![]() |
| CIUDADANIA Y POLITICA |
Alejandro Toledo Patiño
...ahora
el estado/nación ya no es el contenedor de la sociedad. La globalización lo
traspasa, lo desborda.
Este
artículo aborda la temática en torno a la globalización económica, el papel
que asume en el mundo actual el estado-nación y la aparición de nuevos
espacios de acción social transnacional. En sí cada uno de éstos tres
aspectos constituye un gran tema pero aquí sólo intentaremos ofrecer una visión
en secuencias sucesivas de análisis económico, político y social sobre la
globalización. Partimos de que ésta de ningún modo puede reducirse a una sola
dimensión, ni su estudio limitarse al enfoque de una sola disciplina : ella es
un proceso que atraviesa los planos financiero, comercial, tecnológico,
productivo, informático, cultural, político, ambiental, sanitario, migratorio,
etc...; pero dentro de esa amplia gama de dimensiones, en general podemos asumir
que la globalización modifica y refuerza estructuras económicas, elimina y
crea instituciones y arenas políticas, desaparece y hace emerger nuevos actores
y prácticas sociales. Debido al imbricamiento complejo y novedoso de tales
dimensiones, el estudio de la globalización como un todo ha venido a ser un
factor de impulso del actual cambio paradigmático hacia la
transdisciplinarización de las ciencias sociales. Lo anterior supone, en las líneas
que constituyen éste ensayo, no sólo tener presente la multidimensionalidad de
la globalización, sino enfocar al estado desde tres perspectivas : como
estado-nación, como estado-interventor (agente económico), y en cuanto sistema
de poder y dominación. Al mismo tiempo, desde el punto de vista de la exposición
este artículo seguirá un doble movimiento : un progresivo desplazamiento desde
el tiempo pasado hacia el actual y, simultáneamente, desde las estructuras
hacia los sujetos. Lo anterior permitirá intentar una primera reconstrucción
de los planos económicos y socio-estatales, primero con una retroperspectiva de
largo plazo para luego introducirnos al mundo presente y a algunas de sus
visiones de futuro.
Mercado mundial y estado nación
La
formación del estado-nación ha corrido estrechamente ligada a la historia del
capitalismo y el mercado mundial. El origen de este último suele ubicarse en
los descubrimientos geográficos de fines del siglo XV y la conquista, por parte
de las emergentes potencias europas - Portugal, España, Francia, Holanda,
Inglaterra- de civilizaciones y territorios de América, Africa y Asia. La
infancia del mercado mundial se asocia a la acumulación originaria que impulsa
la transición al capitalismo, mientras que en lo político-institucional está
estrechamente vinculada a la conformación de estados nacionales en Europa. Esto
último ocurre a partir del activo papel que desempeñan los regímenes
absolutistas con sus políticas de centralización administrativa, expansión y
racionalización burocrática y de fortalecimiento comercial y militar.
"Apoyados en el reanimamiento económico del siglo XV, las nuevas monarquías
encaran ...la constitución de un nuevo tipo de estado basado en la delimitación
estricta de las fronteras territoriales, el reforzamiento del poder central, la
supresión de las autonomías feudales (de los señoríos, de las ciudades, de
la iglesia) y la construcción de un aparato burocrático, militar y diplomático
estable y profesional, financiado con un sistema de impuestos..." El
naciente estado debió dar respuesta así a "una problemática histórica
general dominada por los imperativos de la formación del mercado mundial y la
lucha por las posesiones coloniales" a partir de cuatro grandes grupos de
politicas : "nacionalización y monopolización del comercio
(mercantilismo), creación de sistemas monetarios metálicos, centralización
financiera bajo la forma de deuda pública y producción manufacturera de
armamentos." (Dabat, 1991 : 87 y ss) Se podría agregar que para las
emergentes naciones, "las teorías mercantilistas de la riqueza y de la
guerra estaban ...conceptualmente interconectadas : el modelo de suma nula de
comercio mundial que inspiraba su proteccionismo económico se derivaba del
modelo de suma nula de política internacional inherente a su belicismo"
(Anderson, 1987 : 32 ).
El
inicial proceso de conformación de estados nacionales, de centralización real
del poder político y declive del sistema representativo medieval, dan lugar,
desde el siglo XV, a un contexto que estimula al pensamiento político de la época
a liberarse de ataduras teológicas y a encarar su objeto de estudio -el poder y
el estado- a partir de un espíritu racionalista, sin duda influido por el
sorprendente avance que experimentan las ciencias naturales. Al mismo tiempo el
disgregamiento de los lazos de servidumbre y dependencia constitutivos de la
sociedad feudal y la consiguiente difusión de las relaciones mercantiles, van
descubriendo ante la conciencia intelectual de la época, al individuo
emancipado.
Este
hecho constituirá uno de los fundamentos del iusnaturalismo, el cual colocará
al individuo preestatal, es decir, en estado de naturaleza, como punto de
partida de su construcción teórica. Locke, en particular, por vez primera en
la historia formulará una teoría racionalista y pragmática de los límites
del poder (Bobbio, 1984 : 75-78) .
En
la transición al capitalismo, el estado absolutista protagoniza la configuración
del mercado mundial, constituyéndose éste de una manera colonialmente
segmentada en torno a la respectiva metrópoli dominante, con un predominio de
productos "primarios" tales como el ázucar, el café, el tabaco, los
esclavos. Durante esa etapa las metrópolis europeas actúan como meros centros
de reexportación de los productos de sus colonias.
Pero
más tarde la revolución industrial -también en las comunicaciones y
transportes- de fines del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, imprimen
un vuelco a la dinámica y perfil del mercado mundial y marcan de hecho una
segunda gran etapa de su evolución.
