ECONOMIA Y DESARROLLO

AMERICA LATINA CONVERGE HACIA LA DESIGUALDAD


Paola Visca

Recientemente el Banco Mundial difundió un estudio sobre la situación de los países de América Latina respecto a la desigualdad de sus habitantes, tanto dentro como entre países. El informe del banco llegó a una conclusión que todos sabemos: el continente enfrenta enormes desigualdades con escandalosas situaciones de pobreza y marginación. Un ejemplo alarmante al respecto lo encontramos en Honduras, donde un 75% de la población vive con menos de 2 dólares al día.

El informe presenta además una serie de comparaciones con los niveles de equidad y pobreza en otras regiones, con datos muy interesantes, y que obligan a mirar con más humildad algunos de los llamados casos "exitosos" en América Latina. Nuestro continente es el que presenta la mayor desigualdad en el mundo. Incluso con respecto a Africa o el cercano Oriente, América Latina presenta el más alto índice de Gini (un indicador de la inequidad). En los años 90, el África subsahariana, por ejemplo, mostraba un índice de Gini de 47, contra 49,3 en América Latina. La diferencia aumenta si consideramos áreas más desarrolladas.

El informe encontró que no solo la histórica desigualdad de ingresos (y por lo tanto de consumo) en América Latina se sigue manteniendo, sino que se ha incrementado en las tres últimas décadas. Sin embargo uno de los aspectos más llamativos del reporte es que se verifica una tendencia a la convergencia de la desigualdad. Por un lado en la mayoría de los países considerados la desigualdad ha aumentado, y por otro, en los históricamente más desiguales, como Brasil y México, se redujo un poco pero para Converger hacia niveles comunes con el resto, en niveles que todavía son muy altos.

América Latina avanza hacia una ironía de igualdad en la desigualdad. La región presenta en promedio en la década de 1990 un valor de 49,3 en el índice de Gini, una cifra nada alentadora si tomamos en cuenta que con respecto a la llamada "década perdida" de 1980 solamente mejoró la inequidad el continente en medio punto porcentual. Esa desigualdad no solamente es mala en sí misma, sino que entorpece la disminución de la pobreza. Existe una relación directa entre estas dos variables: a mayor desigualdad mayor pobreza.

El deterioro se la igualdad se puede ilustrar con el caso argentino, donde a comienzos de la década pasada, el índice de Gini para el ingreso per cápita de los hogares era de 44,7, mientras que a finales de los 90 la desigualdad aumenta llegando al valor de 52,2. Recordando que la desigualdad aumenta al acercarnos al valor 100, Argentina aparece como uno de los países que más ha sufrido este fenómeno. Incluso Uruguay, que más de una vez se lo presenta como ejemplo, empeoró levemente de 44,2 a 44,6. Otro tanto ha sucedido con Venezuela. Estos países se caracterizaban en el pasado por ser los más equitativos del continente, y paradójicamente son los que han resultado más afectados por el aumento de la desigualdad.

Sólo cinco países mostraron mejorías: Brasil, México, Honduras, Paraguay y República Dominicana. En el caso de Brasil y México esos indicadores disminuyeron levemente; el primero pasó de 61,2 a 59, mientras el segundo de 55,9 a 54,6 en la década de 1990. Sin embargo si se considera la distribución del ingreso por grupos equivalentes al 10% de la población, se observa que en Brasil, en 1990 el decil con los menores recursos recibía el 0,8% del ingreso, y apenas aumentó al 0,9% en el 2000. Los casos de Venezuela y Argentina son nuevamente llamativos, habiendo disminuido el porcentaje de participación de los respectivos deciles más pobres (1,7% a 1,3% en el caso de Venezuela y desde 1,8% a 1% en Argentina).

La desigual distribución del ingreso generado en estas economías, no hace sino profundizar las diferencias dentro de las sociedades. Si bien la educación ha ido universalizándose en los países de América Latina, esto ha conducido muchas veces a un emparejamiento hacia abajo en la calidad de la educación, perjudicando a quienes menos recursos tienen. Las clases más pudientes (que suelen ser blancos) optan en general por la educación privada, separándose cada vez más en su instrucción. A su vez, los mercados laborales se caracterizan por exigir niveles más y más altos de educación, lo que pone en evidencia que la formación primaria e incluso secundaria no son suficientes en comparación con la educación universitaria. Es decir que la brecha en este sentido continúa siendo amplia, y de mantenerse esta tendencia va a ser muy difícil lograr la convergencia.

Los niveles de educación a su vez determinarán la inserción laboral y el salario. Por ejemplo, considerando el nivel de instrucción en Brasil es donde se observa la mayor desigualdad entre los salarios de quienes tienen alto y bajo grado de instrucción. En el 2001 dicha relación alcanzó 6,5 veces. Otros países que muestran altos valores para esta relación son Chile 5,2, mientras que en Colombia y Nicaragua se alcanza un ratio de 4,7.

Claramente casi todo el mundo encuentra escandaloso este nivel de desigualdad. El estudio del banco presenta el resultado de las encuestas donde más del 80% de la población de los países de América Latina considera injusta la distribución del ingreso. Pero buena parte de esa población tiene fuertes responsabilidades, en sus valores y prácticas, en mantener esa marcha constante hacia la desigualdad. Es un drama que se repite una y otra vez desde hace años, donde siguen habiendo mucho mas diagnósticos como los del Banco Mundial, y pocas medidas concretas de solución, como las que reclama la gente.

 

(*) Artículo publicado en La Inisgnia, noviembre 2003.

 

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