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FORO SOCIAL MUNDIAL
UNA IDEA SIMPLE
Andrés Scagliola
CLAES - Uruguay
Esto que ahora conocemos como Foro Social Mundial (FSM) es el resultado de una idea muy sencilla: la oposición a lo que los franceses, en parte padres de la criatura, han denominado pensamiento único -el neoliberal- y que ha hegemonizado el llamado proceso de globalización tal como la conocemos. De esta idea se han derivado otras tan simples como acertadas.
Se trató de darle concreción material a esa oposición: un adversario, un enemigo. La identificación no fue difícil. Éste sería el Foro Económico Mundial (FEM), reunión anual de los personajes emblemáticos del nuevo mundo globalizado (George Soros, Bill Gates, por señalar un par). La simultaneidad de las reuniones reforzaría la idea de oposición, de alternativa. El resto vine solo: ya que el FEM es por invitación, éste sería abierto a todos los movimientos sociales que en él quisieran participar, y, siendo el otro realizado tradicionalmente en Davos (Suiza), éste sería en el sur. Para comenzar se eligió Porto Alegre (Brasil), ciudad gobernada desde 1988 por el Partido de los Trabajadores, en la que se ha concebido y experimentado el orçamento participativo, esto es, la participación de los ciudadanos de a pie en la elaboración y la definición de prioridades del presupuesto público. Finalmente, el FSM no sería resolutivo sino deliberativo y habría un solo presupuesto de base: el de que otro mundo es posible.
La realización del segundo FSM, nuevamente en Porto Alegre, reafirma la fuerza de estas ideas simples. La comparación abruma: si al primero asistieron unas 10.000 personas, a éste lo hicieron una 50.000; si en el otro se realizaron cerca de 400 talleres, en éste se concretaron más de 700. Más de 150 conferencistas y 22 testimonios.
En realidad, toda mirada de lo que sucedió en esos seis días que van del 31 de enero al 5 de febrero de este año es parcial. No existen uno sino múltiples foros que cada participante puede ir armando según sus propias inquietudes. Tanto así que no hay un momento único en el que la totalidad de los participantes estén reunidos. Además, al Foro Social Mundial le han nacido algunos hermanos menores. Antes y durante la reunión oficial del mismo se realizan otros tantos foros (por ejemplo, de parlamentarios, de autoridades locales, de jueces o de sindicalistas) y reuniones como el Campamento Intercontinental de la Juventud que, en un parque de la ciudad, convocó a más de 10.000 jóvenes de todo el mundo.
Además de la fuerza del número, otra característica del FSM que esta segunda reunión ha venido a reforzar es la de la diversidad de propuestas. Las publicaciones distribuidas en el FSM dan cuenta de ello: revistas de la ciudad de Santo André de la que era prefecto el recientemente asesinado Celso Daniel del Partido de los Trabajadores; materiales de la Alianza Social Continental que reúne a trabajadores, campesinos y ambientalistas opuestos al Área de Libre Comercio de las Américas; publicaciones del MOST, programa de la UNESCO sobre gestión de las transformaciones sociales; un jornal de un grupo de libre expresión sexual llamado Nuances; folletos del Le Mediateur de la République francés; un documento de síntesis de las propuestas del Foro Internacional sobre Globalización; e, infaltable, un librillo sobre el presupuesto participativo de Porto Alegre en el que (esto sí cuesta creer si miramos nuestras democracias y la distancia entre representantes y representados) constan los nombres, direcciones y teléfonos de los consejeros regionales y de los consejeros de áreas temáticas electos por los ciudadanos que toman parte en la elaboración del mismo.
Es imposible dar cuenta del conjunto de los debates del FSM. Remitámonos a uno de ellos que puede, en alguna medida, ilustrar el estado de la discusión en el mismo foro. El 4 de febrero se realizó una conferencia sobre Soberanía, Nación, Estado de la que participaron, entre otros, Michael Hardt -autor junto a Toni Negri del libro Imperio- Daniel Bensaid -de la Universidad Paris VIII- e Isabel Monal -de la revista cubana Marx Ahora-.
