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| ECONOMIA Y DESARROLLO |
Para que funcione la economia global:
el papel de los estados nacionales y los organismos privados
Saskia Sassen
Introducción
El
sistema económico global requiere la implantación de una amplia gama de
normas. Este proceso ha sido más notorio en las instituciones
supranacionales, especialmente en la OMC (Organización Mundial del Comercio)
y el FMI (Fondo Monetario Internacional). Hay dos otros mecanismos menos
visibles y notorios que han desempeñado un papel crucial: por un lado, un
mundo completamente nuevo de organismos privados, como las entidades
financieras y las agencias calificadoras de solvencia; por otro, una
diversidad de medidas legislativas y judiciales adoptadas en los Estados
nacionales para garantizar la protección de los capitales y mercados
globales. Esta participación de los Estados nacionales en la implantación
del sistema económico internacional no es nueva. Sin embargo, se ha
intensificado enormemente a lo largo del último decenio con la globalización.
Una
de las razones de que esto no haya recibido más atención ni haya sido objeto
de más estudios es la presencia de supuestos muy poderosos en la comprensión
general de la globalización económica. Uno de éstos es el juego de suma
cero: cualesquiera sean los beneficios de la economía global, el Estado
nacional pierde, y viceversa. El otro es el supuesto de que si se produce un
hecho en un territorio nacional, se trata de un acontecimiento nacional, ya
sea una transacción comercial o una decisión judicial. Por estas razones, no
se ha analizado en profundidad el papel de los Estados nacionales, o se les ha
reducido a la condición de meras víctima de las fuerzas de la globalización.
La
dinámica de la interacción no se conforma únicamente gracias al empuje de
las empresas y los mercados globales, como sugiere una buena parte de la
literatura sobre la importancia cada vez menor del Estado nacional en el marco
de la globalización. Los Estados también están dando forma a la dinámica
de la interacción, y lo hacen a través de la resistencia y la adaptación
(Mittelman, 1996). Sin embargo, al hacer esto, los propios Estados nacionales
se están transformando (Jessop, 1990, Sassen, 1996). Mientras que numerosos
sectores de los Estados nacionales pierden influencia y recursos debido a la
globalización, el poder de otros aumenta por las mismas razones.
La
interacción entre el Estado nacional y la economía global es, por lo tanto,
más compleja de lo que suelen retratar las imágenes del declive del Estado
en un extremo del espectro, o la idea de que en realidad nada ha cambiado en
el poder del Estado, en el otro extremo. Yo entiendo la línea entre las
economías nacionales y la global como una nueva zona fronteriza. Se trata de
una zona de interacciones politicoeconómicas que producen nuevas formas
institucionales y alteran algunas antiguas. Tampoco se trata sólo de
disminuir las normas o reducir el papel del gobierno. Por ejemplo, en muchos
países, la necesidad de contar con bancos centrales autónomos en el sistema
económico global actual ha requerido la elaboración de regulaciones con el
fin de desvincularlos de la interferencia de la rama ejecutiva del gobierno.
Elementos
ignorados en la explicación de la globalización
No
podemos entender la globalización centrándonos únicamente en el comercio y
las inversiones internacionales y otros flujos transfronterizos. Este tipo de
análisis conduce fácilmente a la idea de que la globalización proviene
sencillamente del exterior. Tampoco es adecuado centrarse únicamente en la
participación a menudo mínima, de los insumos extranjeros en las economías
nacionales: en la mayoría de los países, la participación extranjera en la
inversión total, la participación externa en el comercio total y la
participación extranjera en el mercado de valores total son muy pequeñas.
Sin embargo, deducir de esto que la globalización económica no es un tema
importante soslaya un rasgo crucial de su fase actual: el hecho de que la
mayoría de los procesos globales se materializan en los territorios
nacionales y lo hacen, en la gran mayoría de los casos, a través de los
acuerdos institucionales nacionales, desde los actos legislativos hasta las
empresas, y, por lo tanto, no son necesariamente registrados como
"extranjeros". Al contrario, por la misma razón, no podemos suponer
sencillamente que, porque una transacción se produce en un territorio
nacional y en un contexto institucional nacional es, por aquello, ipso facto,
nacional. En mi lectura, las imbricaciones de los actores globales y las
instituciones nacionales están lejos de ser ambiguas. Necesitamos
descodificar qué hay de nacional en lo nacional.