En
ella se concreta una división internacional del trabajo a partir de un cambio
en la canasta de productos que característica del comercio internacional, ahora
con un claro predominio de los textiles, y en general las materias primas
insumidas por las manufacturas europeas. En este momento la libra esterlina,
respaldada en el poderío británico es dinero mundial, pero no obstante su
hegemonía, éste país impone de manera tan sólo temporal una política de
librecambio en el viejo continente. (Dabat, 1991 : 236)
Entre
fines del XVIII y los primeros tres cuartos del XIX, tiene lugar la aparición
de nuevas economías y estados nacionales. Unas lo hacen vía la ruptura del
orden colonial (Estados Unidos de América y posteriormente, en un proceso mucho
mas lento, débil y conflictivo, las naciones de América Latina) mientras que
otras lo hacen vía la integración regional, como sería el caso de la formación
del estado-nación alemán mediante un progresivo, centralizado y autoritario
proceso de acuerdos comerciales, arancelarios, monetarios y políticos entre una
potencia regional dominante - Prusia- y una amplia gama de ducados, principados
y reinos. (1)
Pero
a diferencia del proceso de configuración del estado alemán, en Europa
Noroccidental, especialmente Inglaterra, se van perfilando los rasgos característicos
del estado liberal, forma de estado asociada al liberalismo como doctrina económica
y política : mano invisible en el mercado y respeto a las garantías de los
individuos en/por el estado.
Contrario
a la unidad subordinada de lo económico a lo político que había prevalecido
en el estado absolutista feudal, el estado liberal del siglo XIX se caracterizó
por llevar a cabo una escisión tajante entre estado y economía, por
despolitizar las relaciones económicas mediante la separación entre sociedad
civil (productores) y sociedad política. De hecho el estado liberal se funda en
el no reconocimiento de las clases, y su legitimidad estará dada sólo en función
de los derechos del individuo-ciudadano-propietario frente al poder político.
La simultánea expansión del estado liberal y la ampliación del reconocimiento
de los derechos individuales consagrados por el liberalismo político, vendrá a
ser desde la perspectiva de los sistemas de dominación y poder un claro ejemplo
de como la ‘dialéctica del control’ actualiza el poder, reproduce la
desigualdad y los grados no equilibrados de autonomía e independencia al
interior de los sistemas. Es una dinámica histórica de contraposiciones recíprocas
entre instituciones y agentes sociales emergentes, que actua por arriba y por
abajo : " la ampliación sin precedente de las reciprocidades entre
gobernantes y gobernados, a raíz del advenimiento de la nación-estado y el
capitalismo, creó oportunidades para las luchas que condujeron a la
institucionalización de los derechos ciudadanos en las naciones-estado".
(Cohen, 1996 : 174)
Estado
social e internacionalización
La
constitución de estados nacionales vinculados a procesos de industrialización
tardía parece influir en el paso a un tercer periodo en la evolución del
mercado mundial, durante el cual como rasgo por demás característico se
revierten los niveles de internacionalización económica hasta entonces
alcanzados. Esto ocurrirá a partir de la rápida monopolización y feroz
proteccionismo con el que las principales burguesías europeas responden a la
crisis de 1871. Dicha crisis, que marcó el fin de la onda expansiva iniciada a
mediados del siglo XIX y en general significó un quiebre en el capitalismo
libre-competitivo, vino a acentuar la competencia y rivalidad de las potencias
europeas en el mercado mundial. Es el momento a partir del cual se conforma el
imperialismo clásico, la época en la que tiene lugar la lucha por un nuevo
reparto territorial del mundo, que desemboca finalmente en las guerras
interimperialistas de 1914-45, las revoluciones rusa y china y la ampliación de
un amplio bloque de países con economías centralmente planificadas.
En
este tercer período ocurre una honda y prolongada fractura del mercado mundial,
el cual perdió en principio una amplia área del planeta (europea y asiática)
al tiempo que su estructura se desarticulaba y fragmentaba, ocasionando que
durante varias décadas su "efecto gravitatorio" sobre el conjunto de
las economías nacionales disminuyera. Estas experimentaron movimientos de
retraimiento, de introversión comercial y financiera. Tan sólo "entre
1929 y 1932, el comercio mundial de mercancías disminuyó un 25% en volumen y
un 40% en valor. Para 1936 se había recuperado el volumen de la producción
industrial mundial, cuyo nivel fue superior en un 10 por ciento al nivel
alcanzado en 1929, pero el volumen del comercio mundial siguió siendo un 15 por
ciento inferior al nivel que tenía en 1929..." (OMC, 1995 : 25)
En
este período tiene lugar también, en lo político y social la decadencia y fin
del estado liberal y el surgimiento del estado social (keynesiano-benefactor).
Este emerge durante entreguerras y cobra forma al finalizar la segunda guerra
mundial a partir del reconocimiento del conflicto entre las clases y la
necesidad de institucionalizarlo; nacido en una época de fractura profunda de
la economía internacional, esta forma de estado supone también un activo papel
interventor del sector público en las economías nacionales, descartando la
visión liberal de mercados en equilibrio y enfatizando más bien la necesidad
de generar demanda con funciones contracíclicas y asumiendo el progreso como
planificación del desarrollo nacional. Asimismo, al emerger como respuesta
institucional ante una época de agudo conflicto social (particularmente en el
ámbito de las relaciones capital- trabajo), el estado social se despliega como
un estado promotorgarante del mejoramiento de las condiciones de vida de la
población trabajadora. En síntesis, un rasgo esencial del keynesianismo
benefactor es corresponder no sólo a un contexto de crisis social del sistema,
sino a la condición de fractura del mercado mundial, en contextos de amplia
autonomía nacional en el manejo de la política monetaria y crediticia,
aspectos centrales de la política económica para regular la demanda agregada.
