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EL AUTORITARISMO DEL GOBIERNO DE BUSH
Michael Walzer
La
mayoría de los estadounidenses, tanto los que estuvieron a favor como en contra
de la guerra, se sorprendieron con el maltrato a los prisioneros. Pero me da la
sensación de que no deberían sorprenderse.
La guerra alimenta el sadismo, y
los campos de prisioneros son uno de los principales caldos de cultivo. No sólo
son moralmente peligrosos el fragor de la batalla, el miedo y la ira, sino también
el poder indisputable que trae consigo la victoria.
Sólo un esfuerzo permanente de
disciplina y respeto de las normas de la guerra y los derechos de los
prisioneros evita el abuso y la atrocidad. Pero requiere el compromiso de los líderes
políticos y militares, y nuestros líderes actuales visiblemente no están
comprometidos. Considero que casi todos los oficiales regulares del ejército
creen en las normas así como en el código ético y legal que excluye el
maltrato de prisioneros. Y entienden además que un día ellos también pueden
llegar a ser prisioneros.
Pero el Pentágono del secretario
Donald Rumsfeld dejó a los prisioneros iraquíes en manos de reservistas a los
que no se les dijo nada sobre la Convención de Ginebra, de agentes de
inteligencia empeñados únicamente en obtener información y de contratistas
privados, algunos de los cuales, al parecer, ya tenían experiencia en el
maltrato a prisioneros.
Todo esto es vergonzoso pero
encaja perfectamente con otras actitudes y políticas de la administración
Bush. Veamos dos ejemplos. Primero, Washington quiere privatizar en una
escala que excede ampliamente todo lo visto en EE.UU. hasta el momento. La
privatización de las cárceles comenzó, creo, con Reagan, pero la privatización
de las cárceles militares, de la ocupación militar y hasta de la guerra en sí
es una innovación de Bush II.
En parte, es una forma de ocultar
los costos de la guerra (también de aumentarlos) y por lo tanto socava las
estructuras de la responsabilidad fiscal. Recién empezamos a enterarnos de cuántos
trabajadores por contrato hay en Irak en este momento y cuánto están cobrando.
Pero lo que es mucho más importante es que estas personas no son
responsables ante la ley militar estadounidense, y están eximidas de
cualquier jurisdicción iraquí futura. Si cometen delitos en Irak, deben ser
juzgadas en EE.UU. y esas causas son muy difíciles. O sea que los trabajadores
son efectivamente responsables sólo ante sus contratistas, y éstos son
responsables sólo ante al Pentágono (y dentro de los límites de sus
contratos), y el Pentágono es responsable ante el Congreso y el pueblo, sólo
que al Congreso y al pueblo les cuesta muchísimo averiguar a través de los burócratas
del Departamento de Defensa cuántos contratistas hay y qué hacen. Esto es
exactamente lo opuesto a la transparencia, y en este momento, no parecen ser
democráticamente aplicables.
Segundo, Bush y sus colegas desdeñan
no sólo la aplicación internacional de los derechos humanos, sino los DDHH
propiamente dichos, si resultan conflictivos para los objetivos militares o políticos
de la administración.
En tiempo de guerra, los derechos
deben equilibrarse con la seguridad, pero no hay muchas pruebas de esto en los
últimos años. El fiscal general John Ashcroft parece empeñado en establecer
una categoría de individuos, los "combatientes enemigos
ilegales" que literalmente no tienen ningún derecho y que pueden
mantenerse incomunicados indefinidamente.
Además, a esta administración le
preocupa mucho menos la violación de derechos que las fotos de las violaciones.
Meses de protestas de la Cruz Roja no obtuvieron ninguna respuesta; el informe
franco, detallado y valiente del oficial Antonio Taguba ni siquiera había sido
leído en el Pentágono hasta que empezaron a circular las fotos.
Todo esto no debería
sorprendernos sino avergonzarnos porque es un signo de que estuvimos ocultando o
reprimiendo lo que en realidad sabemos: que nuestro gobierno se ha vuelto
autoritario.
Publicado
en Zona, Clarín, 16 de mayo 2004. M. Walzer es profesor de Ciencias Sociales en
el Institute for Advanced Study de Princeton, EE UU. Se reproduce el artículo
únicamente con fines educativos.