Una
de las razones clave es que la globalización económica de hecho ha
fortalecido ciertos componentes de los Estados nacionales, fundamentalmente
aquéllos vinculados a las funciones bancarias internacionales, como los
ministerios de economía, aunque esto haya debilitado a muchos otros. Una
segunda implicación importante es que, hasta ahora, en la medida que ciertos
componentes de los Estados nacionales trabajan para la implantación y la
gestión de la economía global, se crea un puente para que los ciudadanos
ejerzan parte de su poder en la economía global.
La
transformación interna del Estado nacional está conformada a la vez por la
tendencia hacia la estandarización (como en la convergencia creciente de la
función de los bancos centrales), y por las características nacionales específicas.
La tensión entre éstos ha quedado ilustrada por algunos aspectos de la
actual crisis financiera en Asia. Hemos observado que los países asiáticos
que se benefician de los "paquetes de rescate" del FMI responden de
maneras diferentes. Al mismo tiempo, el consenso emergente en la comunidad de
Estados en aras de una mayor globalización ha creado un conjunto de
obligaciones específicas de los Estados participantes, independientemente de
lo reacios que parezcan algunos de ellos.
Mecanismos
para la globalización centrados en el estado y no centrados en el estado
La
implementación del sistema económico global actual en el contexto de la
soberanía territorial nacional requiere múltiples negociaciones de las políticas.
Uno de los papeles del Estado con respecto a la economía global actual, a
diferencia de otras formas antiguas de la economía mundial, ha sido negociar
la convergencia de las legislaciones nacionales y los factores extranjeros, ya
sean empresas, mercados u organizaciones supranacionales. Lo que distingue a
la fase actual es, por un lado, la existencia de un cuerpo legal sumamente
elaborado que garantiza la exclusiva autoridad de los Estados nacionales sobre
su territorio en una medida sin precedentes en el siglo XIX (Ruggie, 1993;
Kratochwil, 1986), y, por otro, la considerable institucionalización de los
"derechos" de las empresas no nacionales, la "legalización"
de un conjunto creciente de transacciones transfronterizas y la participación
creciente y cada vez más institucionalizada de las organizaciones
supranacionales en asuntos nacionales (Rosen y McFadyen, 1995; Kennedy, 1992).
(1)
Generalmente,
utilizamos términos como "desregulación", "liberalización
financiera y comercial" y "privatización" para describir el
resultado de esta negociación. El problema con estos términos es que sólo
captan la renuncia del Estado a regular su economía. No registran todas las
maneras en que el Estado participa para crear nuevos marcos a través de los
cuales se potencia la globalización (por ejemplo, Mittelman, 1996; Shapiro,
1993), ni captan las correspondientes transformaciones en el interior del
Estado. Por lo tanto, una manera de expresarlo sería decir que ciertos
componentes del Estado nacional operan como instrumentos necesarios para la
implementación de un sistema económico global.
En
estas complejas negociaciones suceden muchas más cosas más de lo que connota
el mero concepto de "desregulación". Si bien las negociaciones
pueden preservar la integridad del territorio nacional como condición geográfica,
también transforman la exclusiva autoridad del Estado sobre su territorio, es
decir, los marcos nacionales e internacionales por los que el territorio
nacional ha asumido una forma institucional a lo largo de los últimos setenta
años (Sassen, 1998).
Incluso
en el caso de la privatización de las empresas del sector público, no se
trata tan sólo de un cambio en los títulos de propiedad, sino también de un
traspaso de las funciones reguladoras del gobierno al sector privado, donde
reemergen bajo otras formas, fundamentalmente como servicios legales
empresariales y de contabilidad privados.