En
cuanto forma estatal reguladora por excelencia del conflicto clasista, el estado
social supuso el establecimiento tácito o explícito de pactos entre las
representaciones del capital y el trabajo y en particular el impulso,
reconocimiento e integración de los organismos sindicales de los trabajadores,
en el marco de encuadres de dominación institucionales que les otorgaron a
dichos organismos el monopolio de la representación y la gestión social. Esos
encuadres institucionales del estado social son identificados con el concepto de
corporativismo (De la Garza, 1994 : 59-73).
Es
en el marco de esos nuevos pactos sociales y una vez destrabadas mediante el
enfrentamiento bélico de una parte, y por la intervención del estado, de otra,
las causas que llevaron a la crisis de entreguerras, a partir de los años
cincuentas el sistema económico revirtió aceleradamente, con el ingreso a una
larga etapa expansiva, el deterioro de los crecientes lazos comerciales
internacionales que se habían "aflojado" prácticamente durante toda
la primera mitad del presente siglo. De acuerdo a estimaciones de la Organización
Mundial del Comercio, entre 1950 y 1994 la producción mundial creció poco
menos de 4% promedio anual, frente a un poco más de 6% de crecimiento medio del
comercio mundial. En otras palabras : mientras la producción mundial se
multiplicó por 5.5 en el lapso de 45 años, el comercio lo hizo por 14. En ese
mismo lapso la relación comercio/producción mundial pasó de 7 a 22.5 (OMC,
1995 : 17).
Desde
1950 hasta 1974 la relación entre el crecimiento del comercio mundial y el
crecimiento de la producción mundial se eleva de 1.4 a 1.6. Ese cuarto de siglo
corresponde al "boom de posguerra", marcado por una acelerada
integración mundial. La literatura económica de la época abordó el tema
desde la perspectiva de la internacionalización de las fases mercantil,
dineraria y productiva del capital, resaltando la indiscutible hegemonía que
establece la economía estadounidense sobre el conjunto de las economías de
mercado a partir de los acuerdos de Bretton Woods. En este período la
internacionalización se vió impulsada particularmente por la expansión
operativa de las empresas transnacionales. Pero conforme a una visión de largo
plazo, cabe matizar el alcance que tienen en esta época las fuerzas hacia la
integración internacional, considerando la fractura ocurrida entre 1914-1945.
De acuerdo a estimaciones de la OMC, la relación comercio/PIB mundial "sólo
volvió a alcanzar el nivel que tenía en 1913 a finales del decenio de 1970 o
principios del de 1980" . (Ibid. : 19) No obstante, se reconoce que el auge
económico que acompaña el ascenso del estado social durante los 50's y 60's
revierte el proceso de fractura del mercado y economía mundiales, hasta el
punto que en los años 70s y 80s la internacionalización del capital propició
que los márgenes de acción de la política económica keynesiana,
especialmente el manejo de tasas de interés, la emisión monetaria, y en
general su carácter expansionistacontraciclico de la economía, declinaran para
dar paso al reemplazo del keynesianismo por los enfoques monetaristas y
neoliberales.
En
este nuevo contexto, con la crisis iniciada a mediados de los años setentas, el
proceso de internacionalización comercial de posguerra pareció perder
dinamismo, siguiendo el patrón de anteriores fases recesivas prolongadas. Sin
embargo, a partir de mediados de los años ochenta la internacionalización
recobra una tendencia ascendente, no obstante la presencia de una onda recesiva
de larga duración (Dabat, 1995b : 120-135). Se trata de un hecho novedoso que
indica un salto cualitativo en el proceso de conformación del mercado mundial y
pone un límite histórico al estado social.
Los
procesos de apertura comercial y financiera son un buen ejemplo del cambio
operado en la relación entre las esferas estatal y económica en los espacios
nacionales. Los estados dejan de proteger nacionalmente sus aparatos
industriales, aplican una politica activa de desprotección para inducir
incrementos en la productividad, cumplir con normas internacionales, etc...,
promueven la integración de esos sistemas industriales y financieros en cadenas
georegionales y/o mundiales y levantan barreras comerciales a escala regional
(formación de bloques en Europa, Norteamerica). En este sentido la crisis y
transformación del estado social coincide con la crisis del estado-nación. Más
adelante nos referiremos a la fuerza de la concurrencia internacional, a la
carrera por la competitividad/productividad, a la disciplina del mercado global,
y al modo como todo ello implica en principio un debilitamiento general, pero
también un reforzamiento puntual del papel de gestión económica de los
estados. Para eso requerimos abordar la dinámica de la globalización en el ámbito
tecno-productivo.
Globalización y estado en el mundo actual
El
desarrollo tecnológico de los últimos lustros ha venido modificando
sustancialmente muchos procesos de elaboración y distribución de bienes y
servicios. En particular tiene lugar el despegue de una revolución tecnológica
centrada en la microelectrónica e informática y cuyos efectos altamente
pervasivos modificarán (modifican ya) formas de trabajo, educación, diversión,
consumo y vida. En el campo de los procesos manufacturados las nuevas tecnologías
permiten la desconcentración espacial de los procesos productivos y el tendido
de cadenas o redes de interconexión entre filiasles y/o firmas autónomas.
Estas tecnologías permiten flexibilizar lotes de producción de acuerdo a los
requerimientos variables de nichos y segmentos del mercado competidos
mundialmente. Una expresión de esta integración internacional de los sistemas
productivos se encuentra en el notable crecimiento que experimienta el comercio
internacional de componenentes y manufacturas semiprocesadas y el propio
comercio intrafirma (Hoogvelt, 1997 : 125).
