![]() |
| CIUDADANIA Y POLITICA |
Adam Przworski
Mi contribución se centrará en dos cuestiones.
Primera: cómo evaluamos los efectos de la globalización o mundialización. Planteo esta cuestión porque creo que la mayoría de nosotros tenemos actitudes y opiniones ambivalentes, es decir, pensamos que la globalización tiene "grandes posibilidades pero malos efectos", o que es "buena en general y mala en particular". Creo que esta ambivalencia deriva de lo siguiente: los países menos desarrollados temen que la entrada de productos básicos, baratos, provenientes de países desarrollados que producen con tecnologías avanzadas, van a destruir el empleo en su país. Por otra parte, en los países más desarrollados se temen ser invadidos con productos elaborados en países con mano de obra barata, y a menudo explotada.
Pero estas dos cosas no son compatibles. No todos pueden perder.
La influencia de la tecnología puede ser tema de investigación, pero no se debe a la mundialización. Asimismo, el empleo a nivel mundial ha ido aumentando, desde los años 60, a un ritmo cada vez más acelerado, más rápido que la población. Si se fijan bien, la población empleada en el mundo en la actualidad representa un 5% más que en 1960.
Todo esto crea disparidades enormes y crecientes. Creo que en este punto vemos cómo entra en juego la mundialización que, a mi juicio, funciona de la manera siguiente. Se abre una fábrica en Corea, que produce lo que antes se producía en Aguas Secas, Brasil. En consecuencia, el señor Pinto, de Aguas Secas, pierde su trabajo, no puede mantener a su familia, comienza a beber pinga -bebida alcohólica local-, su esposa lo echa de la casa, ésta comienza a preparar pasteles que su hija vende en la calle. Cabe destacar que el señor Kim, que tiene 18 años, ahora tiene trabajo y se puede casar. Kim está produciendo más que Pinto. El empleo ha aumentado, ya que, si bien el Kim reemplazó a Pinto, ahora la esposa de Pinto se incorporó al mercado de trabajo. Kim se pudo casar, pero la familia Pinto se desintegró y la hija abandonó la escuela.
El costo social es muy grande. ¿Es ésto algo malo o algo bueno? Evidentemente todo depende del país de que se trate. No se trata de una relación en la que alguien gana y alguien pierde. El señor Pinto perdió, pero si usamos otro criterio, derivado de la economía del bienestar social o de la teoría moral de la justicia, podríamos decir que se trata de una mejora porque aumentó la producción y se puede así compensar el costo social. Así que, realmente, no sabemos cómo juzgar esta situación.
Lo que yo quería señalar no es tanto la bondad o maldad de la situación, sino que no se la puede juzgar desde el punto de vista del mero hecho de queuna fábrica se abra en Corea y otra se cierre en Brasil. Me parece que, como socialdemócratas, no podemos usar un criterio que excluya a la población. Tenemos que preguntarnos qué consecuencias tiene la mundialización para todas las personas del mundo, y no solamente para tal o cual país. El hecho de que estos efectos crucen fronteras, me parece que no tiene consecuencias morales.
La globalización, desde este punto de vista, es un fenómeno que hemos visto antes a escala nacional con la reconversión industrial -y Felipe González sabe mucho al este respecto-. Lo nuevo es que ahora cruza fronteras, lo cual no creo que en sí tenga mayores consecuencias. Sin embargo, desde el punto de vista político, resulta claro que este efecto va a ser evaluado de manera muy diferente según la fábrica se cierre en Corea o en Brasil (el señor Kim ahora va a votar por el gobierno de turno en Corea, y el señor Pinto votará en contra del gobierno de turno en Brasil). Los partidos políticos quieren ganar votos. Pero no se trata solamente de electoralismo, sino que se supone que el gobierno de Corea desea un máximo de bienestar social para los coreanos. Es responsabilidad del gobierno, esa es su misión. Por tanto, el gobierno que pierde fuentes de empleo, no estará muy contento.
