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| ECONOMIA Y DESARROLLO |
Las multinacionales "beduinas",
nómades de la globalización
Roberto Savio
En el año 1989 Bérgamo se convierte en punto de referencia dentro del debate internacional sobre democracia cuando un docente de la universidad de Harvard, Robert Putnam, publica un largo artículo titulado "How to put democracy to work. Civic traditions in modern Italy". El artículo estaba dedicado a indagar las razones por las que las grandes transferencias de capital del Estado a las regiones, que se dieron durante la reforma de 1975, habían tenido un gran efecto de multiplicador en el norte de Italia y casi ninguno en el sur.
El equipo de investigación plantea la reflexión sobre varias cuestiones, por ejemplo, si hay más licenciados universitarios en el norte que en el sur. Se descubre que no son más que en el Sur. Continua la indagación sobre más puntos y preguntas hasta llegar a una conclusión fundamental. La verdadera diferencia consiste en que en el Norte existe un tejido social organizativo que va desde los círculos deportivos a los filarmónicos, el cual está mucho menos desarrollado en el Sur. Este tejido organizado, que marca la diferencia, tiene la capacidad de absorber y desarrollar las inversiones públicas. En otras palabras: la democracia funciona sólo si los ciudadanos tienen la capacidad de sentirse parte de una sociedad activa y comprometida. Y el territorio de Bérgamo (junto al Trentino) sirve como prueba de esta teoría.
Putnam, el en año 2002 publica otro libro famoso, esta vez dedicado enteramente a las transformaciones del capitalismo americano: "Bowling Alone: the collapse and the revival of American Capitalism".
Se trata de una minuciosa investigación, dirigida a todos los Estados de la Unión, en la que documenta cómo los jugadores de bolos habían aumentado mientras que las asociaciones de practicantes de este deporte casi habían desaparecido. Y no eran los únicos: casi todos los círculos deportivos, las asociaciones culturales, las de los jugadores de ajedrez, las de las universidades o de los institutos de secundaria, han ido desapareciendo paulatinamente en los últimos veinte años.
La investigación de Putnam se basa en el estudio de cómo la transformación del capitalismo americano, que una vez se sustentó en el territorio y después se globalizó (al principio internamente y ahora ya internacionalmente), ha eliminado las relaciones con el territorio, introduciendo enormes cambios sociales y culturales en sus zonas de implantación. Un ejemplo interesante es la crisis de las orquestas sinfónicas locales. En otro tiempo, las industrias estaban dirigidas por personas de la ciudad, que destinaban parte de los beneficios a las artes de la zona, pues se sentían parte de ella. Con la globalización, el director de la empresa asentada en una ciudad casi siempre es alguien que está allí de paso, entre una y otra sede de la multinacional. Su vínculo con el territorio es completamente diferente, y las orquestas sinfónicas locales, como tantas otras estructuras que se regían por el sentido cívico común, están hoy en una absoluta crisis de supervivencia.
En otras palabras, quien ha cambiado es el capitalismo, que ya no se siente responsable del territorio en el que opera, y por consiguiente tampoco de sus ciudadanos. Creo que podemos ponernos de acuerdo sobre algunos elementos que resultan evidentes en esta reflexión.
El primero de ellos consiste en observar que la globalización tiene dos motores, el comercio y las finanzas. Mientras el comercio tiene reglas y mecanismos que han encontrado en la OMC (Organización Mundial del Comercio) una (discutible) gobernabilidad, las finanzas no tienen ningún instrumento de gobierno, incluso cuando el flujo de los capitales financieros es, al menos, veinte veces superior al productivo. En cuando a las enormes ganancias producidas por las finanzas, basta pensar en el éxito financiero de los Hedge funds, que han creado un efecto de demostración de gran importancia en el mundo de la industria. Pongamos un ejemplo: todavía en los años 80 del siglo pasado, las fábricas americanas en el mundo de la industria estaban dirigidas por profesionales del sector. Hoy, por ejemplo, en el sector de la pintura, sólo el 4% tiene directivos ingenieros. Los dirigentes son todos MBA, es decir, licenciados en administración y dirección de empresas, o CPA, es decir, auditores. Los nuevos dirigentes han sido adiestrados para la búsqueda del máximo beneficio económico y en este paradigma, el trabajador es sólo una variable de análisis.