En
la medida que los costos de transportación de insumos, bienes intermedios y
mercancías en general han disminuido en los últimos años, y que los costos de
comunicación y transmisión de información han descendido aún más
notablemente, en la actualidad las grandes empresas (y no sólo éstas) se
encuentran en condiciones de ampliar sus rangos de opciones nacionales para
relocalizar y fragmentar procesos, operaciones y funciones, en un marco de
adaptación flexible a los mercados y de operación de redes cibernéticas de
proveedores o filiales. Estos últimos operan como pequeñas y autónomas
unidades de producción que abastecen puntualmente, de acuerdo a pedidos y
requerimientos específicos de las matrices, los insumos o bienes demandados,
organizándose en una especie de mercado electrónico interno (Intranet) (Ibid :
126). De hecho, la reestructuración productiva en curso implica la incorporación
precisamente de la informática en el control y la operación de la maquinaria y
del equipo, lo que posibilita la reorganización de los procesos de trabajo en
unidades socioeconómicas relativamente autónomas, así como su gestión
integral; de éste modo la revolución en las telecomunicaciones hace
innecesaria en ciertos campos productivos la concentración espacial y ofrece la
posibilidad de una ampliación del radio geográfico de suministro de los
insumos necesarios para cada unidad socioeconómica.
Al mismo tiempo, al abatir los costos de las comunicaciones, la revolución informática está en el corazón de las relaciones entre globalización y estado. El sector de las telecomunicaciones -una de las puntas de lanza en el desarrollo contemporáneo de las fuerzas productivas- ha hecho saltar las regulaciones institucionales anteriores y las áreas delimitadas de intervención y monopolio estatales a nivel mundial. A su vez, retroalimentando los acelerados descubrimientos y avances científicos, la globalización tiende a intensificar la difusión y la innovación tecnológica. Con toda razón se reconoce que la globalización y la revolución en las comunicaciones han comprimido espacio y tiempo (Walters, 1995 : 54) y se alude a "la muerte de la distancia" (Cairncross, 1997 : 5- 23). En consecuencia se comienza a realizar la distinción entre las actividades económicas "tiempo real", es decir, donde la distancia y el lugar no son determinantes, y actividades donde por el contrario aún opera el condicionante de la distancia. En perspectiva cabría tener en cuenta que los cambios en las telecomunicaciones le están imprimiento un nuevo perfil a la producción y a la llamada economía real -no sólo a la monetaria.
La
llamada cibereconomía se caracteriza por propiciar la producción sin peso,
inmaterial o intangible a partir de la codificación y transmisión a distancia
de la información y el conocimiento, en una dinámica que hasta el momento va
borrando crecientemente las fronteras entre campos de la industria y los
servicios, así como entre los propios estados-nación Pero independientemente
de sus potencialidades en la producción y el trabajo, el terreno específico de
la informática es uno donde de manera especial se puede observar cómo la
innovación y difusión tecnológica dejan muy atrás la capacidad reguladora de
los poderes públicos (el otro campo sería el de la biotecnología donde los rápidos
avances en las fecundaciones in vitro y la clonación rompen con legislaciones y
códigos estatales de todo tipo). Aquí también podemos apreciar sensiblemente
los efectos de la globalización sobre el estado, entendido ahora como esfera de
condensación de las relaciones políticas de una formación económica y social
específica. Los poderes públicos pierden el control de regular la generación
y el acceso de/a cualquier tipo de información. Los efectos de la existencia de
una libertad total para leer y ver (como sucede con Internet o la TV por cable o
antena) sobre la conciencia de los individuos, sobre las prácticas ciudadanas y
conductas generacionales, así como sobre la formación de "imaginarios
colectivos" están aún por estudiarse (Sánchez, 1996 : 99). Pero sin duda
la globalización de la información tiene ya efectos por demás visibles sobre
la vida política de los estados-sistemas de dominación. De entrada la
"internacionaliza" y con ello modifica las relaciones de fuerza política
prevalecientes en una sociedad determinada. Ahí se encuentra el ejemplo en 1994
del levantamiento indígena en Chiapas y su impacto en la opinión pública
internacional como muestra de las potencialidades políticas de esta nueva
realidad : "..el secreto de los medios electrónicos reside en su programático
poder movilizador y, por ende, en su inmenso potencial político. La comunicación
electrónica posibilita algo que hasta ahora era imposible : la toma de contacto
activa, simultánea y recíproca entre actores individuales traspasando
cualquier frontera de país, religión y continente" (Beck, 1998 : 149).
El
ámbito tecno-financiero nos servirá también para ilustrar los nuevos términos
en la relación economía mundial / estado-nación. Es sabido que el desarrollo
reciente del mercado mundial de capitales ha sido impresionante, a un ritmo
superior al ocurrido el campo del comercio de mercancías y servicios. No se
diga en comparación con la economía "real", es decir con la
produccción de dichos bienes y servicios. Tenemos por ejemplo el siguiente
cuadro que establece la relación entre las transacciones de bonos y títulos y
la producción de 6 economías centrales, entre 1980 y mediados de la presente década.