Es
necesario implementar, reproducir, servir y financiar la economía global. Hay
un amplio espectro de funciones altamente especializadas que deben ser
ejecutadas e infraestructuras que es necesario asegurar. Las ciudades
globales, con sus complejas redes de empresas de servicios y mercados
laborales altamente especializados, son lugares estratégicos para estas
funciones. (2)
Todas
las ciudades están situadas en algún lugar, de modo que la economía global
se materializa en gran medida en los territorios nacionales. (3)
Mi
argumento aquí, desarrollado con más detalle en Sassen (1996 y 1998), es
que, debido a que los procesos globales se materializan en gran medida en los
territorios nacionales, muchos Estados nacionales han tenido que entrar a
participar en la implantación del sistema económico global, aunque en
algunos momentos de manera periférica, y en este proceso han experimentado
transformaciones en diversos aspectos de su estructura institucional.
Podemos
ver la ambigüedad de la distinción entre "nacional" y
"global" en el peso normativo que ha adquirido la lógica del
mercado de capitales global al definir criterios para las políticas económicas
nacionales clave, y que se ha impuesto en aspectos importantes de la elaboración
de políticas económicas nacionales. La autonomía del banco central, la política
antiinflacionaria, la paridad en los tasas de cambio y una diversidad de temas
que normalmente se incluyen bajo la denominada "condicionalidad del
FMI" se han convertido en un conjunto de normas (esto ha sido tratado más
extensamente en Sassen, 1996, capítulo 2).
Se
puede ver cómo funciona esta normatividad en el diseño de la "solución"
de la crisis económica de México en diciembre de 1994. Se declaró que esta
crisis era una consecuencia de los mercados financieros globales que habían
perdido "confianza" en la dirección que ejercía el gobierno de su
economía, y se pretendía que la "solución" restaurara aquella
confianza. El hecho de que esta "solución" trajo consigo la
bancarrota de los sectores medios de la economía y de los hogares, que de
pronto se vieron enfrentados a tasas de interés que garantizaban su
bancarrota, no fue uno de los factores de la coacción. La clave consistía en
asegurar la confianza de los "inversores", es decir, garantizarles
un retorno rentable, y actualmente lo "rentable" ha alcanzado cotas
muy altas.
Actualmente,
vemos (el intento de) la imposición de aquel mismo conjunto de normas en
varios países asiáticos, independientemente de lo diferente que sean las
condiciones a las que imperaban en México y en cada uno de los países de
Asia que están comprometidos. (4) Es posible que la actual arquitectura
de la crisis tenga más que ver con los intentos agresivos de globalizar estas
economías desde el exterior que con la dirección gubernamental de la economía.
La
corrupción, el favoritismo y los débiles sistemas bancarios eran rasgos de
estas economías mucho antes de la actual crisis financiera y a lo largo de su
período de crecimiento, cuando eran muy admirados y señalados como modelos
para América Latina, el Caribe y África.
En
este contexto, entiendo la crisis financieras como una dinámica que tiene el
efecto de desestabilizar el control monopolístico nacional de estas economías
y la condicionalidad del FMI como un factor que facilita una transferencia
masiva a la propiedad extranjera. El resultado es una mayor globalización y
una mayor imposición de las nuevas normas. Sin embargo, la verdadera
materialización de estas condiciones se producirá a través de canales
institucionales específicos y asumirá formas distintas en cada país, con
diversos niveles de resistencia, sumisión y consentimiento, razón por la que
opino que esta dinámica tiene rasgos de zona fronteriza.
El
papel de la privatización
También
hay maneras más sutiles en que la globalización opera a través de las
instituciones nacionales y en el terreno nacional. Esto se puede ilustrar con
un rasgo clave de la globalización, a saber, la privatización. Pero antes,
he aquí unas pocas cifras para ilustrar el alcance de la privatización.
Según
el Banco Mundial, los ingresos generados por las privatizaciones fueron de 21
mil millones de dólares en 1995, comparados con los 3.500 millones en 1989.