Obviamente, el beneficio económico ha sido siempre la base histórica de la empresa. Pero el capitalismo ha cambiado. Sirva como ejemplo el debate sobre la gran cadena comercial COSTCO, la quinta en importancia de los Estados Unidos, - en competencia directa con Wal Mart, la empresa privada más grande del mundo -, la cual se distingue por impedir la sindicación de sus 300.000 empleados. Hace tiempo que los analistas americanos vienen atacando a COSTCO por el alto nivel de sus salarios (17 dólares por hora frente a los 15 dólares por hora que paga Wal Mart). El analista del Deutsche Bank, Hill Dreher, se lamenta porque en COSTCO, es mejor ser empleado que accionista , y porque James Sinegal, el CEO (el máximo cargo gerencial) de COSTCO, es más generoso con los clientes (a los que hace grandes descuentos), y sobre todo, con sus trabajadores. Se puede pensar que estas críticas sean debidas a la mala dirección de Sinegal. Pero el precio de las acciones de COSTCO ha aumentado el 10% en el último año, mientras que el de Wal Mart ha caído el 5%. Y las ganancias de COSTCO son del 23%, contra el 19% de Wal Mart. En otras palabras, Sinegal satisface a sus clientes, recompensa adecuadamente a su personal (que también tiene un plantel médico mejor que los de otras cadenas), y consigue importantes ganancias. Pero los analistas financieros dicen que si redujese los sueldos, el personal y los gastos asistenciales, daría muchos más beneficios a los accionistas.
Según el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, esta lógica del beneficio absoluto (que nos lleva a los acontecimientos acaecidos en la empresa Enron), se termina cuando el temor de la competencia soviética desaparece. Se pasa entonces del capitalismo con bases éticas, al capitalismo salvaje. Krugman ofrece el ejemplo de John Rockefeller, el más rico hombre de los Estados Unidos durante la época de oro del desarrollo del capitalismo de la Unión. En 1894 declaró un beneficio de 1.25 millones de dólares, cerca de 7.000 veces el ingreso medio americano. Pero el director de una de las Fundaciones Hedge, James Simons, el pasado año se llevó a casa 1.7 mil millones de dólares, que es más de 38.000 veces la tasa de ingreso media. Otros dos directivos de la Fundacion Hedge han recibido más de mil millones de dólares, y los 25 directivos más importantes han recibido más de 14 mil millones de dólares. Naturalmente, estas sumas ponen celosos a los directivos de las compañías de producción. De las compañías indicadas en Standard & Poor 500, que han dado informaciones sobre los estipendios de la dirección, la mitad de los CEO solamente perciben 8.3 millones de dólares al año, pero los otros alcanzan a Terry Semel, de Yahoo, que el pasado año ha recibido entradas de dinero por 71.7 millones de dólares. Se nota que los sueldos no tienen nada que ver con la representatividad de los CEO. El caso más clamoroso ha sido el de Robert Nardelli, de Home Depot y Hery Mckinell, de Pfizer, que han abandonado sus respectivas empresas tras obtener desastrosos resultados, ganando respectivamente 210 y 200 millones de dólares respectivamente.