Cuadro
No. 1
| EE UU |
Japón |
Alemania |
Francia |
Italia |
Canadá |
|
| 1980 |
9.0 | 7.7 | 7.5 | n/d | 1.1 | 9.6 |
| 1990 |
89.0 |
120.0 | 57.3 | 53.6 | 26.6 | 64.4 |
| 1995 |
135.5 | 65.7 | 168.3 | 178.2 | 250.9 | 192.0 |
Fuente:
Bank for International Settlements, 66th Annual Report, 1996, p. 98. citado en
Pero
no sólo se trata del explosivo incremento en el monto de transacciones
financieras internacionales, sino de la velocidad de circulación de tales
flujos, con una dinámica de alta liquidez y convertibilidad propiciada en razón
del acelerado cambio informático. Este es un aspecto central de la globalización
ya que significa el establecimiento de una red de circuitos informático-financieros
que engloban a la totalidad del mundo y a través de los cuales fluyen, sin
reparar en fronteras nacionales y a velocidad cibernética, divisas, títulos
negociables, carteras de valores o portafolios de inversión. En particular la
bursatilización de la deuda pública y el crecimiento explosivo de la inversión
de cartera, han generado en el mundo de hoy la existencia de un tipo de capital
cuya característica distintiva es contar con una mucha mayor autonomía frente
a la lógica productiva y las políticas monetarias nacionales, que la alcanzada
por formas financieras precedentes (Dabat y Toledo, 1998, : 12-36). Vis a vis,
los estados cuentan con menores márgenes para diseñar y poner en práctica,
autónoma y soberanamente, sus políticas monetarias, fiscales, etc... El
‘boom’ de productos y recursos derivados de la ingeniería financiera en un
contexto de revolución informática y la inexistencia de normas e instancias
regulatorias internacionales, provocan una clara acotación de los márgenes de
acción de las políticas, instituciones y voluntades nacional-estatales, al
disminuir notablemente el poder de los bancos centrales y de los gobiernos sobre
el valor de sus monedas, sobre la expansión crediticia o sobre la demanda
interna, acentuándose así, con la merma de efectividad de las políticas
fiscales y monetarias, las fluctuaciones y volatilidad de los tipos de cambio.
(2)
Absorción
y fragmentación del estado nación
La
globalización no significa homogenización de la economía mundial ni tampoco
la existencia de una dinámica integradora única y uniforme. Dentro de las
tendencias unificadoras de la economía mundial sobresalen la desigual dinámica
de facto y de jure de los procesos de integración, así como el desarrollo
diferenciado de las principales georegiones, todo ello dentro de un marco de
inestabilidad e incertidumbre financieras, donde la oposición entre dinero
nacional y dinero mundial es un ejemplo ilustrativo de la contradicción entre
el nivel de internacionalización económica alcanzado en el mundo de hoy y la
existencia de una economía-mundo estructurada en formaciones
estatalesnacionales. (Dabat y Toledo, 1994 : 12-15).
De
entrada en este proceso desigual y multidimensional es posible percibir
claramente un doble movimiento de integración/absorción externa y diferenciación/disgregación
interna de los espacios nacionales. Las doscientas y tantas formaciones económico-sociales
de carácter nacional que existen en el mundo se encuentran hoy más que nunca
acotadas y compelidas por la presencia y presión del mercado mundial (3). Este
marca el paso de las innovaciones tecnológicas, productivas, comerciales y
financieras a seguir, so pena de que las economías singulares se rezaguen en
sus posibilidades de desarrollo. El "principio del mercado global"
llama Ankie Hoogvelt (1997 : 123) a las fuerzas que imponen un standard
dominante de precio, calidad y eficiencia a la producción doméstica. Ese
principio de disciplina involucra también y de manera por demás activa a los
estados. De hecho sus políticas públicas actúan como vehículo de transmisión
de dicha disciplina a las economías nacionales. En tendencia semejante opera la
mayor integración mundial y macroregional, que reduce significativamente los márgenes
de autonomía de las políticas monetarias, financieras y fiscales de los
distintos gobiernos nacionales y en general el conjunto de sus formulaciones
macroeconómicas y sociales.
Lo
anterior representa una importante mengua del poder relativo de los estados e
implica un acotamiento sustantivo de las soberanías nacionales del conjunto de
las políticas públicas, todo ello frente a la emergencia de nuevas fuerzas e
instituciones sociales dentro del escenario mundial. Pero esa declinación no
significa la extinción inmediata de las naciones, ni tal acotamiento la
desaparición de los estados. Aún cuando el ciclo histórico de expansionismo
estatista y de proteccionismo comercial que dominó buena parte del siglo XX se
encuentre superado, las estructuras nacionales y las políticas públicas en un
mundo cada vez más internacionalizado no pierden del todo vigencia. En cierto
modo adquieren una nueva y especial relevancia en la competencia por el comercio
y la carrera por el desarrollo.
Esta
sería la opinión de un conjunto de autores, entre ellos Michael E. Porter,
quien sostiene que la competitividad internacional (paradigma clave en un mundo
de economías abiertas) pasa justamente por los determinantes nacionales de la
productividad. La "ventaja competitiva" de un país no existe en términos
generales sino como un fenómeno altamente localizado en sectores y subsectores
específicos de una economía nacional, y "las diferencias a escala
nacional en estructuras económicas, valores, culturas, instituciones e
historias contribuyen profundamente al éxito competitivo......Al haber menos
impedimentos al comercio con los que proteger las empresas y sectores interiores
de nula competitividad, la nación sede cobra un creciente significado porque es
la fuente de las técnicas y tecnologías que sustentan la ventaja
competitiva" (Porter, 1991 : 45).
Porter
insiste en que los factores que determinan la ventaja nacional son producto de
un encadenamiento productivo-comercial-tecnológico-laboral-institucional (un
"diamante") que favorece la competitividad. "Muchos de los
determinantes de la ventaja competitiva son más similares dentro de una nación
que entre una y otras naciones....., es la combinación de las condiciones
nacionales o intensamente locales lo que fomenta la ventaja competitiva.....