Podría escribir un discurso corriente para un político de cualquier país y de cualquier ideología política, en el que diría lo siguiente: vivimos en una nueva era, la era de la mundialización. La corriente de productos, información y capital cruza fronteras nacionales. Esto es bueno porque aumenta la eficiencia y porque, de todas maneras, para ser competitivos debemos ponernos a la altura de los tiempos. Pero la globalización trae el riesgo de dejar detrás a algunos, de crear inestabilidad financiera, por lo que nos enfrentamos con quid pro quos en temas de gasto social, de distribución de los ingresos, de estabilidad financiera, entre otros. Así que debemos tranquilizar a los mercados diciendo que únicamente vamos a gastar lo que nos permitan nuestros medios. Debemos de ser prudentes y responsables, no podemos prometerles todo (fin del discurso).
Como académico sin ninguna responsabilidad, por el bien social de nadie ni por los votos de nadie, como alguien inclinado a dudar de todo, no sólo de lo que dicen los políticos sino de lo que dicen sus colegas, les voy a decir que no estoy convencido de que tengamos suficientes argumentos y pruebas en relación con cualquiera de estos quid pro quo. El principal es entre eficiencia y calidad. Sabemos que si los pobres no tienen crédito para invertir en recursos productivos, la distribución de activos sufre. Desde los años 30 sabemos que son productivos toda clase de activos clasificados como consumo: la educación, la salud preventiva y los subsidios para la alimentación. Suponen un aumento y no una disminución de la eficiencia. Este es el segundo quid pro quo, entre igualdad y desarrollo. Ahora tenemos amplias pruebas económicas de que no hay este quid pro quo. Ha habido estudios en los que se demuestra que los países que tienen una mejor distribución, crecen más rápido (pero eso no es siempre así), y los países donde hay más igualdad, no siempre crecen más rápidamente.
Tomemos un quid pro quo muy limitado, entre inversiones y tributación. Si hacemos un trabajo econométrico va a ser muy difícil encontrar un quid pro quo de este tipo. La tasa de ahorro y la tasa de inversión son bastante independientes de la tasa de tributación. Podemos analizar los estudios econométricos, pero son modelos muy especiales.
Y, por último, quisiera plantear un quid pro quo, que ahora es evocado con más frecuencia por los políticos, incluido Felipe González. Se trata de la responsabilidad fiscal, por una parte, y las inversiones y la estabilidad financiera, por otra. Ahora bien, me parece que si queremos resumir los escasos conocimientos actuales, deberíamos decir algo así: primero, no resulta claro si el efecto especulativo es impulsado por principios económicos fundamentales, ya que muchos dependen de expectativas o, por así decirlo, de concursos de belleza; en la medida en que todo aspecto fundamental no resulta claro, las pruebas econométricas son poco claras. Segundo, no está claro si estos elementos fundamentales son los déficits o si son algo más, particularmente la liquidez de los bancos. En tercer lugar, no resulta claro si el aumentar las tasas de interés es la mejor respuesta a las presiones contra la moneda. Y en cuarto y último lugar, creo que no hay pruebas de que las inversiones productivas no especulativas sean de hecho impulsadas por déficits o por factores macroeconómicos.
Al leer los artículos publicados al respecto, me inclino a pensar que la mundialización dista mucho de ser tan limitativa como nos dicen con frecuencia, y que ello se debe a que en los efectos de la mundialización median las políticas nacionales y las instituciones nacionales. Digo esto porque temo que los socialdemócratas estén atrapados en este concepto neoliberal del mundo, plagado de limitaciones, restricciones, quid pro quo, dilemas, ninguno de los cuales en realidad son dilemas. Creo que estas limitaciones no son tan severas. Debemos ver todo esto con escepticismo, y los gobiernos socialistas deben perseguir las metas socialistas: el desarrollo, la igualdad, la oportunidad y seguridad material. Se trata de una era no solamente de la globalización sino también de respuestas neoliberales a la mundialización, y creo que hay que hacer una distinción entre ambas.
Gracias.
Fuente: El gusano de luz, Venezuela, marzo 2002..