Otro caso que puede servir como ejemplo ha sido el de la compensación con 200 millones de euros al CEO de Airbus, que ha sido despedido por haber llevado casi a la ruina a la compañía... Mientras las ganancias medias de los CEO han aumentado hasta un 47% en los dos últimos años, sólo el 63% de las empresas han aumentado las ganancias más de un 3%. Otro aspecto sobre el que hay que reflexionar, es que las multinacionales apuntan siempre hacia reducción de la fuerza del trabajo. Las 500 multinacionales más importantes representan el 25% de la producción económica mundial, pero emplean sólo del 0.05 al 1% de la población mundial. En el Foro Económico de Davos de 2004, el director Klaus Schwalb ha recordado que las ventas de las diez multinacionales más grandes superan la suma del (PBI) producto interior bruto de los cien países más pequeños del mundo. Sólo la General Motors (135 mil millones de dólares de facturación en 1992) equivalen al PIB de Nigeria, Uganda, Kenia, Pakistán, Zaire, Tanzania, Etiopía, Bangladesh y Pakistán juntos, donde vive un quinto de la humanidad.
En este nivel de reflexión, el territorio de Bérgamo es una entidad abstracta, donde probablemente ningún dirigente de multinacional va a poner los pies. Es un elemento más necesario en un cálculo matemático de beneficios, sin ningún respeto por los hombres, la historia, la cultura, la sociedad, que son parte del concepto de capitalismo anterior a la globalización, en el que la relación entre el capital y el territorio formaba parte de la cultura productiva. Para quién se sienta en el sillón de mando de una multinacional, las elecciones deben ser frías y decididas, porque tienen que ver con su propia supervivencia. Así el mercado elimina a los directivos que no tienen éxito. El anteriormente citado James Sinegal, de COSTCO, ha cerrado la boca a sus críticos, conservando un salario simbólico (411.688 dólares, el pasado año). Pero se ha distribuido 2.4 millones de acciones de COSTCO por un valor de 1.300 millones de dólares, dejándose abierto el derecho a comprar otros 1.2 millones de acciones adicionales.
Creo que esta mirada del nuevo capitalismo, como lo llama el Premio Nobel Stiegliz, ex director económico del Banco Mundial, nos explica cómo el debate sobre la dislocación de las empresas BDF y Chemtura, sin ni siquiera esperar las celebraciones del Centenario de la Confindustria de Bérgamo, demuestre que estamos frente a culturas directivas que no tienen nada que ver con la realidad del territorio de Bérgamo, ni con sus tradiciones industriales y artesanales.
Por consiguiente, el debate entre industriales que buscan la manera de atribuir la responsabilidad de lo que está por venir, y aquellos que se defienden de mil formas, es un debate interno, que utiliza aquellos hechos venideros para continuar una discusión que ya se viene desarrollando desde varios años, demostrando la validez de una antigua máxima: Todo es siempre sobre algo diferente . El debate entre la industria y los sindicatos se sustenta en razones válidas y reales: pero tironear adentro de este debate las multinacionales, de una u otra parte, como elemento de su argumentación, significa ignorar qué tipo de globalización estamos viviendo en realidad.
Ciertamente, es posible y necesario hacer una avalancha de críticas al sistema Italia: el elevado peso fiscal, la rigidez excesiva del mercado laboral (basta mirar a España para ver las transformaciones de Rodríguez Zapatero): la enorme burocracia inútil que afecta a cualquier ciudadano o empresa, la falta de un política real de exportaciones, sostenida por el país. Pero aquí la responsabilidad es de todos. Basta considerar que no tenemos bancos abiertos a operaciones en China, para quedarnos en el ámbito privado, y que el intercambio comercial con la India es poco más grande que el mantenido con Croacia, si miramos la esfera de lo público. Y estamos hablando de los dos países que en este siglo dominarán el mundo y donde el sistema Italia está atrasado, no sólo respecto a Alemania e Inglaterra, sino también de Francia y ya también de España. Pero si entre lo público y lo privado resolviésemos estos problemas, sería ilusorio pensar que la lógica del beneficio absoluto quedaría intacta. Bastaría cualquier oscilación de costos de empresas instaladas en Bérgamo, a nivel global, para abandonar Italia y transferirse a otro lugar.