Luego, por paradójico que parezca, la competencia mundial más abierta hace que
la base central sea más importante y nunca menos...La base central es la nación
en que se crean y mantienen las ventajas competitivas esenciales de la empresa.
Es donde se establece la estrategia de una empresa y donde su producto y su
tecnología de proceso claves se crean y mantienen" (Ibid : 219).
Pero
lo que pasa por alto la argumentacion esencialmente correcta de Porter es que
esa base central no tiene porque ser ya un espacio nacional. De hecho, hoy día
los espacios nacionales se ven sometidos no sólo a un movimiento de absorción-integración
al espacio mundial y macroregional respectivo, sino que también se ven
tensionados por movimientos de desintegración-fraccionamiento desde el ámbito
de lo local. Se trata de una confluencia en lo económico de lo local y lo
mundial sin necesaria mediación estatalnacional : al fortalecerse los espacios
mundial y macroregionales, ocurrirá que regiones y localidades anteriormente
vinculadas a un "esquema nacional de acumulación", pueden pasar a
"engancharse" directamente, sin necesidad de mediación nacional
alguna, a equis o zeta circuito financiero o "nicho" del mercado
mundial.
Habría
que resaltar entonces que además de verse sometidas a dinámicas de integración
y homogeneización regional y mundial, las formaciones nacionales tendrán que
encarar procesos de fraccionamiento y diferenciación espacial interno (Husson,
1996 : 9). Este doble movimiento definirá con mucho el papel de los
estados-nación en las próximas décadas: contribuir eficientemente en la
generación de núcleos localizados (nacionalesregionales-
locales-supranacionales) de alta competitividad mundial y llevar a cabo una
adecuada descentralización institucional para "gestionar el
fraccionamiento" del espacio interno.
En
este punto vinculado a la noción de la "atractividad territorial"
(donde cada región o localidad es libre de jugar su propio juego para mejor
posicionarse en el mundo y competir ventajosamente) habría que reconocer, de
una parte, que éste fenómeno constituye el sustrato para el florecimiento o
fortalecimiento de tendencias separatistas-autonomistas al interior de los
estados-nación y, de otra, favorecerá la expansión de las
"mega-ciudadesregiones" o "polos supranacionales de
desarrollo" insertados directamente al mercado mundial, a alguno/s de sus
nichos, y que operarán relativamente desconexos de los anteriores centros
nacionales de acumulación. Así, desde el punto de vista económico, la
mundialización no suprime lo local, sino que más bien lo vendrá a destacar
por sobre lo nacional. Este proceso es de suma trascendencia desde la
perspectiva del movimiento de las estructuras económicas, como desde las
construcciones simbólicas de los sujetos pues a la par del fenómeno de la
desterritorialización en la creación de productos y servicios (lo que aunado a
las tendencias a la homogenización del consumo fortalece en lo cultural la noción
de globalización) tiene lugar un reforzamiento de las identidades locales, fenómeno
estudiado por la antropología a partir del concepto de reterritorialización.
Transnacionalidad
y a-estatalidad
A
diferencia de las visiones que asumen la globalización como homogeneización
forzosa, ella es simultáneamente regionalización macro y regionalización
micro, es procesos coexistentes de internacionalización y relocalización de la
producción, de emergencia de la Aldea Global y de revaloración de la pequeña
comunidad, de coexistencia en un nuevo plano de los fenómenos mundiales con los
locales. Esta dialéctica de la globalización ha dado lugar al neologismo de
"glocal" : "lo local y lo global no se excluyen mutuamente...La
globalización significa también acercamiento mutuo y encuentro de las culturas
locales, las cuales se deben definir de nuevo en el marco de este clash of
localities" (Beck, 1998 : 96) . Desde el ángulo de la experiencia de vida
del sujeto se puede decir que "lo glocal es la percepción de lo global in
situ". Es así como en los planos social y cultural de la globalización
tiene lugar un encuentro creativo (y no una negación destructiva) entre
universalismo (globalidad) y particularismo (localidad). En esta misma línea de
razonamiento la conformación de una cultura mundial no significa el
avasallamiento ni la uniformidad omnipresente de símbolos, valores y creencias,
por una cultura única sino un abigarrado tejido de hibridaciones culturales :
"Las culturas glocales que se están abriendo paso ya no están vinculadas
a ningún lugar ni a ningún tiempo. Carecen de contexto, y son ‘una verdadera
mezcolanza de componentes dispares, recogidos de todas partes y de ninguna,
salidos del carromato moderno (posmoderno) del sistema de comunicación
global" (Ibid : 86-87).
Dentro
de esta dialéctica de la globalización la declinación del estado nacional
trae consigo la aparición de nuevos espacios de actuación social. Se trata de
un logro y al mismo tiempo de un quiebre de la modernización, tal y como lo
expone U. Beck : "..se puede afirmar que se ha venido abajo una premisa
esencial de la primera modernidad, a saber, la idea de vivir y actuar en los
espacios cerrados y recíprocamente delimitados de los Estados nacionales y de
sus respectivas sociedades nacionales" (Ibid : 41-42). Este autor sostiene
que la sociedad y el estado eran pensados, organizados y vividos
coincidentemente, pero ahora el estado/nación ya no es el contenedor de la
sociedad. La globalización lo traspasa, lo desborda. Los límites y contornos
estatales pierden vigencia como referencia metodológica. "Todos los tipos
de prácticas sociales -producción, cultura, lenguaje, mercado laboral,
capital, educación- están regulados, acuñados, limitados, racionalizados y al
menos etiquetados desde el punto de vista nacional (economía, lengua,
literatura, opinión pública, historia...nacionales). El estado aduce, en su
calidad de "contenedor", una unidad territorial en la que se realizan
sistemáticamente estadísticas sobre procesos y situaciones económicas y
sociales.... De aquí se desprende, en el plano de la investigación social,
económica, política, demográfica, etc..., el fin del "nacionalismo
metodológico" al dejar de haber correspondencia de la realidad con
"las categorías de la autoobservación estatal" convertidas "en
categorías de las ciencias sociales empíricas".