De éstos, el 40% correspondía a privatizaciones de Europa y Asia central;
26% a Asia del este/Pacífico; 22% a América Latina/Caribe; 3-4% al África
subsahariana, sur de Asia, Oriente Medio y África del Norte respectivamente.
(5) Entre 1980 y 1991, todos los países industrializados y en
desarrollo privatizaron un total de 6.800 empresas. Compárese con el periodo
1990-1994, con un total para todos los países de 45.300 empresas
privatizadas. De éstas, quince países en "transición"
privatizaron 30.740 empresas. Esto corresponde a a más de seis veces el número
de privatizaciones efectuadas durante el período anterior, que fue mucho más
largo; además, se vendieron en la mitad del tiempo. La crisis del peso
mexicano ralentizó las privatizaciones en América Latina, aunque ahora han
recomenzado. En el este de Asia, las privatizaciones tenían tendencia a ser
escasas en número pero enormes en tamaño. Indonesia y Malasia fueron los
protagonistas de dos de las transacciones más grandes con la venta de PT
Telekom y Petronas Gas (1.100 millones de dólares de ingresos para el
segundo). (6)
Esta
enorme transferencia de empresas del sector público al privado no es sólo un
cambio en el régimen de propiedad. También es una privatización de las
funciones de coordinación y de gobierno, que se desplazan del sector público
a los sectores privados empresariales. En la mayoría de los países, el
capital nacional también se ha convertido en el principal centro financiero y
comercial. Sin embargo, en algunos países también se ha producido un cambio
geográfico (por ejemplo, la transferencia se puede producir desde el mundo
gubernamental de Washington al mundo empresarial de la ciudad de Nueva York,
de Nueva Delhi a Bombay, desde Brasilia a Sao Paulo). Lo que solían ser
funciones de regulación de las burocracias del gobierno se han transferido al
mundo empresarial, donde reemergen como funciones de gestión empresarial o
servicios empresariales especializados. En la medida en que los inversores
extranjeros y las compañías extranjeras participan cada vez más de estas
privatizaciones de las empresas del sector público (y, de hecho, en muchos
casos, son los principales inversores), podríamos sostener que esto
representa no sólo una privatización de las funciones económicas del
gobierno, sino también una incipiente desnacionalización de dichas funciones
(ver Sassen, 1996, capítulo 1).
Los
nuevos intermediarios
La
globalización económica también se ha visto acompañada de la creación de
nuevos regímenes y prácticas legales, y de la ampliación y renovación de
algunas formas más antiguas que reemplazan las regulaciones públicas y la
legislación con mecanismos privados, que a veces incluso pasan por encima de
los sistemas legales nacionales. La importancia de las instituciones privadas
de supervisión, como las agencias de calificación de solvencia, ha aumentado
con la desregulación y la globalización de los mercados financieros. Estas
agencias son actualmente instituciones fundamentales en la creación del orden
y la transparencia en el mercado de capitales global y tienen un papel
considerable, por encima de los Estados soberanos, a través de su autoridad
de calificación de las deudas de los gobiernos. Además, el auge del
arbitraje comercial internacional como el principal mecanismo para resolver
disputas comerciales transfronterizas disminuye la importancia de los
tribunales nacionales en estos asuntos, como si se privatizara este tipo de
justicia (ver, por ejemplo, Salacuse, 1991; Dezalay y Bryant, 1995). Además,
las nuevas reglas internacionales en materia de informes y contabilidad
financiera que se implantarán en 1998 y 1999 también asignan ciertas
funciones nacionales a un sistema internacional privatizado.
Todos
estos factores empiezan a conformar un sistema privatizado de gobierno que
garantiza el orden, el respeto de los contratos, la transparencia y la rendición
de cuentas en el mundo de las transacciones comerciales transfronterizas.
Hasta cierto punto, este mundo privatizado de gobierno ha reemplazado diversas
funciones de los Estados nacionales como garantes de la protección de los
derechos de las empresas. Introduce una nueva dinámica en la zona de
interacción entre las instituciones nacionales y los actores globales. El
Estado continúa desempeñando un papel crucial, pero ya no exclusivo, en la
producción de "legalidad" en torno a nuevas formas de actividad
económica.