Los fabricantes de zapatos de la provincia conocen bien el caso de la Nike, que ha cerrado todas las fábricas en los Estados Unidos, transfiriéndose a Hong Kong, Taiwan, Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y Bangladesh. En Indonesia, el cuarto país del mundo por habitante, Nike tiene cincuenta mil operarios, a los cuales paga el salario mínimo nacional que es de 2 dólares 10 centavos al día. El costo declarado de producción de un par de zapatos es de 7.65 dólares, de los cuales 2.60 dólares corresponden a mano de obra. Los zapatos se venden en los Estados Unidos entre 75 y 135 dólares el par, según el modelo. Nike explica que el costo de producción de un producto no pasa ahora el 10% y de este costo, el trabajo es una componente modesta. El 90% va a parar a marketing, distribución, etc. Por ejemplo, el contrato de publicidad del jugador de baloncesto Michael Jordan con Nike en 1995 fue de 20 millones de dólares, mientras el total de los salarios de los 5.000 operarios fue, en el mismo año, de 12.5 millones de dólares. En el primer semestre de 1996, los sindicatos indonesios solicitaron un aumento del salario mínimo diario de 2.10 a 2.37 dólares. Una de las razones del Ministerio de Industria para rechazar esta petición de aumento salarial fue que, aun reconociendo que los 2.10 dólares solo cubrían 93% de la compra diaria de una familia, el aumento solicitado hubiera colocado a Indonesia fuera del mercado ya que una empresa como Nike preferiría trasladarse a China, India o Vietnam, donde los costos laborales eran más competitivos. Hoy, el salario mínimo es de 2.37 dólares, y la Nike ha recolocado gran parte de la producción en Indonesia, por una diferencia de 27 céntimos de dólar al día. El comentario de Jean Claude Milly, jefe del sindicato Fuerza Obrera en Francia, sobre el nuevo IVA que quiere introducir Sarkozy ha sido: estamos dispuestos a negociar, incluso si no vemos cómo reducir los costos sociales en tres puntos, que es lo que afirma el gobierno, que ayuda a competir con China . Las compañías no se mudan a Francia o a España: se van a China, donde todo cuesta mucho menos.
Y sobre esta realidad es necesario reflexionar y trabajar. La respuesta es la que Putnam en su ultimo libro dirige al capitalismo americano, el nuevo capitalismo: redescubramos valores, y sobre estos valores encontramos o hacemos acuerdos. Los valores son: la identidad territorial, su historia, el tener o no tener raíces, como sucede al sistema de las multinacionales. El enfrentamiento de intereses es legítimo y la dialéctica social y política necesaria para una democracia moderna. Pero no necesita eludirse que los trescientos puestos de trabajo perdidos con la salida de la BDF y Chemtura se deban a la lógica de la eficiencia de las infraestructuras y del aligeramiento fiscal y burocrático del que tan necesitada está la empresa italiana en general, y la de Bérgamo en particular. Habrá siempre alguno, en el sillón de mando de una multinacional que, frente a una estadística comparativa, decidirá moverse a otro país para ahorrarse 27 céntimos de dólar por trabajador al día, avalados por el aplauso de los expertos economistas y la aprobación de la Bolsa...
Las multinacionales sirven para confrontarse con nuevas técnicas de trabajo y dirección, de innovación tecnológica. Pero son marginales desde el punto de vista de las ocupaciones, donde funcionan como los buzos que trabajan en un espacio concreto, preparados para retirarse cuando el barco situado sobre ellos les avise. Los hombres de Bérgamo, industriales y trabajadores, terminarán en un proceso de continua erosión y destrucción, si aplican la lógica de las multinacionales de hoy. Es más, de Bérgamo puede venir una nueva respuesta a la investigación de Putnam sobre la democracia moderna, sobre los impactos sociales y culturales de la economía y del trabajo, en el cuadro de un capitalismo post-salvaje. Y la razón del optimismo que recae sobre el modelo europeo contra el americano, tal y como el gran futurólogo Jeremy Rifkin señala en su libro famoso, The european dream... tal como andan las cosas, los datos europeos hoy no parecen mejor que los datos americanos...
R. Savio es periodista, fundador y presidente honorario de la agencia Inter Press Service. Miembro del consejo del Foro Social Mundial. Italia. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.