De
acuerdo a este enfoque la teoría social deberá pasar a una comprensión
distinta de la sociedad, ya no contenida en/por el estado, dado que los
contornos de ambos han dejando de coindicir (Ibid : 43, 49, 145).
La
segunda modernización sería vista en tal sentido como la emergencia de una
sociedad mundial en la que el surgimiento de nuevos espacios sociales y de poder
modifican los canones seculares de pensar la política. Tomemos para el caso un
ejemplo : la definición jurídica tradicional del estado descansa en la idea de
soberanía. La soberanía es cierta cualidad del poder: la de ser superior, que
no dependa de ningún otro. En la escala de poderes el poder del soberano esta
colocado en lo más alto. La noción de soberanía introduce así una diferencia
de naturaleza entre el poder en el estado y el poder en los otros grupos
humanos. Sólo el primero tiene la cualidad de "soberano" y esta
cualidad es fundamental. Es natural desde ésta perspectiva que la noción de
soberanía constituya el objeto de estudio de algunas corrientes de la ciencia
política. Se establece así un vínculo entre la concepción jurídica del
Estado soberano y la definición de la ciencia política como "Ciencia del
Estado". (Duverger, 1994 : 8-48). Pero con la globalización este esquema
de representación de la política, de la ciencia política y del estado queda
hecho trizas : "Si la globalización es una realidad, se le presenta a la
disciplina de la ciencia política como un problema de consideración ("it
presents the discipline of political science with a considerable problem").
El foco central del análisis de la ciencia política, incluso más que la
sociología, es el estado-nación, y si la globalización genuinamente tiene
lugar, el estado nación será la víctima principal" (Waters, 1995 : 27).
Lo
que se da en llamar "el fin de la primera modernidad" es pues una
ruptura de los sistemas institucionales y los espacios tradicionales de la política.
Surgen nuevos territorios para la interacción de los sujetos y los viejos
escenarios de actuación y representación se renuevan o se traspasan. La política
ya no ocurre solamente en los espacios reconocidos por los estados y entre
ellos, sino que ahora se procesa también en una amplia red de ámbitos
transnacionales en los que participan e inciden nuevos actores y emergen nuevas
prácticas. Se trata de la sociedad mundial, caracterizada por la pluralidad sin
unidad. No se trata de una suma de sociedades nacionales ni una megasociedad
homogénea sino una red de relaciones regionales-globales, signadas por la
multiplicidad y ausencia de integrabilidad : "La unidad de Estado, sociedad
e individuo que presupone la primera modernidad se diluye aquí. Sociedad
mundial no significa una sociedad de economía mundial, sino una sociedad no
estatal, es decir, un conglomerado social para el cual las garantías de orden
territorial-estatal, pero también las reglas de la política públicamente
legitimada, pierden su carácter obligatorio" (Beck, 1998 : 146).
La
sociedad mundial se configura mediante espacios sociales y sociedades civiles
transnacionales. "..la visión nacional-estatal ....de mundos sociales
separados dentro del Estado nacional, se sustituye por terceras formas de vida,
es decir, transnacionalmente intregradas por espacios de acción de lo social
...". (ibid : 57). Estos "paisajes sociales transnacionales" son
espacios de vida y acción en los que en una sociedad mundial carente de estado,
surgen nuevas oportunidades de acción y de poder para actores transnacionales.
Se habla así de la aparición de nuevos actores en un escenario transnacional
de a-estatalidad, lo cual configura nuevas características y potencialidades inéditas
para la acción social (ibid. : 147).
Conclusiones
La
globalización constituye una etapa avanzada en los procesos de conformación
del mercado mundial e internacionalización económica que distinguen al
capitalismo.
En
la evolución de ambos procesos el papel del estado nación ha sido históricamente
decisivo. El estado absolutista se constituyó en pieza clave en la acumulación
originaria y en el arranque del mercado mundial durante los siglos XVI y XVII.
En Europa el desarrollo mercantil, la extensión de la propiedad privada, la
disolución de los lazos de dependencia y servidumbre, el desplazamiento del
Ancien Régime y el fortalecimiento de sectores medios, contribuyen a la formación
de estructuras de organización política de corte liberal que alcanzan su forma
más evolucionada en Inglaterra, metrópoli dominante del mercado mundial
durante los siglos XVIII y XIX. Pero la conformación segmentada del mercado
mundial en torno a las respectivas metrópolis condujo, en medio de un agudo
proceso de monopolización de estructuras económicas, a un período de
quiebres, fracturas y desgajamientos del mercado mundial que abarca de fines del
XIX hasta mediados del siglo XX. Paralelamente, la forma liberal del estado se
ve superada por los niveles de enfrentamiento que alcanza el conflicto social,
centrado en el conflicto capital trabajo. En este contexto de crisis del mercado
mundial y de formas estatales, emerge el estado social. Este reconstituye al
interior de los ámbitos nacionales el tejido social-institucional y consolida
espacios nacionales de valorización y acumulación que mantienen en principio
una amplia autonomía frente a la esfera de la concurrencia capitalista mundial.