Este
nuevo mundo intermediario de agentes estratégicos contribuye a la gestión y
coordinación de la economía global. Estos agentes son en gran parte, aunque
no exclusivamente, privados, y han asumido parte de las funciones
internacionales que solían detentar los Estados en un pasado reciente, como
fue el caso, por ejemplo, del comercio internacional bajo regímenes básicamente
proteccionistas después de la Segunda Guerra Mundial. Su papel ha quedado
ilustrado claramente por el caso de China. Cuando en 1996 el gobierno chino
realizó una emisión de bonos de un plazo de cien años, no en Shanghai,
sino, fundamentalmente, en Nueva York, no trató con Washington, sino con la
agencia J.P. Morgan.
Las
empresas privadas de finanzas internacionales, contabilidad y derecho, las
nuevas normas privadas de contabilidad internacional y de informes
financieros, y las organizaciones supranacionales, como la OMC, desempeñan
funciones estratégicas no gubernamentales que pertenecen al gobierno. Sin
embargo, lo hacen en buena parte dentro del territorio de los Estados
nacionales.
Muchos
de estos temas, más bien abstractos, quedan bien ilustrados por el trabajo
que se realiza actualmente para crear nuevas normas internacionales privadas
de contabilidad e informes financieros. También se reflejan en los negocios
agresivamente innovadores lanzados por las principales empresas de servicios
financieros en los últimos años para vender lo que a menudo se había
considerado una deuda invendible o, al menos, no graduable, y para asegurar la
expansión continua de los mercados financieros.
Las
nuevas normas de contabilidad
El
International Accounting Standards Committee (IASC) es un organismo
independiente del sector privado que ha trabajado intensamente para crear
normas uniformes para las empresas y los gobiernos. El IASC tiene la Intención
de homogeneizar dichas normas hacia 1999. En 1995, la Organización
Internacional de Comisiones de Valores acordó endosar los estándares de la
IASC y fijó marzo de 1998 como la fecha límite para completar un cuerpo de
normas internacionales de contabilidad. Aunque se trata de un mundo de actores
y normas privados, los Estados nacionales tienen una presencia crucial en esta
operación. Cabe señalar que, a comienzos de 1997, las normas de la IASC habían
sido aceptadas por todos los mercados bursátiles, excepto Japón, Canadá y
Estados Unidos, si bien eventualmente todos se integraron. (7)
Esta
evolución no se dio sin incidentes, lo cual dejó claro hasta qué punto los
gobiernos nacionales y las empresas resistían o tenían dificultades para
aceptar el concepto de normas aceptadas en otros países, sin mencionar las
normas internacionales uniformizadas que preconizaba la IASC. Por ejemplo, Japón
se resistió a cambiar su sistema de contabilidad nacional, que carecía de
los niveles de "transparencia" que se han convertido en la norma de
las transacciones internacionales. De hecho, fue la reserva de Japón para
implantar estas normas de transparencia en una amplia gama de actividades
comerciales, junto con su negativa a seguir desregulando su sector financiero,
lo que, en opinión del autor, acabó con el auge de Tokio como centro
financiero internacional importante. Tokio seguía siendo una ciudad japonesa.
El Ministro de Economía de Japón está actualmente implantando un conjunto
de medidas cuyo objetivo es la desregulación y la transparencia. La presión
más intensa para el cambio proviene de la dependencia cada vez mayor de Japón
de los mercados y del comercio internacional. En realidad, la única institución
financiera japonesa mencionada en la Bolsa de Nueva York, el Banco de
Tokio-Mitsubishi, se había conformado a las normas de contabilidad de Estados
Unidos mucho antes de que el gobierno japonés decidiera adoptar dichas normas
internacionales.
