impactos de la globalización y las múltiples
reacciones ciudadanas, me encaminé hacia la segunda mesa de discusión que había
elegido para este día, pomposamente titulada "Derechos humanos para la
transformación social: Afirmando la dignidad humana, la justicia social y
económica en un mundo globalizado", para encontrarme con que había sido
cancelada.
Entre los ejes en que fueron agrupadas las discusiones del Foro Social Mundial
figuran dos que habían llamado mi atención desde que leí el programa por primera
vez. Se trata del espacio B, donde se discute acerca de la defensa de las
diversidades, la pluralidad y las identidades, y el espacio K, donde tienen
lugar las conversaciones sobre ética, cosmovisiones y espiritualidad. Me propuse
visitarlos. La cancelación del taller, al que hice referencia más arriba, me
ofreció la oportunidad de adelantar mi visita al espacio dedicado a la defensa
de las diversidades.
Entré al taller titulado: "¿Familia o familias? Una discusión a partir de la
religión", organizado por la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a
Decidir. Ayudada por breves exposiciones, académicas y/o testimoniales, de tres
mujeres (argentina, uruguaya y mexicana) y un sociólogo argentino, la discusión
de los participantes tomó altos vuelos. Se habló de la deconstrucción del
"paradigma patriarcal", que permea el pensamiento religioso y genera prácticas
inequitativas en la sociedad y en las iglesias. Se abogó porque la familia no
sea concebida como un único modelo impuesto, sino como una construcción
comunitaria basada en el amor, la alegría, la solidaridad, el respeto, y la
posibilidad de resignificar las familias desde lenguajes y prácticas
libertarias.
La distinción entre familias buenas y malas, estructuradas o desestructuradas,
supone un solo modelo de familia. No cabe duda que esta concepción está en
crisis desde hace muchos años, y es objeto de calurosos debates. Hoy los
movimientos sociales comienzan a exigir el reconocimiento y la legitimación de
estos tipos alternativos de familias, y eso comienza a resultar peligroso para
la ideología del pensamiento único.
Algunos participantes conversaron sobre su propia experiencia, desde los apuros
por los que pasa una maestra de escuela católica, obligada a hablar de la
familia ideal a un auditorio compuesto por niños y niñas que, en más de un
ochenta por cierto, son hijos de familias así llamadas "disfuncionales", hasta
un pastor luterano que defendió con pasión y elocuencia que el modelo único de
familia, mal llamado "natural", no fue impuesto sino hasta hace poco tiempo y
que no forma parte de la tradición bíblica ni de la historia de las iglesias.
Con la mente todavía llena de cifras sobre la pobreza y sobre el impacto de la
actividad de las transnacionales dentro de los países, me costó un poco de
trabajo situarme ante este nuevo terreno de discusión. Entonces recordé que el
siglo XX fue convulsionado no solamente por la aplicación de las ideas de Karl
Marx, sino también por las de Sigmund Freud. Y que la dominación no tiene
solamente una vertiente económica, sino también vertientes sociales, culturales
y religiosas. La lucha por ese otro mundo posible, que anuncia el lema del Foro
Social Mundial, tiene también que transitar por estos caminos.
R. Lugo es doctor en Sagradas Escrituras y analista de informacion en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad- América Latina). Publicado en La Insignia el 28 de enero 2005.