Pero en lo exterior el estado social será testigo y participante activo de un
renovado proceso de internacionalización comercial y financiera que, retomando
tendencias rotas durantes el período de entreguerras, acabará por levantar un
marco de interdependencia comercial, productiva y financiera que, en el marco de
la crisis de larga duración que inicia en los setentas, acota dramáticamente
los márgenes de las políticas económicas keynesianas, así como de los pactos
y alianzas generadas en torno a las políticas promotoras del bienestar social.
En
el marco de los procesos de globalización que se desatan justamente al calor de
esta crisis del sistema, la revolución tecnológica ocupa un lugar central en
el cambio social mundial. En el campo de lo económico, en los circuitos
financieros, en las telecomunicaciones, la revolución electrónico-informática
anuda y desanuda vínculos entre globalización y estado : flujos de producción,
informáticos, monetarios, de ideas, etc.. traspasan fronteras nacionales,
erosionan mercados internos y regulaciones domésticas, alteran instituciones,
acciones y relaciones de poder, inauguran nuevos escenarios de interacción
social transnacional y promueven tanto la aparición como la extinción de
sujetos y actores. En este contexto se asiste a una declinación histórica del
estado-nación. El se ve sujeto (en sus diversas realidades históricas
concretas) a un doble proceso de absorción-integración en macro-estructuras
supranacionales y de disgregación-fragmentación en instancias
local-regionales. Es una dinámica que erosiona ‘desde afuera’ y ‘desde
adentro’ los límites-bordes que guardan a la sociedad dentro de las normas e
instituciones del estado-nación. Es una dinámica que, en conjunto, apunta al
surgimiento de una sociedad mundial hasta el momento carente de un órgano
estatal correspondiente.
Notas
(1)
El punto de partida de este "proceso de integración económica" es la
Deutscher Bund (Confederación Alemana) de 1815 que agrupaba a 39 estados, incluída
Austria. Vino luego, en 1835, la Zollverein, (Unión Aduanera) que reunió a 25
estados y 26 millones de personas bajo la égida del poderío económico del
reino prusiano; en 1853 la Zollverein se renueva sin la participación de
Austria. En 1857 una conferencia monetaria
(2)
Según Charles Omani ( 1994 : 96) el interés en los acuerdos regionales,
particularmente en Europa, es en parte respuesta al debilitamiento de la soberanía
nacional, como también resultado del intento de las firmas internacionalmente
competitivas de neutralizar el impacto de las fluctuaciones cambiarias,
estableciendo instalaciones productivas en los principales mercados regionales
del mundo.
(3)
Paradójicamente, en una época en que declina el poder de los estados
nacionales, ha tenido lugar, en principio como efecto de la desintegración del
imperio soviético y de la disgregación yugoeslava, el mayor número de
surgimiento de entidades nacionales desde que tuviera lugar la ola
descolonizadora de los años sesentas (Zolverg, 1997 : 16).
Bibliografía
Anderson,
Perry 1987 El Estado Absolutista, Siglo XXI.
Balder,
John M. 1997 "Financial Market Volatility and Monetary Policy", en
Challenge, Vol 40, no. 6, November/December 1997, pp. 32-52
Beck,
Ulrich, 1998 Qué es la globalización, Paidós, España.
Bobbio,
Norberto 1984 "El modelo Iusnaturalista" en Origen y fundamentos del
Poder Político, Bobbio N. y Bovero M. (Eds.) Enlace/Grijalbo, México.
Cairncross,
Francess 1997 The Death of Distance, Harvard Bussines School Press.
Cohen,
J. Ira, 1996 Teoría de la Estructuración. Anthony Giddens y la Constitucion de
la Vida Social. México, UAMI.
Dabat,
Alejandro 1991 Capitalismo mundial y capitalismos nacionales, FCE.
Dabat,
Alejandro 1995 El Mundo y las naciones, CRIM, UNAM.
Dabat,
Alejandro y Toledo, Alejandro 1994 "Nuevo Orden Mundial y Viejo Sistema
Monetario", en Economía Informa, No. 228, Abril UNAM
Dabat,
Alejandro y Toledo, Alejandro 1998 Internacionalización y crisis de la economía
mexicana, CRIM/UNAM.
De
la Garza, Enrique 1994 "Neoliberalismo y Estado", en Asa Cristina
Laurel (Ed.), Estado y Políticas Sociales en el Neoliberalismo, UAM/X.
Duverger,
Maurice 1994 "La Noción de ciencia politica" en Que es la politica?,
México, Publicaciones Cruz O.
Hoogvelt,
Ankie 1997 Globalisation and the poscolonial world : the new policitical economy
of development, The Johns Hopkins University Press.
Husson, Michel 1996 "Mundialización", Topodrilo No. 39, mayo-junio, DCSH, UAMI, p. 9.
OCDE,
Omani,
Charles 1994 Globalisation and regionalisation : The challenge for developing
countries. OCDE, París.
OMC
1995 El comercio internacional 1995, tendencias y estadísticas.
Palmade,
Guy 1990 Historia Universal Siglo XXI, vol 27, La época de la burguesía
Porter,
Michael 1991 La ventaja competitiva de las naciones, Vergara, Buenos Aires,
1991.
Ramos-Oliveira,
Antonio, 1964 Historia social y política de Alemania, FCE, Vol.. I
Sánchez,
Antulio 1996 Territorios Virtuales, Ed. Taurus, México.
Waters,
Malcolm 1995 Globalization, Routledge. USA
Zolverg,
Aristide 1997 "Cambios de los juegos de soberanía e inmigración
internacional", en Topodrilo No. 47, DCSH, UAMI, noviembre.
A. Toledo Patiño es Profesor Investigador del Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Ixtapalapa, México. Publicado en el N° 46 de la Revista Ixtapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAM). Se reproduce con fines informativos y educativos.