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Foro Social Mundial: De la palabra, a la acción
Roberto Savio
Han sido suficientes siete Foros Sociales Mundiales (FSM) para que, a diferencia
del Foro Económico Mundial (FEM), que este año celebró su 37º encuentro, la
dinámica propia de la sociedad civil cumpliera un ciclo y empezara un cambio
profundo.
Con el Foro celebrado
en Nairobi entre el 20 y el 25 de enero, termina el ciclo original del FSM: el
del espacio abierto, que era el concepto concebido en 1999 por sus precursores,
los brasileños Odeed Granjev y Chico Whittaker, como reacción al FEM de Davos.
Se trataba de un espacio abierto para debates y encuentros que estimulaban la
participación y el intercambio de los asistentes a fin de que pudieran anudar
alianzas y regresar a sus tareas cotidianas con más energía y preparación.
La Carta de Principios
del FSM, enfocada en crear alternativas a la globalización neoliberal, invitaba
a todas las organizaciones e individuos que se reconocían en el anhelo de otro
mundo posible y colocaba pocas exclusiones: a quienes aceptan la violencia o la
guerra o son corresponsables de injusticias. Su singularidad original (ya que
nacía poco después del gran impacto de las movilizaciones de Seattle y de Génova)
era que invitaba sólo al debate, prohibiendo que se realizaran manifestaciones
y declaraciones en nombre del FSM.
Con tales características
el FSM se reunió cuatro veces en Porto Alegre, pasando de 50.000 participantes
en el 2001 a 120.000 en el 2005. Ya en el 2004 hubo la primera novedad: el FSM
dejaba su lugar de nacimiento (a diferencia del FEM), para reunirse en Mumbai,
en India, con un extraordinario éxito de participación y debate. En este Foro
se acentuó la reducción del espacio organizado centralmente del debate, dando
lugar a los espacios autogestionados.
En 2006 el FSM intentó
el camino del Foro Policéntrico, realizándose simultáneamente tres foros más
pequeños en África (Bamako), en América latina (Caracas), y en Asia
(Karachi). Por fin, en 2007 el gran desafío: realizar un FSM enteramente en África.
Para quien conoce este continente, los problemas organizativos eran aterradores.
Además, la sociedad civil africana es la mas joven de todas, creada en muchos
casos por la sociedad civil internacional, especialmente europea, que buscaba
interlocutores mas afines que los gobiernos africanos. Es también la más
reprimida y la menos escuchada por la clase política del continente. No puede
contar con ningún apoyo del sistema político y económico de la región, que vé
en ella una peligrosa alternativa a un control caracterizado por el
autoritarismo, la corrupción y una burocracia ineficiente y arrogante.
A pesar de todo esto,
el FSM de Nairobi, en términos históricos, ha sido un gran éxito. Han
participado cerca de 50.000 personas, en unos 1.800 paneles, seminarios y
conferencias que, por primera vez, han sido todos totalmente autogestionados por
los participantes, sin ningún espacio central. La falta de estructuras se
solucionó utilizando el gran estadio de Nairobi, el Kenyatta Center, dividiéndolo
en varios sectores con una constelación de carpas y stands de exposición.
Varias infraestructuras han fallado, como las traducciones simultáneas y los
sistemas de voz, pero esto no ha impedido a los participantes discutir durante
cuatro días con pasión decenas y decenas de temas, con gran nivel de debate.
El punto mas álgido
ha sido la casi total ausencia de apoyo a los periodistas asistentes, con el
resultado de agravar la constante disminución de presencia y de imagen del FSM
en la prensa internacional, tendencia que parece imparable. Nairobi pasa así a
ser una etapa histórica en el proceso del FSM, demostrando que su fórmula es
posible en todo el mundo (lo que no se puede dar por cierto con el FEM, que
cuando se reunió en el 2002 en Nueva York en lugar de Davos, sufrió serios
problemas organizativos).
Cada uno de los foros
realizados fuera de Porto Alegre ha llevado a un milagroso proceso de integración
de la sociedad civil de la región, logrando unificar una muy fragmentada
sociedad civil en India y en Nairobi, donde centenares de organizaciones
africanas nunca se habían encontrado antes. Por ello, Nairobi es el primer acto
unitario de la sociedad civil africana, que sin el FSM probablemente no se
hubiera dado en un tiempo cercano.
África tiene un grave
problema de dirigencia política. La primera generación, la de los Keniatta,
Nyerere, Senghor, fue una generación de visión y de lucha por la
independencia. La segunda generación fue, con escasas excepciones, de poder y
de corrupción, como la tercera ahora en el poder. Hoy en toda África los jóvenes
reclaman un cambio y esto hace que la sociedad civil tenga un amplio impacto
potencial en el ámbito de la política africana, en parte gracias al FSM de
Nairobi.
Pero Nairobi ha sido
el último Foro según la concepción original. El ingreso en el Consejo
Internacional de fuerzas más radicales en los últimos años ha determinado un
cambio de orientación muy importante. Así, el próximo año el Foro no se
realizará como encuentro y debate, sino como movilización. Se van a convocar
en todo el mundo, durante los días de Davos, acontecimientos locales que se
realizarán según los criterios de las organizaciones participantes, incluyendo
marchas y manifestaciones. Y el mismo Consejo Internacional ha preferido
reunirse en Alemania, en el contexto de las manifestaciones contra el G8 que
tendrán lugar en junio en Berlín, antes que aceptar la invitación de una
importante feria ecológica de Florencia. Se abre un nuevo camino, que está más
cercano del camino de los movimientos sociales, que pasan así a ser la fuerza
de tracción de la Sociedad Civil Global.
Fundador y presidente emérito de IPS, y miembro del Comité
Internacional del Foro Social Mundial. Distribuido el 9 de febrero de 2007.
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