El
caso de Japón es interesante porque es uno de los países más poderosos del
mundo. Se ha resistido a realizar los cambios de las normas IASC, pero,
finalmente lo ha aceptado, presionado por sus propias empresas. La Bolsa de
Estados Unidos, otro actor poderoso, resistió incluso más tiempo e insistió
en tener sus propias normas (o algo que se acercara a ellas), pero
eventualmente aceptó las normas de la IASC. Se trata de casos que ilustran el
grado de impugnación de la nueva zona fronteriza donde se produce el
encuentro de los actores globales y las instituciones nacionales.
Trabajar
para "solucionar" las crisis financieras
El
papel de los nuevos intermediarios también se refleja en el trabajo estratégico
realizado en la dirección de las empresas de servicios financieros después
de la crisis financiera de México. Nos da una interesante perspectiva del
papel de estas empresas en el cambio de las condiciones de las operaciones
financieras, de cómo los Estados nacionales participaron y de la formación
de un nuevo espacio intermediario institucionalizado para dirigir la economía
global. J.P. Morgan trabajó con Goldman Sachs y el Chemical Bank para
desarrollar diversos negocios innovadores que volvieron a atraer a los
inversores a los mercados de México. Además, en julio de 1996, una gran
operación en México a cinco años de 6.000 millones de dólares, que ofrecía
a los inversores bonos de tipo flotante o préstamos concedidos por consorcios
bancarios -apoyados por los pagos por cobrar de PEMEX, el monopolio del petróleo
del Estado, fue suscrito en exceso en dos ocasiones. Se convirtió en una
especie de modelo para los negocios apoyados por activos de América Latina,
especialmente por los países ricos en petróleo como Venezuela y Ecuador. Fue
clave para esta importante demanda que se diseñara una estructura para
obtener una calificación de S & P y Moody's (obtuvo BBB y Baa3). Fue el
primer negocio en México con una calificación de su inversión. Los
intermediarios trabajaron con el gobierno mexicano pero en sus propios términos,
puesto que no se trataba de una negociación de gobierno a gobierno.
Garantizaron la aceptabilidad en el mercado financiero global, como demuestran
los altos niveles de sobresuscripción y las altas calificaciones. Y permitió
a los mercados financieros crecer a partir de lo que había sido una situación
de crisis.
Después
de la crisis de México y antes de las primeras señales de la crisis en Asia,
se observa que se producen numerosas transacciones muy innovadoras con la
venta de las deudas. Estos negocios normalmente implican conceptos nuevos de cómo
vender la deuda y de qué constituye una deuda vendible. A menudo, las
empresas de servicios financieros que los implantan también han implantado
cambios menores en el sistema de depósitos para que éstos se adecúen a las
normas internacionales. La innovación y la venta agresiva en el mercado
mundial de lo que hasta ahora se había pensado eran fondos carentes de
liquidez que entrañaban riesgos contribuyó aún más a fortalecer este
espacio intermedio para las transacciones transfronterizas que funcionan en
parte fuera del sistema inter-Estados.
Notas
*
Este artículo es una continuación del debate de la Revista Internacional de
Ciencias Sociales, Nº 160 "La globalización". Se basa en un
proyecto de investigación a más largo plazo sobre el gobierno en la economía
global. Una primera parte de este proyecto fue publicada como Losing Control?
Sovereignty in an age of Globalization (1996). La autora agradece al Schoff
Memorial Fund su apoyo.
1.
Esta institucionalización de los derechos de los actores económicos no
nacionales tiene un paralelo en la implantación de los derechos para los
emigrantes (ver, por ejemplo, Heisler, 1986; Jacobson, 1996; Sassen, 1998, capítulo
2). Además, hay un cierto paralelismo con la manera en que sujetos que no
pertenecen al Estado nacional, especialmente las organizaciones no
gubernamentales, están emergiendo como objetos del derecho internacional y
como sujetos en las relaciones internacionales. Esto se ha analizado en el
caso de los emigrantes y de las mujeres en Sassen, 1996a.
2.