El norteamericano Michael Hardt propuso, entonces, una tesis que intenta
superar la noción clásica de imperialismo. La nueva forma de dominación, a la que
denomina Imperio existe en la forma de una red mundial, de poder distribuido,
de reglas ilimitadas que tienden a abarcar el mundo entero, sin un centro definido. A
ésta reformulación de las formas de dominación debe oponerse y de hecho el foro
comenzaría hacerlo- un nuevo sujeto político que Hardt denomina multitud:
La multitud es en principio una clase, que se define por la lucha
colectiva. Incluye a todos los que trabajan bajo las reglas del capital, y por lo tanto, a
todos los potenciales opositores a ellas. Esta multitud incluye desde a
trabajadores y campesinos pero también a nuevos colectivos como las feministas y los
defensores de los derechos de los gays, los movimientos ambientalistas, los defensores de
los derechos humanos o los excluidos.
Para Hardt, los que protestaron en Seattle y Génova contra la OMC y el G-8
se dieron cuenta de quiénes eran los nuevos contendientes. Los manifestantes
comprendieron que no es Estados Unidos el responsable. Si así lo hubieran creído,
habrían reclamado ante la Casa Blanca, o Wall Street, o el Pentágono. Sin embargo lo
hicieron contra el G8 y la OMC. Eso demuestra que saben dónde está el enemigo. Se está
construyendo la multitud, un poder opositor que también tiene forma de
red.
Las nuevas categorías de análisis propuestas por el autor de Imperio fueron cuestionadas tanto por Daniel Bensaid como por Isabel Monal. Para Bensaid, no deberían abandonarse las categorías marxistas tradicionales -entre ellos el de lucha de clases- ya que multitud vendría a dar un nuevo nombre al proletariado, en tanto, el afirmar que son los organismos internacionales los nuevos agentes de dominación internacional, en alguna medida, exculparía a Estados Unidos en su papel de potencia imperialista. Para Monal, sin mayor argumentación ni análisis, la cosa es simple: Estados Unidos es la potencia imperialista, los Estados nacionales son instrumentos de la burguesía y el proletariado es el agente revolucionario por excelencia. Como decíamos antes la simplicidad, como la consigna, tiene fuerza: el público aplaudió a rabiar a la cubana aún cuando su intervención no tomaba nota de la multiplicidad de movimientos sociales que habían surgido después de la primera revolución industrial.
Si alguna observación provisoria se puede realizar a partir de este debate es que el FSM y los actores que lo componen- aún deben enfrentar sus propios reflejos condicionados para analizar, debatir y sintetizar ideas que den cuenta de los tiempos actuales y de las estrategias adecuadas a ellos para alcanzar una alternativa que es sólo una entre una pluralidad de otros mundos posibles (como afirmó Immanuel Wallerstein en su conferencia modificando esa visión bipolar que propone la consigna del FSM). De esto, el debate sobre las nuevas formas de dominación internacional y la composición social de la oposición a la misma es sólo un ejemplo.
Aún así, en esta misma conferencia, se dio cuenta de otras definiciones interesantes e importantes en esa construcción. Cuando un delegado de Batasuna, brazo político de la ETA, presente en el público, preguntó a Daniel Bensaid por el derecho de autodeterminación de los vascos, éste dejó en claro que veía favorablemente el mismo pero que levantaba una advertencia en contra de los planteos apoyados en identidades de tipo étnico (un documento distribuido por Batasuna habla de socialismo identitario). Concretamente, por sus derivaciones fascistas y autoritarias. Bensaid, en su intervención, propuso privatizar la nacionalidad -como antes se privatizó la religión- y separarla de la noción de ciudadanía que, afirmó, debe alcanzar a todas las personas sin distinción- que habitan un determinado territorio. Sus palabras también tuvieron el respaldo fervoroso del público.
Un publicista español dijo hace unos años, para escándalo de muchos, que el mejor producto vendido hasta ahora es la religión cristiana. Es un producto intangible que, sin embargo, ha estado en el mercado, exitosamente, desde hace dos mil años. Promete un cielo (el paraíso), tiene una liturgia (la misa, la procesión, el bautismo, el casamiento, etc) y, claro, es respaldado por una argumentación (no peques y entonces irás al paraíso).
De alguna manera, el Foro Social Mundial ha iniciado la construcción de esa propuesta-producto alternativo al de las grandes corporaciones trasnacionales y organismos internacionales que hasta ahora han hegemonizado la globalización. El Foro promete un cielo (una globalización distinta) y, en estos dos años, ha cristalizado una liturgia (las conferencias, los talleres, la recientemente estrenada canción del foro, el logotipo en el que los cinco continentes se presentan en uno al lado del otro). Como vimos, aún le resta profundizar en la argumentación de esta idea simple -de este cielo- que dice que otro mundo es posible.
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