Una ciudad global es un nódulo en una red y, en ese sentido, es diferente de
las antiguas capitales de los imperios o del concepto más general de la
ciudad mundial (ver Sassen, 1998, caps. 1 y 10). La red de las ciudades
globales actualmente rompe con la antigua división Norte- Sur (por ejemplo,
incluye Sao Paulo y Bombay) y agudiza las disparidades territoriales, tanto en
los países desarrollados como en los menos desarrollados. Por ejemplo, el
mundo empresarial de Sao Paulo y de Nueva York gana poder, fuerza y riqueza;
el mundo de la clase media y la clase trabajadora en ambas ciudades pierde
fuerza (ver también Friedman, 1995, para una visión general). Entiendo la
red transfronteriza de las ciudades globales como elemento que concentra una
participación significativa de órdenes institucionales que han sido
parcialmente desnacionalizados y, por lo tanto, veo esta red como una geografía
estratégica parcialmente desnacionalizada, más que internacionalizada, (ver
Sassen, 1998, capítulos 1, 9 y 10; Sassen, 1999).
3.
Para aplicaciones concretas de estas aplicaciones, ver, por ejemplo, Nox y
Taylor, 1995; Peraldi y Perrin, 1996; Hitz et al., 1995; Social Justice, 1993.
Un aspecto clave de la especialización de los procesos económicos globales
que no puedo desarrollar aquí (ver Sassen, 1998, capítulo 9) es el espacio
digital (ver Aspen Institute, 1998). Una de las características interesantes
de las finanzas es que, aunque actualmente es una de las industrias más
digitalizadas y desmaterializadas, cuando se materializa lo hace en algunas de
las concentraciones más grandes y densas de infraestructuras, estructuras y
mercados de recursos.
4.
Los datos utilizados en ésta y en la sección siguiente provienen de un
conjunto de datos que forma parte del proyecto de la autora "Governance
and Accountability in the Global Economy" ["El gobierno y la rendición
de cuentas en la economía global"] (Departamento de Sociología,
Universidad de Chicago).
5.
Basado en el informe "The challenge of privatisation" [El desafío
de la privatización"], preparado por John Nellis, administrador jefe de
la Sección de Reforma de la Empresa y Privatización, del Banco Mundial. En
los años 80, casi todas las inversiones en la privatización se produjeron a
través de inversiones extranjeras directas. Hacia 1991, se produjo un enorme
aumento, hasta un 40% del volumen total de las inversiones, y en la
participación de estas inversiones, que eran valores en cartera más que
inversiones directas. Hacia 1994, la proporción de la cartera había llegado
al 60%. Las inversiones de cartera son mucho más móviles que las inversiones
directas, se pueden mover dentro y fuera de un país con considerable
facilidad, lo cual contribuye a la crisis financiera en varios países en
desarrollo. En términos de los flujos de capital total a los países en
desarrollo, en 1997 las inversiones de cartera fueron del 93%.
6.
Según The Economist, los ingresos por privatizaciones de 1985 a 1995 en Gran
Bretaña fueron de 85.000 millones de dólares; en Francia, de casi 34.000
millones; Italia, 17.000 millones; Países Bajos, aproximadamente 10.000
millones; España, unos 9.000 millones; Alemania, menos de 5.000 millones. En
total, para la Unión Europea, 1994 fue uno de los años de ingresos más
altos, con un total de ventas de 34.000 millones de dólares por
privatizaciones.
7.
Uno de los temas de debate en Estados Unidos ha sido que éste considera que
sus propias normas son más rigurosas que las nuevas normas que se proponen
actualmente. Por otro lado, las normas anglosajonas han emergido como normas
internacionales de facto a lo largo de los últimos años, con lo que se ha
ampliado en una medida importante el mercado para las firmas angloamericanas.
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S. Sassen es profesora de psicología en la Universidad de Chicago y directora del proyecto "Cities and their Crossborder Networks" [Las ciudades y sus redes transfronterizas] de la Universidad de las Naciones Unidas (Tokyo). Se reproduce con fines informativos y educativos.
REGRESAR a GLOBALIZACION - REGRESAR a ECONOMIA Y DESARROLLO